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¿Censura en Cuba...?

De la película La Vida es Silbar.

(trigon-film.ch)

“La censura existe en todos los lugares del mundo”, afirma Eduardo del Llano. Entre los países industrializados, vía la “saturación”.

‘Parroquiano’ del Festival Internacional de Filmes de Friburgo, el guionista cinematográfico analiza el repertorio de sus afectos y desafectos.

“Yo he tratado siempre de no tener conciencia de la censura. O sea, entendámonos, la censura existe y de alguna manera existe en todos los lugares del mundo. Es una de las reglas del juego en todas partes. En algunos lugares es más visible que en otros”, afirma categórico.

A lo largo de una prolongada y deliciosa conversación en su casa en La Habana, este escritor cubano, adicto a la pluma desde niño, habla a swissinfo de su cine, de su país, de sus maravillas y desencantos. Le cedemos la palabra:

Diversas formas de censura

“Muchas veces, por ejemplo, en el primer mundo está lo que se llama la censura por saturación, que es que te ponen la noticia pero dentro de tantas noticias o de tantas cosas que tú nunca la ves pero está ahí. La saturación también es un mecanismo para anular corrientes alternativas del pensamiento.

Aquí no es eso. Aquí es censura por anulación en muchos casos pero yo siempre he tratado de no pensar en eso. Lo que te digo es nunca me digo este tema es muy fuerte no lo voy a escribir. ¡No! ¡No! Yo lo escribo y después si se puede hacer la película, si se puede publicar la novela. Bien. Si no, no. Pero yo lo escribo. Trato de no autocensurarme de antemano”.

El retiro de “Alicia”

La película ‘Alicia en el Pueblo de las Maravilla’, producida por Daniel Díaz Torres, con quien Eduardo escribió el guión, fue retirada de las salas cinematográficas apenas a un par de días de iniciada su proyección.

“Lo que pasó con la película me dio más matices de lo que pasa en Cuba. De alguna manera me mostró que la realidad en Cuba no era tan simple como yo creía, ni había una verdad para todos los tiempos".

¿Represalias?

“Puede haber casos o pudo haberlos. Pero en general yo nunca me he sentido realmente amenazado por la censura. A mí nunca se me ha ocurrido que puedo ir preso o algo peor por lo que escribo. No me ha pasado nunca. No le ha pasado a nadie que yo conozco.

Yo nunca me he sentido amenazado. Incluso, ya te digo, con Alicia, que fue lo peor. Yo era profesor de la Universidad, o sea que se supone que hubieran podido decir, bueno, tu no eres un ejemplo para nuestros jóvenes. No a mi no me pasó nada. Yo era profesor hacía poco tiempo y no me votaron ni me hicieron ningún consejo, no pasó nada. A Daniel tampoco le pasó nada”.

En su opinión, el propio sistema sintió que la reacción con “Alicia” había sido demasiado agresiva porque películas posteriores como Adorables Mentiras (92); Fresa y Chocolate (93), Madagascar (94), probablemente más críticas que “Alicia”, pasaron bien.

“A mí me es importante matizar estas cosas porque a veces la opinión pública en el primer mundo tiende a simplificar un poco la realidad cubana y ver solamente algunos aspectos y, por lo menos, esa es mi experiencia personal”.

Peor que la censura

“El cine cubano de los años 60 a finales de los 80 era sólo cubano y nosotros recibíamos no sé, la película virgen de la RDA y la tecnología de Rusia, en fin, básicamente, a través de la Comunidad de Estados Socialistas. Podría ser de poca calidad o lo que fuera, pero funcionaba.

“Después de todo eso, en los 90 el cine cubano tuvo que reinventarse, de modo que para mí su principal virtud es no haber desaparecido porque de una cinematografía que hacía 50 documentales al año y 8 o 10 hasta 12 largometrajes al año, pasamos a hacer uno o dos y, no sé, 10 documentales.

“Pero es un milagro que aún se sigan haciendo esas cosas, pero obviamente eso implicó que hay que buscar socios, con la vieja historia de que muchas veces los ‘partners’ esperan tal o tal cosa. Entonces la lucha es, cómo hacer la mejor película posible sin perder... porque se trata de hacer el cine así o no hacerlo. Es peor que la censura”.

En Cuba los clichés se politizan

“De alguna manera los clichés culturales son universales, los ingleses toman té a las 5 de la tarde, las francesas son todas medio fáciles... esos clichés existen, lo que pasa es que sobre Cuba esos clichés se politizan. Entonces yo trato, cuando voy por ahí, de matizar, de demostrar que se puede ser crítico sin que eso signifique que me quiero ir a Miami”.

La cinta ‘Hacerse el Zueco’, presentada en la 56 Edición del Festival Internacional de Filmes de Locarno, aborda ese aspecto de los estereotipos cuya persistencia se deriva de la falta de información.

Las incongruencias de la ley migratoria

“Del año 90 para acá se ha notado el cambio en cuanto a las facilidades. Pero aún, cosa que es muy molesta para mí, siempre tiene que invitarte alguien. O sea yo no puedo, aunque tenga 10 mil dólares ir a la oficina de Iberia y decir quiero un pasaje de ida y vuelta para este fin de semana a México, yo lo pago. ¡No! El gobierno cubano no te deja salir. Tiene que invitarte alguien. Tienes que tener una invitación de alguien de fuera.

"La ley migratoria cubana está llena de ese tipo de incongruencias y de cosas sin sentido. Publico un artículo el año pasado en una revista cubana importante, cuestiono la existencia del permiso de salida y la dificultada para viajar y todo eso. Y yo estaba bastante emocionado y me sorprendió que me aceptaran el artículo y lo publicaron, pero no pasó nada: ni me contestaron ni me vinieron a meter preso. ¡No paso nada¡ ¡Nada! De eso no se habla".

Los límites en la información

“Aquí por ejemplo tu no puedes tener Internet en casa. A muchos periodistas se los han puesto en la casa, hay gente que su centro de trabajo se los pone, pero yo no puedo. Si quiero y digo: yo lo voy a pagar, eso no existe, no se consigue, incluso el correo electrónico es difícil aunque más fácil que Internet, pero siempre al servidor de tu centro de trabajo.

“Y como digo Internet digo también periódicos y esas cosas. Periódicos cubanos puedes comprar pero no tienes acceso normalmente por ejemplo a El País, puedes ir a la Embajada de España y pedirlo pero no puedes comprarlo en el kiosco. No sé, ese tipo de cosas.

“Como si desconfiaran de lo que tu puedes hacer con eso. Pero por Dios ... Es un derecho, igual que lo de viajar. Esas son de las cosas que más me molestan y a las que menos yo puedo encontrarles matices. Para mí eso está mal y ya”.

La cultura cubana

“Si una cosa a mí me ata a este país a pesar de todas las cosas que no me gustan y de las cosas que quisiera cambiar, es justamente la intensidad de la vida cultural. La gente que he conocido aquí, lo que fue para mí en los años 80, cuando era estudiante, ir a la casa de los jóvenes creadores, escuchar conciertos de gente maravillosa, la voz de mi generación... dos pesos la entrada todas las noches y entrar en el cine y conocer a tantos escritores buenos.

“Hay gente que piensa que Cuba es solamente represión –incluso de la peor manera posible-, pero al mismo tiempo te hace sentir importante no solamente como valor que pueda tener la obra de arte que tú has hecho, valores o falta de, sino también de alguna manera como, como misionero de algo. Como que tu estás explicando a la gente, no para cambiarle su idea, simplemente para mostrarle que no todos pensamos igual o por lo menos para mostrarle que la realidad cubana, a mi juicio, tiene más matices”.


swissinfo, Marcela Águila Rubín de vuelta de La Habana

Datos clave

Eduardo del Llano ha participado en festivales de cine de Innsbruck (Austria); Locarno y Friburgo (Suiza); Munich (Alemania) y Karlovy Vary (República Checa).

Integró el Jurado Internacional del Festival Internacional de Filmes de Friburgo en marzo del 2002.

Ha sido guionista de diferentes filmes entre los cuales: Alicia en el pueblo de maravillas (Daniel Díaz Torres); Kleines Tropikana (Daniel Díaz Torres); La vida es silbar (Fernando Pérez), guión premiado en el Sundance Institute en enero de 1998; Hacerse el sueco (Daniel Díaz Torres) y Dalí Salvador (Fernando Timossi).

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Contexto

Eduardo del Llano nació en Moscú en 1962 y se graduó como Licenciado en Historia del Arte en la Universidad de la Habana en 1985.

Fue profesor de Historia del Arte Latinoamericano e Historia de la Fotografía en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de la Habana, de 1990 a 1995.

Cursó talleres sobre escritura de guión cinematográfico con los especialistas Jorge Goldenberg en Argentina, Tom Abrams y Walter Bernstein en Estados Unidos en 1995-96.

Impartió cursos sobre escritura de guión cinematográfico en Managua, Nicaragua en febrero de 2000 y New York, Estados Unidos en octubre de 2000.

Obtuvo los premios: Abril en 1988 y 1992, Italo Calvino en 1996, Calendario de la Asociación de Hermanos Saíz (AHS) en 1997 y el Premio de Cuento de Revolución y Cultura en 1998, entre otros.

Fue fundador y director del grupo de creación literaria y teatral NOS-Y- OTROS, desde 1982 hasta su desaparición en 1997. En composición del mismo, actuó en numerosos teatros en todo el país.

Compiló, coeditó y es autor de uno de los ensayos de Die kubanische Filmkomödie, Studien Verlag, Innsbruck, Austria, 2001.

Fue incluido en diferentes antologías nacionales y extranjeras. Sus cuentos fueron publicados en diferentes medios de México, España, Francia, Alemania, Austria e Italia.

Sus obras literarias:

Novelas: Aventuras del caballero del Miembro Encogido. Los doce apóstatas. Virus. La clessidra di Nicanor.
Novela fantástica: Obstáculo. Tres.
Cuento: Basura y otros desperdicios. Cuentos de relaxo I y II. Cabeza de ratón. El beso y el plan. Un libro sucio (en colaboración con Luis Felipe Calvo).
Cuentos fantásticos: Los viajes de Nicanor.
Poesía: Nostalgia de la babosa.
Cuentos y fábulas para niños: El elefantico verde.
Cuentos de ciencia-ficción: Criminales.

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