La crisis del coronavirus es tierra fértil para los delitos digitales

Falsas campañas de caridad son parte de las estafas desatadas por la pandemia. Bandas de delincuentes intentan robar dinero e información privada de la gente. En esta imagen, un e-mail falso enviado en nombre de la Organización Mundial de la Salud. Pa Wire/pa Images

Los estafadores son creativos y aprovechan la pandemia de COVID-19 para engañar a la gente en la Red y quedarse con su dinero. El sitio web suizo coronafraud.ch ha rastreado los fraudes que se producen en tiempos de coronavirus. Desde su lanzamiento, hace solo un mes, ha registrado más de 200 casos, en su mayoría estafas relacionadas con productos falsificados o vendidos a precios exorbitantes.

Este contenido fue publicado el 28 abril 2020 - 14:00

"La mayoría de los delitos que hemos identificado se realizan a través de Internet, están relacionados con correos electrónicos, sitios web y tiendas en línea que son falsos y que ofrecen productos como mascarillas (para protegerse de contagio)”, dice el criminólogo Olivier Beaudet-Labrecque. “De hecho, usted pide la mascarillas y estas jamás van a llegar. Lo que más estamos observando son ofertas cibernéticas relacionadas con productos de higiene y protección, como mascarillas, geles desinfectantes, guantes, etc".

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El sitio web coronafraud.ch fue lanzado el 26 de marzo por el Instituto para Combatir el Crimen Económico (ILCE) de la Universidad de Ciencias y Artes Aplicadas de la Suiza Occidental (HES-SO), con sede Neuchâtel. Los datos recopilados están destinados a la investigación y no serán transmitidos a las autoridades. Pero sí existe un punto de contacto nacional donde pueden reportarse los problemas de seguridad cibernética que es el Centro de Informes y Análisis para el Aseguramiento de la Información (MELANI).

Los delincuentes se están aprovechando la pandemia de COVID-19 para captar a los consumidores en Internet. Keystone / Christian Beutler

Artículos médicos falsificados

Hasta el pasado 23 de abril, coronafraud.ch daba cuenta de 245 quejas. Del total, 163 provenían de gente que había sido víctima de ofertas de productos de higiene que nunca llegaron o que se comercializaron a precios “abusivos”. Otras 21 tenían en la mira a empresas y tiendas que no respetan las directrices de las autoridades. Y el resto, eran sobre temas menos relevantes o tenían relación con el llamado phishing (técnica ilegal de robo de datos privados) a través de sitios dudosos que ofrecen remedios milagrosos y pruebas de detección de coronavirus.

Algunos de los fraudes más significativos incluyen la venta de mascarillas a un costo de hasta 300 francos suizos por pieza, así como de personas que se ofrecen como voluntarios para hacer la compra de alimentos para ancianos, pero se quedan con el dinero. Frecuentemente, las personas de la tercera edad no son las víctimas directas de estos delitos, ya que no utilizan Internet de forma intensiva. El grueso de los afectados se encuentra más bien entre los 31 y los 50 años de edad.

"No hay un perfil de víctima específico", señala Beaudet-Labrecque, “afecta a todas las edades y a ambos sexos ... Debido a que la gente es más vulnerable actualmente, confía más rápidamente en las personas que ofrecen ayuda".

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Diferencias regionales

El grueso de las denuncias de fraude se registran en la Suiza francófona, con 148 del total. En la Suiza italiana hubo 66 y en la Suiza de habla alemana, 31. Según Beaudet-Labrecque, esta tendencia se debe posiblemente a que la iniciativa de investigación tuvo más visibilidad en algunas regiones del país que en otras y no al hecho de que una zona lingüística sea más proclive a caer en los fraudes.


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Camuflaje cibernético

Algunos oportunistas suplantan el nombre de organizaciones bien conocidas que actualmente están atendiendo las necesidades derivadas de la pandemia. Uno de los casos más conocidos es un email de pishing que solicita donativos en bitcóines para la Organización Mundial de la Salud (OMS). Su argumento es que las aportaciones se usarán para garantizar que el personal sanitario que está en primera línea atendiendo a los enfermos en países con los “sistemas de salud más frágiles” disponga de los materiales indispensables para enfrentar la COVID-19.

“Debido a la incertidumbre general que provoca la pandemia de coronavirus/COVID-19 ha aumentado el número de delincuentes que buscan aprovecharse de esta situación”, advierte el Credit Suisse en su sitio web, al tiempo que anima a sus clientes a mantenerse vigilantes con respecto a las estafas que llegan vía correo electrónico en nombre del Gobierno o que incitan a realizar inversiones en el negocio de los insumos sanitarios contra la COVID-19 o que invitan a hacer donativos porque en todos los casos son auspiciados por “clones” de las verdaderas instituciones o empresas.

La Policía de Zúrich ha alertado sobre aplicaciones falsas que ofrecen un mapeo detallado del coronavirus y sobre recaudadores fraudulentos de fondos.

A finales de marzo, la autoridad policial europea lanzó una advertencia sobre medicamentos falsos. La Deutsche Welle informó que una operación llamada “Pandea” permitió a las autoridades policiales identificar 2 000 sitios web que ofrecían falsos tratamientos contra el coronavirus. Gracias a este esfuerzo pudieron incautarse 4 millones de paquetes con medicamentos falsificados en un total de 90 países.

En Estados Unidos, la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) publicó la siguiente advertencia para los estadounidenses (22 de marzo): “los estafadores están utilizando la pandemia de COVID-19 para robar dinero a la gente, así como sus datos personales, o ambas cosas”. Por ello, ha pedido a la población que tenga mucho cuidado cuando reciba correos del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

Los defraudadores pueden utilizar hipervínculos vía correo electrónico para enviar programas malignos (malware) y para robar los datos personales, o para bloquear el ordenador de un usuario y pedir dinero para liberarlo.

Explotando el desastre

Beaudet-Labrecque destaca que observa cierto paralelismo entre la experiencia suiza y los fraudes cometidos después de un desastre natural, como el tornado que está golpeando al sur de los Estados Unidos. En ambos casos, hay gente que ofrece “ayuda”, cuando en realidad se está aprovechando de la empatía que genera en otros el daño que están viviendo las víctimas de una catástrofe.

“El estado de shock, el estrés y el temor crean condiciones propicias para los delitos económicos”, concluye el criminólogo del ILCE.

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