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"La suerte de migrantes en Suiza, inadmisible"

Manon Schick: “La cantidad de la población que nos respalda es más importante en Suiza que en países como Francia o Alemania”.

Manon Schick es la nueva directora de la sección suiza de Amnistía Internacional tras ser la portavoz de la ONG, durante los últimos siete años.

Ella destaca la importancia de la solidaridad en el mundo y se refiere a los derechos humanos en Suiza, así como a la progresión del discurso político racista y xenófobo.

Amnistía Internacional celebra en este 2011 sus cincuenta años de existencia. Personas de toda Suiza serán invitadas el 20 de mayo a hacer un “brindis por la libertad” y recordar así el acto que en 1961 impulsó al abogado británico Peter Beneson a fundar la organización.

swissinfo.ch: Desde el 1 de marzo dirige usted la sección suiza de Amnistía Internacional. ¿Qué cambiará?

Manon Schick: Yo no creo que la sección suiza cambie mucho, porque ya soy miembro del Comité Ejecutivo y no pienso modificar todo. Claro que soy diferente de mi predecesor (Daniel Bolomey; n.d.l.r), de casi 60 años. Soy una mujer joven y tengo una visión de Amnistía Internacional que puede ser algo distinta.

Durante muchos años he trabajado también como voluntaria y quiero movilizar a la gente, no solo a los miembros de Amnistía; explicarles cuán importante es militar en favor de los derechos humanos. 

 

swissinfo.ch: ¿Cómo piensa proceder para lograrlo?

M.S.: Es muy difícil en una época poco favorable para los derechos humanos. Desde hace muchos años presenciamos la guerra contra el terrorismo y un considerable retroceso en la situación de los derechos humanos. Por ejemplo, la Convención contra la Tortura ha sido casi destruida por países como Estados Unidos.

Estoy muy consciente de que no es una tarea fácil. Sin embargo, me parece importante mostrar a los suizos que si realizamos una manifestación,  por ejemplo contra Libia,  y tenemos la impresión de no estar ayudando, sabemos que la población libia se siente alentada enterándose de que el mundo entero se solidariza con su movimiento.

Debemos aprovechar las oportunidades ofrecidas en Suiza: la libertad de expresión, etc., para que con ellas se beneficie también a las personas que no tienen esas posibilidades. 

 

swissinfo.ch: Al gobierno suizo le agrada presentar el país como un bastión de los derechos humanos. ¿Cuál es el interés que los suizos tienen en general respecto a los derechos humanos?

M.S.: Creo que mucho. Amnistía Internacional goza aquí de un importante apoyo, tal como otras organizaciones defensoras de los derechos humanos. Nosotros contamos con más de 45.000 miembros y por encima de 100.000 donadores. La proporción de la gente que nos respalda es más significativa que en países como Francia o Alemania, donde el porcentaje de sus donadores es similar al nuestro a pesar de tener poblaciones más numerosas.

Pienso que este hecho muestra que el pueblo suizo se interesa por los derechos humanos, aunque  carezca de tiempo para ir a las calles o escribir cartas, etc.

 

swissinfo.ch: En el Informe 2010 de Amnistía se dice que el discurso público es cada vez más racista y xenófobo en este país. ¿Qué opina usted al respecto?

M.S.: Amnistía no es la única que hace esta observación. En el debate político se escucha hablar con más frecuencia de “islamización de Suiza” o de “los valores suizos en peligro”, cosa que antes era bastante raro.

En los últimos años esta tendencia se ha agravado porque los partidos tienden a utilizar los sentimientos xenófobos de la población para acumular votos. A tal punto de dar la impresión de que hay un gran problema entre el Islam y las otras religiones en el país, y eso no es cierto.

Los partidos tienen una gran responsabilidad y es necesario que dejen de hacer este juego peligroso para la cohabitación entre los suizos y los extranjeros, o entre las religiones en este país. 

 

swissinfo.ch: ¿Es ése, a juicio suyo, el reto más grande a los derechos humanos en Suiza?

M.S.: En todo caso es uno de los mayores. El otro gran problema político es planteado por los migrantes: la situación se deteriora notablemente. La legislación sobre el asilo ha sido modificada en los últimos treinta años, para ser casi siempre más estricta.

La situación en la actualidad es muy, muy difícil para los migrantes. Algunos solicitantes de asilo no tienen derecho a un procedimiento equitativo ni a asesoramiento jurídico. Y si es rechazado su recurso no tienen derecho a una existencia digna: las familias solo disponen de 10 francos diarios para sobrevivir, aunque carezcan de los documentos necesarios para retornar a sus países. Eso es inadmisible en un país como Suiza.

 

swissinfo.ch: Cuando Amnistía critica a Suiza, muchos lectores reaccionan escribiendo que ustedes defienden a extranjeros que amenazan los valores suizos. ¿Qué les responde?

M.S.: Siempre es sencillo criticar a China o actualmente a Túnez o Libia, porque todo el mundo sabe que la situación es mala en esos países. Pero nadie quiere oír hablar de problemas que pueden existir en Suiza.

Yo suelo decir, es cierto, Suiza es un país donde se vive bien, donde los derechos humanos son respetados, pero eso no es suficiente; debemos mostrar cierta coherencia entre la manera de presentar a Suiza en el extranjero, afirmando que los derechos humanos son importantes, y el  modo de actuar de las autoridades en el interior del país, por ejemplo con respecto a la población migrante.

Eso es también un asunto de credibilidad. No podemos criticar siempre lo que hace Estados Unidos en Afganistán o Guantánamo e ignorar los problemas que tenemos, aun cuando éstos sean pequeños. Nosotros nos debemos mostrar críticos con todos los países.

Amnistía Internacional

1961: Es fundada por el abogado británico Peter Benenson, quien lo hizo indignado al enterarse que dos estudiantes portugueses fueron encarcelados por haber hecho un brindis por la libertad en un establecimiento público.

1977: Es recompensada con el Premio Nobel de la Paz por su campaña contra la tortura.

 

2010: Según su informe anual cuenta con 2,8 millones de miembros y simpatizantes en más de 150 países.

 

La sección suiza tiene 45.000 miembros y unos 125.000 donadores: emplea a 47 asalariados en Berna, Lausana, Lugano y Zúrich, así como a una docena de becarios y civiles y 30 voluntarios.

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Manon Schick

Nacida en 1974, estudió Ciencias Humanas en la Universidad de Lausana antes de trabajar como periodista en la revista L’Illustré.

En 2003 participa como voluntaria en las Brigadas Internacionales de Paz.

Desde los 22 años trabaja en Amnistía Internacional: en 2004 asume la función de portavoz y en 2007 integra el Comité Ejecutivo de la Sección Suiza y desde el 1 de marzo de 2011 sucede a Daniel Bolomey en la dirección de la ONG.

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Traducción: Juan Espinoza, swissinfo.ch


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