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«Dimitri» abre las puertas de su Museo del Humor

Dimitri, con su estilo peculiar, inauguró su museo.

(Keystone)

666 objetos de la colección personal del célebre «clown» suizo integran el centro. En Verscio, Suiza de expresión italiana, al lado de la Escuela y Teatro Dimitri, el nuevo museo completa la obra de uno de los más populares artistas suizos.

«El museo del humor era la última perla que le faltaba al collar», responde sonriente a swissinfo el célebre payaso suizo cuando explica que este museo era uno de sus sueños, después de haber creado su propio teatro y su propia escuela de artes del circo, en Verscio, pintoresca localidad de la Suiza de expresión italiana.

Mezcla de «clown», mimo, músico, actor, coreógrafo y acróbata, Dimitri Jakob Müller o, simplemente «Dimitri», no es un payaso tradicional. No es un mimo tradicional como Marcel Marceau, de quien fue su alumno, ni un humorista de cabaret. «Dimitri» es una mezcla equilibrada de casi todas las técnicas y lenguajes del espectáculo.

«Soy ese payaso, poco maquillado, de chaqueta verde y pantalón negro. Pero también tengo el alma del poeta»: dice el artista cuando describe con pudor su propio retrato dominado por dos exageradas cejas oscuras, flequillo y dos trazos verticales de negro intenso que fluyen de los ojos como inmensas lágrimas que añaden a su rostro un efecto dramático.

Nacido en Ascona en 1935, Dimitri ha hecho una brillante carrera suiza e internacional que le ha merecido figurar, al lado de «Grock»- otro suizo considerado como uno de los payasos más importantes de la historia del circo- en la galería de las celebridades del circo, en Delavan, Estados Unidos. Su más reciente gira por América Latina remonta a 1991.

En 1971, el «clown» suizo y su esposa Gunda fundaron en Verscio la Escuela y Compañía de Teatro Dimitri. Para el artista suizo la pedagogía de su arte es esencial.

Cada año, 8 profesores enseñan a unos 40 alumnos venidos de todos los rincones del globo, la improvisación, la danza, la expresión corporal, la educación vocal, la acrobacia y la prestidigitación. Pero ésta no es una escuela de payasos, sino para actores de arte dramático, porque, como «Dimitri» precisa: «la comicidad no se aprende, sino se descubre»

Al lado de la escuela-teatro, en una serie de vitrinas que invaden cuatro recintos, aparecen los 666 objetos personales del artista que han dado origen al Museo del Humor.

Instrumentos musicales, fotos, máscaras y cerámicas dan testimonio de la trayectoria del artista. Harald Szeemann, eterno cómplice del «clown» y autor, entre otras cosas de la Bienal de Venecia de 1998, ha puesto en escena y ha dado vida a la formidable colección de «Dimitri».

El nuevo museo completa la vasta obra de creación de un artista suizo que propone un mundo mejor basado en la sonrisa, el amor y la fraternidad. Aunque en muchos lugares se dice que los suizos carecen de humor, « Dimitri », uno de los más populares artistas suizos, es una demostración palpable de que también existe un arte suizo de la risa.

«En mi arte se mezclan esos elementos del espíritu suizo: el carácter pedante, meticuloso y preciso y el alma de los artistas suizos, las ovejas negras de nuestra familia, que exageran en el sentido opuesto, los poetas, los locos», sentencia el «clown».

Jaime Ortega

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