La Virgen de Guadalupe en Suiza

Capilla de la Guadalupana en San Gall. swissinfo.ch

Comunidades helvéticas entronizan a la Patrona de México, Emperatriz de la América Latina y Reina de las Américas.

Este contenido fue publicado el 13 mayo 2002 - 20:23

El autor de la iniciativa, Thomas Stähli, es oriundo de Flums, en el cantón de San Gall, de oficio pastelero, y un profundo enamorado de México, de sus paisajes, sus costumbres, su gente, sus creencias.

Fue él quien concibió y materializó la idea de traer a Suiza a una de las 'Madonas' más veneradas en el orbe y cuya imagen es motivo de culto a todo lo largo del Nuevo Mundo.

Del cerro del Tepeyac, en el corazón de la República Mexicana, a la colina de Saint Georg, al noreste de la Confederación Helvética, Nuestra Señora de Guadalupe recibió un singular homenaje de Día de las Madres, en ese edén suizo ubicado en las cercanías con Alemania, Austria y Liechtenstein.

Desde la hora del Ángelus, los parroquianos comenzaron la marcha cuesta arriba en ese Jueves de la Ascensión (09.05.02), en que Thomas Stähli desveló la imagen de la virgen morena ante la fervorosa mirada de decenas de 'sangaleses' que abrazaron de lleno y sin reparos, la fe guadalupana.

Enclavada en la población de Berschis, frente a Flums, la colina da asiento al Templo del mismo nombre -sitio preferido para los matrimonios por la espectacularidad del paisaje y la comunión con la naturaleza- y a la pequeña capilla que ahora alberga a La Guadalupana, que fue construida con ruinas romanas del Siglo I y que por espacio de siglos estuvo abandonada.

Rosas de allende el mar

El paso del viento del sur, que los lugareños conocen como el 'föhn', había envuelto en un cálido manto la colina de Saint Georg, en cuya capilla menor quedó instalada la reproducción certificada de la imagen de la Virgen de Guadalupe, expresión sincrética por excelencia del hispanoindigenismo en la que los mexicanos se reconocen y de cuya mano ingresaron al Cristianismo.

Las notas de las flautistas de Flums acompañaron la ceremonia en medio de la cual el artífice del proyecto habló a los feligreses de los misterios de la Virgen de Guadalupe, de su aparición a Juan Diego en 1531, del milagro de su imagen en la tilma del indígena con las rosas de Castilla en pleno mes de diciembre.

Los pobladores de Flums y de Berschis recibieron las palabras de Stähli con el mismo entusiasmo con el que acogieron su propuesta de convertirse en anfitriones de una virgen procedente de otras latitudes y con rasgos ajenos.

"Todos aceptaron la idea. El presidente de la Parroquia les habló de ella durante la reunión que tienen cada mes, se publicó en el boletín de la iglesia y también en el periódico local. Nadie manifestó oposición alguna", recuerda Stähli, para quien ese camino, exento de obstáculos, es la evidente manifestación de que "la Virgen quería estar con nosotros".

El pueblo elegido

Su opinión es compartida por sus vecinos, Heidi y Hansruedi Tàschler, a quienes ¿caprichos del destino?, Stähli encontró en México durante una visita en la que los tres cumplieron con el obligado peregrinaje al Tepeyac:

"Estamos muy contentos de que la haya traído. Pensamos que Ella así lo quiso". La pareja había viajado a México impulsada por la curiosidad de conocer a una virgen cuya imagen era mucho más que el producto de una pintura. "Dios no trató a ningún otro pueblo así", parafraseó Heidi al aludir a los mexicanos.

Astrid Eisenring también conocía a la Reina de las Américas. Para ella "es maravilloso que la Virgen de Guadalupe haya llegado finalmente a Suiza". En su opinión, "sería bueno que esta capilla se hiciera sitio de peregrinaje".

La especie halla eco. Los representantes de la Embajada de México, Víctor Flores y Abraham Montes de Oca, la encuentran oportuna. Se perfilan posibilidades: ¿el 12 de diciembre? ¿el próximo 9 de mayo?

Impresionado por el profundo fervor que alienta la Guadalupana, Thomas Stähli sembró la idea. Y, ahora: ¿florecerán las rosas de Castilla entre los Alpes ...?

Marcela Aguila Rubín

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