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ESCUELAS SUIZAS, PADRES EXTRANJEROS Choque cultural en la vuelta a clase

Un alumno que se aburre en clase

El inicio del curso es un momento adecuado para acabar con algunas cosas “no dichas” entre las escuelas suizas y los padres extranjeros.

((KEYSTONE/Gaetan Bally))

Casi 500 000 niños y niñas de primaria están de vuelta en las aulas este mes de agosto en todo el país. Uno de cada tres no tiene nacionalidad suiza, y muchos más nacen en familias mixtas. Para muchos padres este será su primer contacto con la escuela suiza.

Qué dicen los padres

“Los campamentos de esquí son excelentes. Los niños pueden adquirir diversos conocimientos además del deporte” (un padre ruso)

“No entiendo por qué a los niños no se les permite correr por los pasillos de la escuela” (un padre libanés)

“Aquí un único maestro da todas las clases. En nuestro país cada disciplina tiene su maestro especializado” (un padre chino)

“Las escuelas suizas no clasifican a los estudiantes según su rendimiento académico. Los niños pueden competir de manera sana”  (un padre indio)

“Hay pocas materias y deberes. Por lo que siento una gran presión, y mi hijo aprende continuamente en casa. Puede que no sea lo mismo en las familias suizas” (un padre japonés)

“En nuestro país los profesores son más arbitrarios, los profesores suizos, en cambio, tienen un espíritu más democrático” (un padre marroquí)

“En Suiza los niños son reyes, los adultos giran en torno a ellos. La autoridad de los maestros ha disminuido considerablemente. Tal vez por eso muchos profesores suizos están agotados” (un padre ruandés)

“Aquí los niños no tienen que ir a la escuela todas las tardes. Eso es genial”  (padre inglés)

“Los más pequeños solo tienen clase dos tardes a la semana. ¿No es demasiado poco?” (un padre chino)

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¿Rebaños de ovejas? 

“En India solo reciben elogios los alumnos brillantes. Los maestros a menudo se olvidan de los niños que hablan poco o son tímidos. Los profesores suizos en cambio hacen todo lo posible para satisfacer las necesidades individuales de cada estudiante”. Ruby*, una madre india que vive en el cantón de Vaud, se alegra de que sus hijos puedan ir a la escuela en Suiza. Lynn, una madre china, también se sorprende positivamente por el hecho de que la escuela helvética piense en todo. “¡Incluso hay tijeras y cuadernos adaptados para las personas zurdas!”.    

Dos pares de tijeras, uno para zurdos

Foto tomada en el aula por una madre china: las tijeras de la izquierda, con un punto rojo pegado, están especialmente diseñadas para zurdos.    

(swissinfo.ch)

Mounira, madre libanesa del cantón de Friburgo, sin embargo, tiene una impresión diferente. Cinco meses antes de que su hija comenzara la escuela primaria, la familia recibió una carta en la que se exponían las habilidades que los niños debían dominar: usar las tijeras, atarse los cordones de los zapatos, tirar de la cadena después de ir al baño, etc. “En este documento se citan más de 20 habilidades. Me da la impresión de que la escuela quiere un rebaño unificado de ovejas...”, cuenta Mounira sonriendo, aunque un tanto enfadada. 

Algo que sorprende a Adrienne Berger, que, a través de la Dirección de Educación Pública del Cantón de Friburgo (DICS), colabora en la escolarización de alumnos inmigrantes. “El propósito de la carta es iniciar el diálogo con los padres que van a convertirse en padres de alumnos. No son requisitos que deben cumplirse antes de empezar en la escuela, sino más bien algunas ideas sobre cómo los progenitores pueden preparar a sus hijos para facilitar la transición entre la familia y la escuela”, dice.   

Para acoger, informar y acompañar a los padres migrantes en la escolarización de sus hijos, el cantón, junto con la Escuela Superior de Pedagogía de Friburgo, ha elaborado 4 mini-documentales en 11 idiomasEnlace externo en los que se presenta la escuela obligatoria de Friburgo. Estas películas (sin dar instrucciones) muestran la vida cotidiana de los escolares suizos. Son documentales muy apreciados por el profesorado y las familias.

Lo primero el idioma

“Recuerdo que durante el primer año escolar de mi hijo, el director de la escuela pronunció un discurso de 45 minutos, de los cuales dedicó 15 al discurso de bienvenida y 30, a presentar las medidas que la escuela está tomando para ayudar a los estudiantes más débiles”. El modo en que la escuela atiende a los alumnos con dificultades de aprendizaje le sorprende a esta madre china. Observación que también comparte Fadel, un padre marroquí que vive en el cantón de Berna. “Una cosa muy grande en la educación obligatoria en Suiza es la atención que se presta a los niños que aprenden más lentamente”.

“Cualquiera que sea el origen cultural del estudiante migrante, nuestra tarea principal es ayudarle a dominar el idioma en el que se enseña”, señala Adrienne Berger. Un niño que no conoce el idioma local, necesita una media de dos años para poder comunicarse con facilidad. Y, de 5 a 7 años, para alcanzar el nivel de dominio como lengua materna.  

A partir de la escuela infantil (entre los 4 y 5 años), a quienes aún no dominan el idioma de escolarización, las instituciones les ofrecen clases de apoyoEnlace externo. Algo muy bien valorado por los padres.

El sistema de enseñanza obligatoria en Suiza

El acuerdo HarmoSEnlace externo, cuyo objetivo es armonizar el sistema de enseñanza obligatoria entre los cantones suizos, entró en vigor en 2009. Los cantones se han ido adhiriendo al mismo poco a poco. En la mayoría, los niños comienzan en la escuela obligatoria (1H-2H) con 4 años cumplidos. De este modo, el período de enseñanza obligatoria pasa de 9 a 11 años.

Estos 11 años se dividen en tres ciclos: 2 años de parvulario (1H-2H); 2 años de primaria I (3H-4H); 4 años de primaria II (5H-8H); y 3 años de secundaria I (9H-11H). Las escuelas tienen que hacer todo lo posible para que los alumnos tengan la oportunidad de completar cada uno de estos tres ciclos más o menos rápidamente, dependiendo de sus habilidades y madurez personal.

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Los niños y las niñas comienzan el aprendizaje intensivo de la lectura y la escritura a partir del primer año de primaria (3H). Como este es un año crucial, el profesorado a veces ofrece a algún alumno repetir el primer año de la escuela primaria (lo que ahora se dice “prolongar”). “Sin embargo, se deben evitar las prolongaciones durante el ciclo. Y en última instancia, la decisión final corresponde a los padres”, indica el maestro.  

“Los padres deben saberlo”, exclama Mounira. “Nadie puede tomar una decisión contra su voluntad, ya sea el director de la escuela o el asesor pedagógico”. La madre libanesa lamenta que muchos padres migrantes que se sienten desorientados confíen casi a ciegas en las instituciones.

¿Y los superdotados?    

Mientras a algunos les preocupa el retraso de sus hijos en el aprendizaje, a otros les inquieta una situación totalmente diferente. Es el caso de Jia, una madre china que vive en el cantón de San Galo y cuyo hijo de 8 años sufre dolores de cabeza desde que comenzó en primaria. “En realidad, aprende demasiado rápido y se aburre en la escuela”, suspira Jia. Me parece que, en Suiza, las escuelas hacen poco por los niños superdotados. En China, hay clases y programas especiales para ellos en todos los niveles de formación.      

Jia no es la única que ha tenido que decidir si permitía que su hijo saltase un curso o no. Dijo que sí, pero la situación no ha mejorado. 

“Saltar un curso no siempre es la mejor solución. El conocimiento no es el único factor a considerar. También hay que tener en cuenta la socialización y la madurez”, explica Adrienne Berger. Un niño muy inteligente puede tener “solo” la madurez de su edad. Y su integración se puede complicar si se encuentra en clase con compañeros mayores. Para un niño que está bien integrado en su clase, a veces es preferible no saltarse un curso y sí, en cambio, ofrecerle un programa adaptado.      

En el cantón de Friburgo, varias escuelas organizan cursos grupales adaptados a alumnos con alto potencial intelectual. “Pero una escuela pública no tiene la posibilidad de elaborar un plan de estudios específico para estos niños”, admite la colaboradora pedagógica Adrienne Berger.   

Las escuelas públicas, antes que nada, deben garantizar una educación de calidad para la mayoría de los estudiantes. Jia lo entiende bien. “Las escuelas primarias suizas son muy buenas, especialmente si se tiene un hijo ‘en la media’”, dice. Finalmente, ella y su esposo decidieron enviar a su hijo a una escuela privada.

¡Por el amor de Dios!

Otro lugar, otra familia, otro problema. Hannah es una madre inglesa que todavía no ha encontrado una solución. Aunque no tiene creencias religiosas, ¿qué debe hacer con las clases de religión en la escuela bernesa a la que acude su hija? Los estudiantes tienen la opción de estar exentos de recibirlas, pero la única alternativa es hacer ejercicios extras en el pasillo. A menudo, solos. Así que la hija de Hannah decidió quedarse en clase de religión con una maestra muy creyente.    

Un día la niña llegó a casa llorando. “Me dijo que, según la profesora, quienes no creían en Dios iban al infierno. Estaba muy asustada por mí”, cuenta la madre. “En otra ocasión, mi hija no pudo soportar la historia de la Pasión de Cristo narrada por la maestra. Para un niño de 6 o 7 años, es un escenario demasiado sangriento. ¡Mi hija se secó las lágrimas en clase a escondidas!”.

Hannah, a pesar de lo ocurrido, no se quejó al director de la escuela. “Otra madre ya lo había hecho, sin obtener resultados. Entonces, ¿de qué sirve?”.

Una maestra saluda al alumno y su madre

El experto dice que los maestros que dan clase son, por supuesto, los primeros interlocutores de los padres.

(Keystone)

“En caso de que exista algún problema, los padres deben poder expresarse”, señala Adrienne Berger. Si la conversación con el maestro no tiene éxito, pueden ponerse en contacto con el director o el inspector de la escuela. Las escuelas además por lo general tienen un consejo de padres.   

“Incluso aunque no siempre estén de acuerdo, maestros y padres persiguen el mismo objetivo: el bien del alumno. Es importante, pues, que ambas partes den un paso, la una hacia la otra, para encontrarse, intercambiar y avanzar juntos”, concluye el profesor. 

Un caso que inspira a una madre rusa esta reflexión que quiere compartir con otros padres migrantes. “No olviden que, a fin de cuentas, nuestros hijos vivirán en Suiza. La escuela suiza es la que los prepara para un futuro aquí”.

*El nombre de todos los padres citados ha sido modificado. La redacción conoce la identidad de todos ellos.


Traducción del francés: Lupe Calvo


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