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Marco Bischof


“Aparte de ser mi papá, Werner fue un genio”


Por Norma Domínguez, Buenos Aires


Werner Bischof en Machu Pichu, por Eugene Harris (mayo de 1954).  (Werner Bischof / Magnum Photos)

Werner Bischof en Machu Pichu, por Eugene Harris (mayo de 1954). 

(Werner Bischof / Magnum Photos)

A cien años del nacimiento de Werner Bischof, uno de los más importantes artistas de la lente del siglo XX, entrar en la mística y la intimidad de su existencia a través de los ojos de su primogénito, permite nuevas miradas al hombre que han bautizado como el ‘James Dean suizo’ por su prestancia y su corta e intensa vida.

Marco Bischof recibió a swissinfo.ch en el hall de un hotel porteño ubicado muy cerca del Museo de Arte Hispanoamericano “Isaac Fernández Blanco” donde en pocos días se expondrán las “Fotografías de América” captadas por su padre.

swissinfo.ch: ¿Qué recuerdos tiene de su papá?

Marco Bischof: Es muy difícil darme cuenta de cuánto me acuerdo de mi padre siendo tan pequeño, y saber si realmente viví mis recuerdos o son las cosas que me contaron mi mamá y mi abuela sobre él y nuestra relación. Una vez hicimos los cálculos y estuvimos juntos en Zúrich cinco veces. Mi recuerdo es que era muy cariñoso.

Aparte de ser mi papá, Werner fue un genio. Alguien que sintió que no iba a vivir mucho tiempo y trabajó intensamente en esos pocos años de vida y se ocupó de documentar todo. Dejó más de 60 000 fotogramas, con detalles, datos. Y gracias a eso hoy puedo contarlo y entenderlo. Porque yo tenía apenas 4 años cuando él murió.

swissinfo.ch: También dejó infinita correspondencia de ida y vuelta con su madre y amigos. ¿Qué frases o pensamientos en esas cartas lo han marcado?

M.B.: Tanto él como mi madre se sentían muy juntos y tenían esa comunión del cariño para la humanidad. Fueron auténticos humanistas. Los dos querían a la gente, querían a los seres humanos en general, eran solidarios…

Werner no estuvo en un partido político pero su actitud social era su militancia. No le gustaban la pobreza, la desigualdad, el militarismo, las guerras. Eso es lo que valoro.

“Estoy muy feliz de poder estar haciendo esta exposición en Argentina. Nuestra familia es muy ‘latina’. Rosellina lo era y muchos de sus amigos. Por toda esa energía que tienen, su visión del mundo, la ternura que muestran para la humanidad… creo que esos son los motivos por los que yo me siento tan feliz aquí. Porque en Suiza tenemos un paraíso en muchas cosas, pero a veces también tenemos un comportamiento muy duro, muy frío” : Marco Bischof 

swissinfo.ch: ¿Por qué cree que eligió la fotografía para expresarse?

M.B.: Él pensaba que con la fotografía tenía una herramienta para informar a la gente. Porque en ese tiempo no había Internet, la televisión era limitada, no había celulares y la única información visual era la fotografía. Era su forma de mostrar y militar contra las injusticias. Era contarlo a los otros.

Mi papá buscó lo mismo para todos los seres humanos. Quería hallar esa condición común, la esencia del hombre. Tenía una enorme curiosidad por indagar y descubrir esa humanidad. Recuerdo que una de sus exposiciones fue ‘Las caras de Asia’, donde exhibía cada una de las razas de ese continente. Algo muy exótico en ese momento.

swissinfo.ch: ¿Por qué muchos lo citan como “el James Dean suizo”?

M.B.: Porque sus vidas tuvieron un cierto parecido. Él fue un hombre muy guapo, con mucho carácter, de una gran personalidad, murió muy joven y dejó una obra impresionante. Además, fueron contemporáneos (Dean murió un año después, más joven aún que mi padre).

swissinfo.ch: ¿Por qué elige usted continuar con ese legado?

M.B.- Porque su obra fue impresionante y siento que debo continuar difundiéndola. Todo está preparado para que no muera. Él dejó muchas cartas, sus diarios, muchos contactos. En las propias fotos había contactos para ver cómo hizo cada una. Hacía diagramas, dibujos. Era un excelente dibujante. Su vocación temprana era la pintura hasta que descubrió en Zúrich la fotografía. De cada trabajo hacía algo similar a lo que hoy se conoce como ‘storyboard’. Fue un maestro y un pionero.

Ahora con la fotografía digital sería muy difícil hacerlo, porque todo es más efímero. Pero por suerte hoy contamos con un archivo muy completo que nos permite conocer muy bien el universo de mi padre.

swissinfo.ch: Hábleme de su familia, la que crearon Werner y Rosellina…

M.B.: Tengo un hermano, Daniel, que nació 9 días después de la muerte de nuestro padre. Es psicoanalista y trabaja en otro mundo. Con él hablamos mucho sobre Werner. Para nosotros la historia es que nuestro papá se murió en el ‘54, y unos años más tarde entró en nuestra vida otro fotógrafo, René Burri, como nuestro ‘papá psicológico’. Él se casó con mi mamá y fue mi segundo papá. Y la historia continuó en otra dirección.

Mi mamá tenía 8 años más que René y 9 años menos que Werner. Una brecha de 17 años entre ambos. Se casaron después de 10 años y tuvieron dos hijos (una niña y un niño) y crecimos 4 hijos en la misma casa. Todavía nos sentimos muy en familia, somos hermanos. Werner murió, Rosellina, en 1986 y René hace 2 años. Y ahora seguimos muy juntos. Y por eso decidimos continuar con el trabajo de nuestros padres.

swissinfo.ch: ¿Cómo aparece América Latina en la vida de Werner?

M.B.: Él se quiso salir del trabajo de fotoreportero. No le gustaba como los diarios trataban sus fotografías. Después de esa etapa, diría que empezó su búsqueda artística.

Primero fue a América del Norte, y allá el sistema del capitalismo no le gustó. No veía nada de humanidad. Por eso partió a México. Cuando cruzó el Río Grande pudo ver que había mucho más que la riqueza: la familia, los amigos, la vida misma. La idea original era seguir la ruta hacia el sur, llegar hasta Tierra del Fuego, luego subir hasta el sur de África y de ahí embarcarse para regresar a Zúrich. Pero su alma decidió quedarse en El Callao, Perú, donde aún hoy sigo visitando su tumba.

América Latina es para nosotros y nuestra historia muy importante. Cuando aterricé por primera vez en la región, hace muchos años, me sentí como en casa. Crecimos en una familia internacional, no tan típicamente suiza, y cuando Werner murió, nos quedaron muchos amigos.

Lo interesante es que la mayoría de esas cartas que quedaron son como una inspiración. Retrató a Frida Kahlo poco tiempo antes de su muerte e hizo unas fotografías increíbles en el Machu Pichu. Él era muy romántico en su trato con Rosellina y en su mirada del mundo.

swissinfo.ch: Recién me habló de una etapa cerrada. ¿Podríamos definir ‘etapas’ en la trayectoria de Werner?

M.B.: Claramente. En el último libro que hicimos por los 100 años de su nacimiento, ‘Werner Bischof: Backstory’, con las cartas que escribió a Rosellina, las que ella le escribió a él, y sus diarios de viaje, se definen muy bien esas etapas.

La de Principiante (1933-1942), desde la escuela de Zúrich, pasando por su primer estudio gráfico, el primer trabajo a color y los primeros ensayos. La de Documentalista (1945-1948), con sus documentos fotográficos en diversos países de la Europa de posguerra en nombre de la cooperación suiza y ya trabajando en la agencia Magnum.

Luego la etapa de Reportero Gráfico (1949-1952), los informes de 1949 del Reino Unido para varias revistas internacionales y la gran hambruna en Bihar. Luego el viaje a Japón, la Guerra de Corea, Hong Kong e Indochina. Y la última, la de su ‘Búsqueda artística (1953-1954), donde partió a América, pasando por Nueva York, México, Panamá, Chile y Perú.

Werner Bischof.  Fotografías de América

Curadores:  Marco Bischof / Jorge Cometti / Leila Makarius

Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco / Palacio Noel (Suipacha 1422 – CABA - Argentina)

INAUGURACION - Martes 2 de Agosto  - 19 hs (hasta el 15 de Octubre)

Cuando Werner Bischof, cansado del fotoperiodismo, quiso dedicarse a nuevas formas de expresión dentro de la fotografía, se embarcó, en el verano de 1953, hacia América, siendo su primer destino la ciudad de Nueva York. No encontró allí las mejores condiciones para sus inquietudes estéticas, clima que cambia en sus imágenes cuando, junto a su mujer Rosellina, cruza la frontera entre los Estados Unidos y México en una camioneta Station Wagon.

El 21 de febrero de 1954, encontrándose en Mc Allen, Texas, Werner Bischof expresa en su diario de viaje el impacto de ese cambio; “… Dos mundos se delimitan aquí. Sólo una avenida y un “Río Grande” (no tan grande) separan a los norteamericanos de los latinos. Viendo este inesperado y brusco pasaje, me resulta especialmente extrema la diferencia entre la forma de vida de ambos pueblos. Aquí el sistema de mercado con su riqueza, su uniformidad y esterilidad, allí las plazas con sus celebraciones populares donde se destacan puestos con pequeñas montañitas de fruta artísticamente presentadas o un carro donde una mujer de cabello renegrido prepara sus tortillas…”

¿Qué opina usted de la visión humanista de este reconocido artista de la lente?

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