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Estreno suizo


Lera Auerbach: “Suiza es como mi segundo hogar”


Por Rodrigo Carrizo Couto


Lera Auerbach presenta en Suiza su última obra sinfónica. La compositora ruso – americana es una de las más prolíficas e interpretadas de nuestro tiempo. Encuentro exclusivo de swissinfo.ch con una artista que vale la pena descubrir.

Lera Auerbach, incansable. (Rodrigo Carrizo Couto )

Lera Auerbach, incansable.

(Rodrigo Carrizo Couto )

Lera Auerbach parece tener el don de la ubicuidad. Seguirla en las redes sociales da vértigo en vista de lo variado de sus actividades. Conciertos de su música en Europa y América, recitales de piano, escritura y muestras de arte contemporáneo ocupan el tiempo de esta artista de energía inagotable, quien se encuentra en Ginebra preparando el estreno suizo de su obra “The Infant Minstrel and his Peculiar Menagerie” de la mano de la prestigiosa Orchestre de la Suisse Romande.

Pero la historia de esta mujer que ha sido definida como “la última disidente soviética” empieza muchos años atrás. Y es una historia que merece ser contada.

De Siberia a Manhattan

Auerbach nace en la ciudad secreta Chelíabinsk 22, consagrada a la fabricación del armamento nuclear soviético. La pequeña Lera crece entonces en un universo cerrado, en el que no tendría ningún contacto con extranjeros ni influencias del mundo exterior. Hasta 1991. “Deserté a los 17 años, seis meses antes del hundimiento de la URSS”, rememora. “Entonces no podía moverme libremente, y había siempre conmigo “acompañantes” cuya misión era evitar que nos pasáramos a Occidente”.

Sin un centavo, sin hablar una palabra de inglés y sin saber si podría volver a ver alguna vez a su familia, Lera Auerbach decide en el trascurso de 24 horas dar un giro radical a su vida. Tras llamar a sus padres, estos le dicen que decidiera lo que decidiera, estaría bien. Es así que la escuchan músicos americanos y es admitida en la legendaria Juilliard Academy of Music. Elige la libertad y se queda en Nueva York.

Lera Auerbach

Nace en la ciudad siberiana de Chelíabinsk, URSS, en 1973, en una familia de científicos de origen judío. Comienza a componer sus propias obras a los cuatro años.

En 1991 decide desertar y quedarse en los Estados Unidos, poco antes del hundimiento de la URSS. Es admitida para realizar estudios en la prestigiosa Juilliard Academy of Music de Nueva York.

Además de pianista y compositora, Lera Auerbach publica libros de poesía y comienza a dar sus primeros pasos como escultora y artista visual.

Entre sus obras más celebradas figuran sus “24 preludios para piano y violín”, la ópera “Gogol”, la pieza “Icarus”, para gran orquesta, y el ballet “La Sirenita”, coreografiado por el histórico John Neumaier.

Vive y trabaja en Manhattan, Estados Unidos.

Una década más tarde su música comienza a imponerse y su nombre destaca entre lo mejor de la música culta de nuestro tiempo. Hasta su ballet “La Sirenita”. “En mi vida hay un antes y un después de esta obra*, explica. “Fue muy compleja de escribir, pero también muy exitosa, con más de 150 representaciones hasta el momento. Fue una obra tan trascendente que al terminarla, la firmé con mi sangre”. Y no lo dice en broma.

¿Cómo acepta su país de origen su música? “Es una pregunta difícil. La Rusia de hoy es un lugar complejo e impredecible. De hecho, creo que Rusia debe ser uno de los países donde menos interesa mi trabajo”. Vale la pena destacar que Auerbach no es una purista, y sus intereses musicales van desde Gesualdo a Björk. “Una mujer de un talento evidente, que ha desarrollado una voz propia muy interesante”, afirma enfática.

Pasión por  Suiza

La artista no es una desconocida en nuestro país. De hecho, la historia de amor entre Suiza y Lera Auerbach viene de largo. La propia compositora afirma sin dudar: “Suiza es como mi segundo hogar. Se ha terminado convirtiendo en mi casa cuando estoy lejos de casa”. Su presencia es ya más que habitual en el exclusivo Festival de Verbier, donde no es nada raro verla entre el público, en las numerosas fiestas y recepciones “après concert”, o en el escenario. Fue en Verbier donde el mítico pianista ruso Evgueny Kissin dio una lectura pública de sus poesías. Auerbach se ha presentado igualmente como solista de piano y en el contexto de conciertos de música de cámara. Fue también en Verbier donde tuvo lugar el estreno mundial de su pieza “Icarus”.

La creadora ruso americana precisa que también el Festival de Lucerna le ha encargado obra original. Pero no contenta con esto, Auerbach nos reserva otra sorpresa. “Tomo parte regularmente del World Economic Forum de Davos”, explica. “Y en 2007 fui elegida como Young Global Leader”. En tiempos más recientes, ha pasado largos periodos en Stein am Rhein y Schaffhausen, donde presentó sendas exposiciones de su inquietante obra visual, que comienza a generar interés entre galeristas y coleccionistas. “Además quisiera contarle que en Suiza he desarrollado una bonita amistad con Dmitri, el hijo del gran escritor Vladimir Nabokov. Otra buena razón de peso para venir a menudo. Me doy cuenta de que espero poder pasar cada vez más tiempo en Suiza, donde me siento tan a gusto y mi trabajo es apreciado”.

Pero entre tantos éxitos, la siberiana no deja de reflexionar sobre el desinterés que la música clásica genera entre los públicos más jóvenes. “Seamos francos”, analiza riendo. “Muy a menudo los conciertos clásicos son terriblemente aburridos. Estériles…con interpretaciones recicladas de los años 70, tocados por artistas que no asumen riesgos”. ¿Su solución? Pensar programas lo más creativos posibles. “El problema es que a menudo los programadores y los patrocinadores quieren ir a lo seguro. Les asusta incomodar a un público que tiene una edad media de 70 años. Esta actitud genera un círculo vicioso que hace imposibles los cambios”.

¿Alguna reflexión a modo de conclusión? La compositora y pianista comenta: “En todos los campos buscamos la innovación. En ciencia y tecnología, pero también en cine o literatura. No vivimos releyendo a Shakespeare, sino que pedimos nuevos dramaturgos. En el único campo que esto no ocurre es en la música. Si no queremos que la música clásica desaparezca en 30 años, necesitamos innovación. Sin creadores vivos, no habría cultura de hoy. Sin arte de nuestro tiempo, esta época será vista en el futuro como una edad oscura de la cultura”.

“The Infant Minstrel and his Peculiar Menagerie”

La pieza que será presentada este miércoles en Ginebra es una obra sinfónica de gran formato para orquesta, violín solista y coros. En palabras de su compositora: “el solista de violín interpreta el papel principal e introduce una colección de historias inventadas por el autor Erroneous Anonymous. El Niño Menestral guía así a los oyentes en un viaje imaginario en el que se perciben ecos de Lewis Carol, o incluso Tim Burton. A través de una serie de personajes humorísticos nos aproximamos a las tradiciones gaélicas y británicas del tiempo de los trovadores”. La obra será interpretada por el violinista Vadim Gluzman bajo la dirección de Edward Gardner con los coros de la Haute Ecole de Musique y las huestes de la Orchestre de la Suisse Romande en el Victoria Hall antes de seguir ruta hacia Lausana.

Conciertos:

Miércoles 9.11 – Victoria Hall, Ginebra 20:00 horas.

Jueves 10.11 – Teatro de Beaulieu, Lausana 20:15 horas

Viernes 11.11 – Victoria Hall, Ginebra 20:00 horas

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