La guerra de las antenas UMTS

Unas 4.000 antenas más en el paisaje suizo para el nuevo sistema UMTS.

(Keystone)

Mientras se espera con gran interés el inicio del servicio de la tercera generación de la telefonía móvil, la aparición de las antenas UMTS es combatida en toda Suiza.

La resistencia hacia la nueva ola de contaminación electromagnética cuesta miles de francos. Y casi siempre, sin éxito.

El 2004 quedará probablemente inscrito en la historia de la telecomunicación como el año de la llegada a Suiza y otros países europeos de la tecnología UMTS.

Estas siglas, que en inglés hacen referencia a los Servicios Universales de Telecomunicaciones Móviles, definen la tecnología que forma parte de la familia global IMT-2000 del sistema de comunicaciones móviles de tercera generación de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT).

Según los expertos, este ‘Universal Mobile Telecommunications System’ (UMTS) abrirá nuevos horizontes en el sector telefónico, permitiendo la transmisión rápida de grandes paquetes de imágenes, música y video, también en Internet.

No cuesta creerlo, si se consideran los miles de millones de francos invertidos por los operadores para el desarrollo de esta tecnología, la adquisición de las concesiones estatales y la implementación de la infraestructura de difusión.

Selva de antenas

Pero con su llegada, surge una nueva selva de antenas en toda Europa.

En Suiza, unas 1.000 instalaciones de transmisoras ya han sido implantadas durante el pasado año por las tres empresas que detentan la comercialización de esta nueva generación de aparatos telefónicos: Swisscom, Sunrise y Orange. Y aún faltan por ser instaladas otras 2.000 o 3.000 antenas más.

Luego de que la población fue sorprendida con la veloz invasión de la red de antenas GSM (‘Global System for Mobile Communication’), ahora se muestra con una feroz resistencia a esta cadena de transmisores.

“Prácticamente cada nueva antena provoca la oposición de la población. La gente se ha hecho más sensible al problema de la contaminación electromagnética”, advierte Christian Neuhaus, portavoz de Swisscom.

Pero no sólo la sensibilidad de la población ha aumentado en el último año: Este tipo de contaminación también se ha multiplicado por diez en las últimas dos décadas.

Incógnitas sobre los efectos en la salud

Diversas investigaciones indican una probable correlación entre la propagación de las ondas electromagnéticas y ciertos disturbios más o menos graves en la salud: desde dolores de cabeza al insomnio, hasta algunas formas de cáncer como la leucemia.

Pero, al menos por ahora, no se han presentando pruebas incontestables al respecto, ya que las razones de estos disturbios pueden ser tan múltiples como el número actual de enfermedades de nuestra sociedad moderna.

Ignorando las peticiones a favor de una moratoria, lanzadas por algunos representantes de la clase política y médica, las autoridades decidieron autorizar la instalación de las antenas.

La resistencia de la población se topó con pared. Los recursos y procesos judiciales emprendidos por los ciudadanos (cuyos costos ascendieron a miles de francos) retardaron tan sólo por algunos meses la instalación de los retransmisores.

“La oposición provocó retardos y costos muy altos. Sin embargo, las tres operadoras telefónicas probablemente podrán ofrecer una cobertura UMTS al 50% de la población, para finales del 2004, como está previsto en la ley”, prevé Bernhard Bürki, portavoz de la Oficina Federal de Comunicación.

Límites legales severos

Para tranquilizar a la población, las autoridades y las operadoras subrayan que la legislación suiza sobre radiaciones no ionizantes de la telefonía móvil prescribe limites 10 veces inferiores a los establecidos en muchos otros países europeos.

“Nuestras disposiciones se encuentran entre las más restrictivas, pero, por razones de naturaleza técnica, las radiaciones no son superiores en los otros países”, hace notar Josef Peter, director de MPA Engineering S.A., especialista en la lucha contra el denominado ‘electrosmog’.

Según Peter, más que la intensidad del campo electromagnético, el problema radica en el lugar donde se encuentran las antenas, colocadas a pocos metros de altura, en medio de barrios residenciales.

“Muchos disturbios serían fácilmente evitables si los operadores telefónicos se preocuparan por instalar sus antenas en lugares más retirados, teniendo en cuenta la salud de la población”, aclara.

El especialista se ha ocupado ya de unos 1.200 casos de este tipo de contaminación, entre ellos uno que afectó a un miembro del propio gobierno suizo.

Peter está convencido que las radiaciones no ionizadas alteran el sistema biológico, con efectos negativos para el organismo humano.

“El peligro mayor proviene probablemente del hecho de que las radiaciones no son continuas: la señal eléctrica se interrumpe y se restablece centenares de veces en un segundo, exponiendo al organismo a una continua tensión”, afirma.

“Por ello se requiere invertir en la investigación, más que en la oposición política”, opina el electrotécnico.

Protección posible

Aquellos que han buscado, sin éxito, oponerse a estas antenas, se encuentran ante dos posibilidades: cambiarse de lugar de residencia o solicitar a especialistas en campos electromagnéticos que les aconsejen la forma en la que pueden protegerse.

“Una antena telefónica puede compararse con un faro que irradia luz en torno a ella. Para no recibir sus rayos, uno puede esconderse tras de una barrera”, explica.

Existen diversos materiales compuestos que protegen de las radiaciones no ionizantes de la antena. Se pueden insertar en las paredes de las casas, o pueden montarse en forma de tienda o de postigo.

Pero el costo de la operación no es poco: Un análisis del caso puede costar entre 700 y 2.500 francos suizos y la instalación de la protección, entre 2.000 y 15.000 francos.

Antes de instalar definitivamente este material, el especialista controla normalmente todas las fuentes posibles de contaminación electromagnética y realiza un examen para descartar componentes psicológicos.

“En el 90% de los casos, los disturbios en la salud son debidos a otros factores: aparatos domésticos, computadoras, circuitos eléctricos. Pero la gente sólo se da cuenta del disturbio cuando se confronta al problema de las antenas...”, constata Peter.

swissinfo, Armando Mombelli
(Traducción: Patricia Islas)

Datos clave

En Suiza hay más de 9.000 antenas para los sistemas de telecomunicación GSM y GPRS.

Para la telefonía UMTS están previstas 4.000 antenas adicionales.

Contexto

Las tres operadoras de telefonía móvil –Swisscom, Sunrise y Orange– ofrecerán a partir de este otoño servicios UMTS.

De aquí a fines del 2004, deberán garantizar una cobertura UMTS a la mitad de la población.

La tecnología UMTS permite aumentar considerablemente la capacidad de transmisión de datos y de acceso a los servicios multimedia.



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