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"En el dialecto están las raíces de una persona", Mariuccia Medici

Mariuccia Medici con otros miembros del teatro en dialecto y Armin Walpen (der.), director general de SRG SSR idée suisse.

Durante 40 años fue maestra de escuela primaria en Lugano-Loreto. El gran público, en cambio, la conoce por su actividad teatral. Mariuccia Medici tiene 91 años de edad y es la decana de las actrices dialectales del Tesino. Ha personificado, para el teatro y ante la pequeña pantalla, figuras que son muy populares entre los tesineses. Mariuccia Medici defiende así el dialecto del Tesino.

No me siento para nada una "star", aunque cuando hago la compra mucha gente se me acerca y me dedica palabras amables. La popularidad me la ha dado la televisión. Todavía hoy en día, las comedias dialectales son los programas con los índices más altos de popularidad de la televisión suiza de lengua italiana.

Quizás los tesineses me quieren porque, escuchándome hablar dialecto en las comedias, me consideran una de ellos. Pero yo no le hago mucho caso a la popularidad: como todo el mundo, "porti giò la mia tola dal rüt", es decir, también yo tengo que vaciar cada día el bote de la basura. Ésta es una típica expresión dialectal para indicar que una persona conserva su sencillez.

El dialecto forma parte de mi vida, me es connatural, congénito. Aunque a veces hasta me siento mal escuchando el dialecto que se habla hoy en el Tesino. Desgraciadamente, ya hace algunos años nuestro dialecto se ha dejado "embastardar" (sé que no es una buena palabra) por la lengua italiana.

Y me explico: hoy se tiene la manía de transformar las palabras italianas en dialecto, con resultados que yo encuentro ridículos. El verdadero dialecto, que hablan todavía las personas de las generaciones pasadas, ha perdido su vitalidad, su riqueza, su capacidad de regenerarse y de crear nuevas palabras que nazcan de una exigencia de la vida cotidiana.

Una especie de moda de los años sesenta fue la que nos hizo perder el dialecto, aquí en el Tesino. Me acuerdo que muchos de mis colegas maestros prohibían a sus alumnos usar el dialecto. También porque muchos de esos jóvenes tenían dificultades para hablar correctamente el italiano y, a veces, transformaban en italiano algunas palabras dialectales, con resultados igualmente ridículos a la situación actual, que se trata de hacer lo contrario.

Yo, en cambio, cuando daba clases, hacía todo por defender el dialecto. En aquellos tiempos, hace 30 años, esto no era muy difícil porque casi todos los niños lo hablaban, con algunas excepciones: los hijos de italianos inmigrados, de suizos alemanes o de alguna que otra familia acomodada. Aunque también estos chicos trataban de aprender rápido el dialecto, porque de otra manera se hubieran sentido marginados, excluidos de los juegos del grupo. Les daba casi vergüenza
no poder hablar dialecto, mientras que ahora me parece que los que se avergüenzan son los chicos que todavía usan el dialecto en sus casas.

Pero el dialecto no va a morir nunca: de ello estoy convencida porque entre mis aficionados, también los hay muy jóvenes, son chicos entre los 16 y 17 años. Esto demuestra que las comedias dialectales les gustan también a los hijos de Internet. Sin embargo, crece en mí la impresión de que la gente ya no siente la exigencia de buscar sus propias raíces. Y las del dialecto son raíces que vienen de muy lejos.

Mariuccia Medici


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