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Las caras de la clandestinidad

"Exigimos una vida decente y un rostro legal", indica la consigna de la niña.

(Keystone Archive)

La inmigración ilegal en Suiza tiene múltiples facetas. Se reproduce día con día y convive con la legitimidad.

Una política dura del gobierno suizo combate a los ilegales, muchos de ellos llegados de Latinoamérica.

Tonche llegó de la costa mexicana a Solothurn. La trajo a Suiza otra mexicana, madre soltera, para cuidar a su bebé y encargarse de las tareas domésticas. Tiene techo y comida, pero no percibe salario.

Karla es argentina. Espera en Lausana poder firmar su contrato de trabajo en una empresa conocida. Su título universitario, sus calificaciones y su experiencia profesional no evitan las trabas que tiene la compañía para obtener su permiso de trabajo.

Silvya y Bosco proceden de la otrora Yugoslavia. Viven en un poblado agrícola en una "habitación" de 2 m², sobre el lavadero de hortalizas de un agricultor a quien Silvya le significa una mano de obra accesible, de 10 francos la hora.

Bosco trabaja en la construcción en Biel. Él gana poco más que su pareja, algo que les permite tener planes a futuro "para rentar un cuarto con agua". Ambos deberían haber abandonado Suiza desde hace ya varios años.

Casos distintos de los miles que enmarcan la inmigración ilegal en Suiza, en donde habitan unos 300 mil indocumentados, según estimaciones de los sectores de ayuda a los 'sin papeles'.

Mano dura

Mientras la llegada de nuevos inmigrantes indeseados continúa, las autoridades federales mantienen una política dura contra la migración extraeuropea.

Las regularizaciones se dan a cuentagotas y la última palabra la tiene Berna, tras la decisión de los tribunales cantonales.

A dos años de haber surgido con fuerza en Suiza el movimiento 'sin papeles', exigiendo soluciones colectivas para la regularización de los indocumentados "nos damos cuenta que no somos muy fuertes frente a las autoridades", indica la suiza Sandra Modica, comprometida con la causa.

"Hay resultados pequeños, pero existen. Hay gente que ha obtenido el permiso... y el derecho a la salud para los ilegales no existía", advierte la secretaria permanente del Centro de Contacto Suiza-Inmigrantes, al aclarar que la falta de interés mediático no significa que los esfuerzos continúen: "La lucha sigue", empuña, con voz decida, desde Friburgo.

Ignorar las causas de la clandestinidad y cerrar el paso a nuevas olas migratorias es la premisa de los cantones (estados) helvéticos. Aunque algunos -Ginebra, Vaud, Berna, Friburgo y Neuchatel-.comienzan a intentar comprender la cara humana de la ilegalidad.

En juego intereses económicos

"El movimento de los 'sin papeles' ha permitido la visibilización del problema en la escena pública. Ha hecho que la gente se dé cuenta que hay muchos ilegales y muchos intereses económicos que permiten esa ilegalidad", aclara por su parte la doctorante en Trabajo Social, Myrian Carbajal Mendoza.

Carbajal conoce muy de cerca la vida en la clandestinidad, gracias a su tesis doctoral sobre mujeres migrantes ilegales, con revelaciones notables sobre la cara femenina de la migración latinoamericana en Suiza.

Una cara distinta a la que parecieran mostrar los varones indocumentados, quienes, podría pensarse, se descubren menos temerosos de sumarse a la lucha por defender, en colectivo, sus derechos a una vida y trabajo dignos, más al norte de sus países de origen.

swissinfo, Patricia Islas Züttel

Este reportaje continúa en 'MÁS SOBRE EL TEMA'

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