"En mi corazón sigo siendo suizo"

Hogar lejos de las raíces: cerca de 700 suizos viven en Hawái. Keystone

Persecución religiosa, sobrevivencia, empleo… a lo largo de la historia muchos suizos han debido reiniciar sus vidas fuera de su terruño. ¿Se vuelven doble nacionales y, si es el caso, cómo conservan sus raíces helvéticas?

Este contenido fue publicado el 29 abril 2013 - 11:00
Thomas Stephens (con la colaboración de Norma Domínguez), swissinfo.ch

Los emigrantes suizos, muchos en ultramar, hablan de sus experiencias, emociones y motivas con swissinfo.ch.

Algunos han solicitado por amor la naturalización en los países donde viven, mientras que otros lo han hecho por razones prácticas, por ejemplo, para poder inscribirse a cursos profesionales a los que, de otro modo, no tendrían acceso.

Pero todos coinciden con el sentir de Marthe Lindsay, quien se mudó a Gran Bretaña en la década de 1970: “Volverse ciudadano de otro país no cambia en nada el hecho de que en el corazón uno siga siendo suizo”.

Muchos se han visto forzados a renunciar a su nacionalidad de origen ante la exigencia de los Estados donde viven para otorgarles la naturalización. Sin duda, una decisión difícil y que hay que sopesar. Otros no han debido enfrentarse a esta disyuntiva.

Cuando Sophie Lüssi, una exitosa violinista de jazz de Zúrich, solicitó la naturalización en Argentina, leyó en el formulario respectivo que había, justamente, que renunciar al pasaporte suizo, “algo que en realidad no es requisito y que, además, nunca hubiera hecho”.

“Así que reclamé al respecto y taché en mi solicitud ese enunciado. Sin renunciar a nada me otorgaron la ciudadanía argentina”, explica a swissinfo.ch. Argentina permite la doble nacionalidad desde julio de 2010.

Quinta Suiza

Alrededor de 716.000 suizos vivían fuera de su país en 2012 (un 1,72% más que en 2011) y su número va en aumento, de acuerdo a las cifras del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Más de la mitad de ellos residen en Europa (442.620): Francia (186.615), Alemania (80.715), Italia (50.091) y España (23.978).

Fuera de Europa, EE.UU. es el destino principal, con 76.330. Israel es el hogar de 15.970; su número ha aumentado un 21.44% desde 2007.

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Por motivos profesionales

“En mi corazón sigo siendo suiza, pero luego de vivir durante 46 años en Nueva Zelanda también estoy orgullosa de tener la nacionalidad de ese país, y de ser una doble nacional”, indica Erika Currie, nacida en Berna y quien llegó a su segunda patria en 1967, en el marco de un programa de inmigración asistida con el que obtuvo fácilmente el permiso de residencia.

Cuatro años después, Currie adquirió el derecho de solicitar la nacionalidad. En 1973 consiguió así su naturalización en Wellington y pudo conservar su pasaporte suizo.

De los 715.710 suizos que actualmente viven en el extranjero (incluidos los doble nacionales), Nueva Zelanda es el hogar de 6.805, de acuerdo con las cifras del cierre de 2012 del Ministerio de Asuntos Exteriores helvético.

“Di el paso porque pensaba trabajar y permanecer en Nueva Zelanda por un largo periodo de tiempo y participar en la vida política de mi país de acogida. También resultaba ventajoso para mi carrera, puesto que con un pasaporte suizo hubiese sido mucho más difícil realizar viajes de negocios frecuentes a Australia, pues en ese caso se me hubiese exigido un permiso de reingreso cada vez que saliera del país”.

Lealtad hacia el país de adopción

Katharina Allen, nacida en Zúrich, obtuvo la ciudadanía canadiense tras una década de vida y de empleo en ese país.

Entonces, los extranjeros no podían ocupar puestos docentes en ciertas instituciones canadienses. “Me vi obligada a nacionalizarme”, comenta.

“Se trata de un proceso muy simple que se deriva de una cierta lealtad al país de adopción; pero pude mantener mi ciudadanía suiza sin problema alguno”.

Los padres de Allen viven desde hace 40 años en Canadá –país que acoge a 38.959 suizos actualmente- y jamás han dado el paso para obtener la nacionalidad,

“Sus contribuciones y su amor por Canadá no se ven mermados por no tener un reconocimiento formal de su lealtad”, concluye Katharina sobre la decisión de sus progenitores.

Deber y compromiso

Compromiso y obligaciones son temas comunes entre nuestros entrevistados de la Quinta Suiza.

“Creo que si uno emigra a otro país, es justo obtener la nacionalidad y responder a los deberes que este estatus exige”, opina Claudia Stillhard, quien solicitó la naturalización en Australia, tras vivir en ese país con una visa permanente durante dos años.

Una ventaja futura será, aduce, que sus hijos obtendrán la nacionalidad de forma automática.

“Tenemos la suerte de que Australia permite la doble nacionalidad y por eso no hubo una gran reflexión para dar el paso. Si hubiese tenido que renunciar a mi legado helvético, no estaría tan segura”.

Suizos, por siempre

“Somos suizos y seguiremos siéndolo”, escribe Petero Koerber desde la Polinesia Francesa, hogar de ocho ciudadanos helvéticos. “Seguimos siendo suizos no solo por el hecho de mantener nuestro pasaporte rojo con la cruz blanca (distintivo de la bandera suiza), sino porque nuestro país siempre seguirá estando en nuestros corazones”.

Koerber indica que la naturalización se produce por numerosas razones, una de ellas, la asimilación, que significa aceptar derechos y obligaciones en el país de residencia y evitar una jungla de trámites burocráticos.

“Como en otros países, aquí es necesario renovar periódicamente los permisos de residencia, que, dependiendo de las leyes de cada país, se pueden volver una verdadera pesadilla”.

“Además, nunca se puede estar seguro de que la respuesta a la solicitud será siempre positiva. Y obviamente, hay que pagar por todos estos trámites. Por todas estas razones, mucha gente piensa tarde o temprano en la naturalización. La Polinesia Francesa se rige, con ciertas diferencias, por leyes francesas y es un país donde el francés es idioma oficial, como en Suiza, lo que permite la naturalización en tres años, en lugar de cinco”.

Koerber describe el proceso de naturalización en su lugar de residencia: “Un año o dos después de haber presentado la solicitud para la naturalización, uno es llamado al puesto local de policía para demostrar que puede mantener una conversación en francés, y entonces, algunos meses más tarde, recibe de nuevo una convocatoria para recoger varios documentos. Solo al llegar a casa y comenzar a leerlos, uno se da cuenta que ha recibido una carta con la firma del presidente francés en la que se inscribe: Ahora es usted un ciudadano francés”.

Lo único que este suizo-francés lamenta es que allí no ocurre como en Francia, “donde el policía te estrecha la mano y brinda contigo; eso no pasa acá”.

Nota a los lectores

Es posilbe que los procedimientos para la naturalización en los diversos países mencionados en este artículo hayan cambiado con el paso de los años. Agradecemos los testimonios recogidos a través de la plataforma virtual swisscommunity.org.

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No solo ave de paso

Isabel Golay, de padres suizos, nació en Marruecos y vive en Argentina desde 1980. Para ella, obtener la nacionalidad del país de acogida tiene que ver con valores personales. “Vivo acá, me involucro acá, tengo un compromiso con la sociedad argentina, soy parte, y no un ave de paso”.

Sobre el proceso de naturalización, señala que no le resultó difícil. “El procedimiento judicial no reviste mayores complejidades, con la siguiente salvedad: hubo que vencer la tradicional exigencia de renunciar a la nacionalidad de origen. Lo difícil fue sortear el principio de exclusión en las mentes de los jueces, aunque no en el texto de la ley”.

Y sobre su vida inmersa en un historial de migración, afirma: "Suelo decir que mi vida es un árbol cuyas raíces se hunden en Suiza, cuyas ramas florecen en Argentina, y cuyos frutos ojalá sean para goce de toda la humanidad”.

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