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El arte como reflejo social

Retrato de Clyde Morgan, de Mario Cravo. 

(Daros)

En una época en la que prevalecen el temor y la inseguridad ante el futuro, la cultura y el arte se erigen como refugios y paliativos frente a este malestar.

Esta preocupación social se dejó sentir en los ámbitos culturales y artísticos.

Como sucede siempre, o casi siempre, la historia ha confirmado que en tiempos de crisis es en el arte donde se registran, paradójicamente, expresiones de alto valor y calidad.

En la rica y fría ciudad bancaria de Zúrich se manifestó este fenómeno a través de exhibiciones con temas tan distintos como la ciencia, el arte, la literatura, el diseño, la fotografía y la sociedad.

Conciencia del presente

A lo largo de las incontables exhibiciones o presentaciones organizadas en la ciudad zuriquesa durante el año 2003 en museos, galerías y centros de cultura se dejó sentir una acentuada inclinación hacia temas de carácter social y político.

Hoy como nunca el arte y la literatura no pueden apartarse de los cambios y convulsiones producidos por la dinámica social.

Entre las múltiples manifestaciones que tuvieron lugar aquí, están aquellas en las que fuera de un objetivo meramente estético se proyectaban hacia una crítica de la política y de los conflictos internacionales.

En la mayor parte se hablaba directa o indirectamente de la inminencia de la guerra, de su amenazadora presencia, de las estrategias para protegerse y de sus terribles consecuencias en un mundo cada vez más expuesto a la agresión como forma de vida.

Se diría que una aguda conciencia de lo que pasa hoy día en el mundo es registrado por los artistas a través de un lenguaje directo, despojado de una retórica efectista.

El amor o la guerra

El mundo del arte se ha nutrido desde siempre de estos dos grandes temas humanos, y con mayor razón en la época en la que vivimos.

En Zúrich, en los primeros meses de este año, aparecieron varias muestras artísticas que abordaban de distintas maneras el sentimiento amoroso.

Entre ellas la exhibición del Museo Rietberg, con un verdadero viaje a través de la vida amorosa y sus maneras de concebir el placer en culturas tan lejanas como la Grecia antigua, África, India y Suramérica.

En el polo opuesto se tuvo la espléndida exposición del Museo Nacional Suizo con el tema de la guerra. Más de 1600 armas bélicas levantadas contra el espectador para provocar en él el temor y evitar a toda costa la guerra.

Fue una manera novedosa y crítica de presentar las armas del arsenal zuriqués que data de los siglos XVl y XVll, bajo la luz del contexto internacional actual y en el cual el mensaje era ni más ni menos la angustia provocada por las luchas, así como su pavorosa destrucción de violencia y de muerte.

En el plano social también hubo una seria reflexión referente al consumo de las sociedades industrializadas como la de Suiza.

En el Museo Bellerive se presentó la exhibición sobre el reciclamiento de desechos y basura. En ella se ponía el acento sobre un modo distinto de apropiarse de ciertos objetos considerados inútiles, dentro de una sociedad que no se cansa de crear diariamente nuevas necesidades.

La presencia latinoamericana

Un hecho revelador a lo largo de todas estas manifestaciones, tanto en lo artístico como en lo literario, en la fotografía como en el cine, fue la presencia cada vez firme del mundo del español.

El año abrió en Zúrich con una muestra fotográfica de gran valor en el Centro Cultural Daros llamada ‘La Mirada’. Ahí, se expusieron las obras de diez artistas venidos de diversos países de América Latina para ofrecer su mirada distinta y apasionada de un continente que no deja de sorprender.

Asimismo, en la literatura la difusión de la lengua española dejó una huella imborrable lo cual indica la fuerza notable que ha adquirido nuestro idioma en las últimas décadas. Escritores y poetas fueron bien recibidos en centros de cultura y universidades como Gloria Gervitz y Sergio Pitol, por nombrar a dos de los más destacados poetas de la lírica actual mexicana.

En cuanto a las artes plásticas las obras de los cubanos tuvieron un recibimiento acogedor y entusiasta. Fueron varias las exhibiciones dedicadas al arte de Cuba así como también al de varias pintoras latinoamericanas como Nora Beltrán, Frida Kahlo y las fotografías e instalaciones inquietantes de Teresa Margolles.

En fin, haciendo un balance general puede decirse que el 2003 fue un año lleno de conflictos con novedades buenas y malas, y de expectativas que indican un mundo en marcha, aunque no se sepa muy bien hacia dónde se dirige.

Araceli Rico, Zúrich

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