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Historia y religión

Suiza, tierra de santos

Cuando se habla de turismo en Suiza, se piensa sobre todo en sus paisajes, a veces también en sus ciudades y castillos. Pero no necesariamente en su historia religiosa. Y sin embargo, Suiza esconde otros tesoros que merecen una visita. Seguir la pista de los santos católicos como hilo conductor puede ser un itinerario que mezcla fe, cultura, historia y tradiciones vivas.

Este contenido fue publicado el 18 enero 2021 - 17:05
Corinna Staffe (ilustración)

En octubre de 2019, una pequeña costurera friburguesa del siglo XIX fue canonizada en el Vaticano, después de un procedimiento que duró décadas.

De hecho, no abundan los santos verdaderamente suizos. Además de Marguerite Bays, en la lista figuran Maria Bernarda Bütler, una religiosa misionera y, sobre todo, a Nicolás de Flüe, el santo patrono de Suiza.  

Sin embargo, la lista de canonizados y beatos de Suiza puede contar hasta 80 nombres si se tienen en cuenta a las personas que no fueron suizas o que vivieron en una época en la que Suiza todavía no existía como tal.

Entre los más famosos se encuentra San Mauricio, un soldado romano de Egipto que habría sido martirizado en el Valais por negarse a renegar de su fe. Verdadera o falsa, esta historia ha dejado un tesoro arquitectónico e histórico, la abadía de San Mauricio, que recientemente conmemoró los 1 500 años de existencia.

Pero la historia de los santos no se reduce solo a antiguos muros. Abarca también tradiciones que siguen vivas, incluso si ya no tienen la misma importancia que en la Edad Media.

Entre estas tradiciones están las peregrinaciones que en los últimos años han recobrado fuerza. 

Por ejemplo, en 2019 llegaron a Santiago de Compostela 347 578 peregrinos, aproximadamente el doble que diez años antes, según la oficina local de los peregrinos.

No es raro ver caminantes —sean creyentes o no— en el célebre Camino de Santiago, que también atraviesa Suiza. Pero para aquellos que buscan algo más de originalidad, existe otro camino mucho más exclusivo.

Otro espectáculo que podría parecer anacrónico, son las fiestas patronales. La ceremonia más impresionante tiene lugar cada año a principios de diciembre en Friburgo, donde la población se congrega para ver a San Nicolás, el santo patrono de la ciudad. La última edición atrajo a cerca de 30 000 personas. 

Finalmente, solo falta un gran culto a las reliquias para sentirse en plena Edad Media. Pero (aún) no hemos llegado a esto. Aunque… la simple idea de trasladar las reliquias puede ser fuente de polémica.

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