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"La ópera no se está muriendo"

Rubén Amoretti (izda) interpreta a Marcello en 'La Bohème', de Puccini. Sabine Savary

Nació hace 41 años en Burgos, lleva tres lustros en Neuchâtel y ha pisado algunos de los más grandes escenarios operísticos del mundo.

Este contenido fue publicado el 14 enero 2005 - 11:06

Su repertorio incluye ópera, zarzuela, canción española y tango. Hablamos del barítono español Rubén Amoretti.

Rubén Amoretti acaba de interpretar el papel de Marcello en La Bohème, drama en cuatro actos, basado en la novela Scènes de la vie de bohème de Henry Murger, con el que Giacomo Puccini (1858-1924) aportó a la ópera un nuevo tipo de héroes y un entorno totalmente desconocido hasta entonces.

Ambientada en el Barrio Latino de París, hacia 1830, la obra narra las aventuras amorosas de cuatro personajes de vida bohemia: Rodolfo, Mimí, Marcello y Musetta. El amor y desamor de estas dos parejas constituyen el principal hilo conductor de la trama.

Voz potente y dotes interpretativas

“Vocalmente”, el papel de Marcello, el pintor, “es interesante, aun cuando no tenga una típica aria donde uno se pueda lucir especialmente”, apunta Amoretti. “Pero a nivel de actor es un personaje interesante de desarrollar sobre el escenario”.

En efecto, el barítono español supo interpretarlo magistralmente. Destacó no sólo por la fuerza y el color de su voz, sino también por sus grandes dotes interpretativas.

“La música de Puccini es directa desde que empiezan las primeras notas”, comenta. “Para mí, personalmente, pero creo que para todos, es una música que enseguida te llena, que te llega al corazón, te muestra los sentimientos, te hace llorar...”.

Y es que la muerte de Mimí es probablemente una de las escenas más conmovedoras de todo el repertorio operístico. Cuando Rodolfo se percata de la pérdida de su amada, se desploma con un grito de dolor sobre el cuerpo de ella y cae el telón.

La Bohème “es una historia bonita entre amigos”, y a la vez, “una historia de amor que acaba mal”.

Próximos desafíos

Finalizada la gira por Suiza de La Bohème, Rubén Amoretti se concentra ahora en estudiar el papel de Don Giovanni, protagonista de la ópera homónima de Wolfgang Amadeus Mozart, que cantará próximamente en Portugal.

Pero el barítono tiene otra gran pasión: el tango. “Lo dejé un poquito aparte, cuando empecé a cantar ópera, y hace ya cinco o seis años que lo he vuelto a retomar en serio”, señala.

Acaba de estrenar en Neuchâtel la ópera de cámara Tango, mon amour, del compositor argentino afincado en París, Jorge Zulueta, quien fuera uno de los colaboradores más cercanos de Astor Piazzola.

La obra narra la ascensión y caída de Lucho Montoya, un cantante de provincia que llega a Buenos Aires con la intención de triunfar como intérprete de tangos y se ve atrapado en la complejidad de la gran ciudad y en un clásico triángulo amoroso.

Tango, mon amour intenta aunar dos géneros musicales completamente distintos. “A mí lo que me sedujo es que unía un poco los dos mundos, el tango con la ópera, y con el cabaret”.

“La historia es simple”, explica Amoretti que encarna al protagonista. “El telón se levanta, vemos un micrófono que desciende (...) y el narrador empieza a hablar y a contar la novela que poco a poco vamos viendo en el escenario con bailarines y cantantes”.

En el reparto figura Mimi Kozlowski, una de las destacadas intérpretes del nuevo tango argentino, cuya “voz rasgada” contrasta con la voz lírica del barítono español.

El vestuario vanguardista de Tango, mon amour, inspirado en la más pura tradición tanguera, lleva además la firma del diseñador francés de origen español Paco Rabanne.

“Y la música es una obra de arte”, comenta Rubén Amoretti. “Creó que dentro de poco formará parte del nuevo repertorio que se está generando entre el musical, el cabaret y la ópera”.

Versatilidad musical

“Cuando canto tango, intento que sea lo más natural posible. Una buena técnica está para eso, para poder cantar todo tipo de música”, sostiene el barítono.

“Creo que proyectos de este tipo, como el de Zulueta, aportan mucho a la música actual, aunque hay muchos detractores de estas ideas que piensan que el cantante de ópera nada más tiene que cantar ópera”.

“Me parece absurdo”, porque “siempre se ha hecho”. Y recuerda que grandes figuras líricas como Enrico Caruso o María Callas compaginaron el repertorio operístico con otros géneros.

Así, por ejemplo, el gran tenor interpretaba canciones de su Nápoles natal e incluso arias sueltas de zarzuela, “que vocalmente es difícil de interpretar”.

“La zarzuela me gusta mucho”. Existen dos géneros – el chico y el grande – siendo este último el que “más se aproxima a la ópera”, explica Rubén Amoretti.

“Hay zarzuelas de género grande que son preciosas, son verdaderas obras de arte”. Sin embargo, “no se exporta” este patrimonio cultural, lamenta. “No sé por qué”.

Popularización de la ópera

El gran tenor canario, Alfredo Kraus, solía decir que “es mejor culturizar al público que popularizar la cultura” y opinaba que los macroconciertos “no son ni música ni arte”.

Las tres estrellas del bel canto, Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y José Carreras, se han convertido en un auténtico fenómeno de masas, desde que dieron su primer concierto conjunto en Roma (1990).

“Yo no creo que se esté haciendo mal a la ópera. Simplemente hay que dar otro tipo de visión a los jóvenes, hay que enganchar al público de otra manera”, opina Rubén Amoretti.

“Estoy también en desacuerdo con la gente que dice que la ópera se está muriendo. Al contrario. Yo creo que se está dando a conocer a mucha más gente”.

swissinfo, Belén Couceiro

Contexto

Rubén Amoretti estudió canto en Berna con el barítono Dennis Hall, y en Estados Unidos con el tenor Carlos Montané.

Ha obtenido diversos premios en concursos internacionales y ha compartido escenario con tenores de renombre como José Carreras y Alfredo Kraus.

Tiene varias grabaciones y ha cantado en numerosos escenarios del mundo.

Vive en Neuchâtel y compagina el canto con la enseñanza y el cuidado de sus dos hijos, de dos y cinco años.

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