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“Suiza tiene que saber dónde quiere estar en el mundo”

Ignazio Cassis en su reciente visita a Argelia. Keystone / Youcef Dehouche

En esta entrevista concedida a swissinfo.ch, el ministro suizo de Asuntos Exteriores Ignazio Cassis se refiere a la identidad electrónica y los suizos residentes en el extranjero, a la nueva estrategia para África y al papel de Suiza en Oriente Medio.

Este contenido fue publicado el 24 febrero 2021 - 08:46

swissinfo.ch: Señor Cassis, la votación sobre el DNIe (identidad electrónica) será ajustada. Nos invitó a hablar con usted sobre esta cuestión. ¿Necesita el Consejo Federal (Gobierno) a los suizos residentes en el extranjero para lograr el voto afirmativo?

Ignazio Cassis: Sí, por supuesto que el Consejo Federal necesita a los suizos del extranjero. Necesita una mayoría. No importa si esta viene de dentro o de fuera del país. Pero los suizos en el extranjero tienen una razón más para votar a favor, porque necesitan servicios consulares buenos y adaptados a sus necesidades.

Adaptado a sus necesidades quiere decir que no tengan que viajar durante dos horas para identificarse en una ventanilla ni agobiarse enviando por correo su pasaporte o una copia del mismo. De hecho, la identidad electrónica sería la solución mágica que permitiría una identificación simple y segura para los servicios consulares.

La Organización de los Suizos en el Extranjero (OSE) ha creado un eslogan a favor del sí para la votación sobre el DNIe, pero con poco entusiasmo. El vicepresidente de la OSE, Filippo Lombardi, afirmó que el DNIe solo tiene una importancia relativa para la denominada Quinta Suiza. ¿Se equivoca, entonces?

En cualquier caso, no estoy de acuerdo. La gente suele mezclar las cuestiones del voto electrónico y de la identificación electrónica. Son cosas que no están directamente relacionadas entre sí. El voto electrónico también es posible sin un DNIe, pero sería mucho más fácil llevarlo a la práctica si la identidad electrónica ya existiera.

Durante años, la Quinta Suiza luchó contra la reducción de la red exterior suiza. Hace poco, el Departamento de Asuntos Exteriores que usted dirige confirmó que se están reforzando las representaciones más pequeñas. ¿Dónde está teniendo lugar ese refuerzo?

El análisis de necesidades está aún en curso. Pero estamos hablando de una reestructuración, no de una ampliación, porque estamos trasladando personal desde la sede central a la red exterior. En los últimos años hemos reducido puestos de algunas representaciones trasladando al personal y lo hemos reemplazado con personas contratadas localmente. Durante la crisis de COVID-19 nos dimos cuenta de lo importante que es una red externa sólida para apoyar a los ciudadanos suizos necesitados.

En una crisis tan global como esta las representaciones más pequeñas alcanzan rápidamente sus límites. Por supuesto, es posible intervenir desde Berna con personal de reemplazo, pero hay que reforzar algunas representaciones, tanto con personal consular como diplomático.

¿Ha sido solo la pandemia la que ha provocado este cambio?

No. El coronavirus ha revelado los puntos débiles con mayor claridad. Pero ya antes de la pandemia yo tenía la impresión de que algunas misiones estaban operando al límite de sus posibilidades. En parte debido a la limitación de recursos y en parte por falta de metas y mandatos definidos. Por lo tanto, desde el primer momento lo tuve claro: nuestra actividad principal no está en la sede de Berna, sino en nuestras representaciones en el extranjero.

En definitiva, un cambio con respecto a la estrategia anterior, ¿no es así?

No es algo blanco o negro. Evaluamos constantemente nuestra red externa para comprobar si está a la altura de los desafíos actuales. Se cierra un consulado general en un lugar y se abre uno nuevo en otro. A cuatro cierres le pueden seguir quizás cinco aperturas; hay que analizarlo en un eje temporal más largo. Entonces, puede verse que tenemos una presencia bastante constante en el mundo con 170 representaciones. Pero sí, también hemos cometido errores: Chicago fue uno de ellos. No deberíamos haber cerrado ese consulado general. He revocado esa orden.

En este momento, uno de los mayores problemas para los suizos residentes en el extranjero es el acceso a las vacunas. Muchos están pensando en viajar a Suiza para vacunarse. Al parecer, el Departamento de Asuntos Exteriores (DFAE) está en conversaciones con la Oficina Federal de Salud Pública (OFSP) sobre este asunto. ¿Hay alguna solución?

Ha habido conversaciones entre el DFAE [Ministerio de Asuntos Exteriores] y la OFSP, pero el tema principal que se trató fue la vacunación de los diplomáticos extranjeros en Suiza, así como del personal de la Ginebra internacional. En el caso de los suizos del extranjero, normalmente deben vacunarse en su país de residencia. Pero esto no excluye que puedan viajar a Suiza para vacunarse. No obstante, solo las personas aseguradas en Suiza tienen acceso gratuito a la vacuna.

Usted acaba de regresar de un viaje en el que ha visitado Argelia, Malí, Senegal y Gambia. ¿Ha habido algún avance en los acuerdos migratorios, especialmente con Argelia?

Argelia desempeña un papel fundamental para limitar la migración de África Occidental hacia el Norte, pero también en términos de protección a las personas desplazadas. Gracias a este país no hay problemas mucho mayores en las rutas migratorias desde África Occidental. Tuvimos ocasión de manifestar públicamente el reconocimiento de que Argelia está haciendo un buen trabajo.

Suele olvidarse el reto a que están sometidos estos países cuando hablamos de migración en Suiza. El reconocimiento de esta circunstancia abrió la puerta a la negociación sobre repatriaciones específicas, así como a acuerdos bilaterales de repatriación en general.

Pero el objetivo de Suiza es hacer que las repatriaciones funcionen, ¿no?

Eso es expresarlo de forma muy coloquial y es preciso mirarlo de una manera más diferenciada. Se trata de vidas humanas y sensibilidades interculturales. Por ejemplo, a Argelia le gustaría evitar las imágenes de los vuelos de repatriación por razones políticas internas, aun cuando las personas regresen voluntariamente. Ese tipo de sensibilidades deben ser tenidas en cuenta en las conversaciones y las soluciones constructivas deben elaborarse conjuntamente.

¿Cómo es la reputación de Suiza en los países que ha visitado?

El respeto por el hecho de que Suiza tenga su propia estrategia respecto a África fue enorme en estos cuatro países. Debe saberse que, por primera vez, Suiza dispone de una estrategia para África, es decir, una visión de la que se pueden derivar objetivos. Estos objetivos conducen a medidas, y los resultados de estas medidas pueden medirse en relación con los objetivos.

Eso suena a papel, no es muy concreto.

Pero lo es. Tomemos por ejemplo Malí, un país dirigido por un gobierno de transición. Sus habitantes viven en una gran inseguridad, a pesar de la considerable presencia de fuerzas de seguridad de todo el mundo. Nos ofrecimos a acompañar las próximas elecciones de primavera. También podríamos apoyar al país en la redacción de su Constitución.

Así es como Suiza participa activamente allí en la cooperación al desarrollo. Visité una lechería. Originalmente, las vacas daban de dos a tres litros de leche al día. Con nuestro conocimiento y una cría adecuada, ahora dan de 7 a 8 litros. El objetivo es 20 litros por día, diez veces más con el mismo esfuerzo.

¿Y por qué Suiza concede tanta importancia a Malí?

Hacemos una política exterior proactiva, que para mí es muy importante. La política exterior de Suiza suele considerarse oportunista y reactiva; aquí proporcionamos ayuda, allí ofrecemos nuestros buenos oficios. Todo esto es importante y queda, pero no es suficiente. Suiza tiene que saber dónde quiere estar en el mundo. Para ello, hemos desarrollado estrategias geográficas y temáticas. Mi viaje a África ha sido el punto de partida para la puesta en marcha de la estrategia para el África subsahariana.

En términos de migración, el Magreb es cada vez más importante. ¿Eso también aparece en su radar?

Sí, la creciente importancia del Magreb es el motivo de mi viaje a la región. Estuve en Egipto en 2019, pero ningún ministro suizo de Asuntos Exteriores había visitado Argelia en los últimos 15 años. Tampoco ha estado ningún ministro de Asuntos Exteriores suizo en Túnez, Marruecos o Libia desde hace muchos años. Estos países han estado un poco desatendidos en los últimos años, por lo que mi objetivo ahora es visitar uno tras otro.

Su visita a Jordania en 2018 sigue dando que hablar en Suiza. Ha sido objeto de ataques políticos a escala nacional, en parte porque en su momento se mostró crítico con la agencia de la ONU para la ayuda palestina UNWRA. ¿Cómo ve la situación de Oriente Medio en la actualidad?

El hecho de que un número cada vez mayor de países árabes haya normalizado sus relaciones con Israel es algo muy importante. Demuestra que en una región donde predomina el conflicto y la desconfianza, la cooperación y la reconciliación son también posibles. Al mismo tiempo, debemos tener cuidado de que esto no cree nuevas fisuras en Oriente Medio.

Esta dinámica positiva está llevando a los palestinos a volver a hablar seriamente de reconciliación interna. Por ejemplo, la Autoridad Palestina en Ramallah no puede decidir hoy lo que pasa en Gaza. Esta división debilita la legitimidad de las instituciones palestinas. Mi esperanza es que pronto se organicen elecciones y vuelvan a hablar con una sola voz. Entonces el mundo entero escuchará.

¿También Israel?

El año pasado visité por primera vez a mi colega en Israel y luego los Territorios Ocupados. Allí también me reuní con el primer ministro y con mi homólogo. Les dije a ambos: "Tenemos que volver a la mesa, pero no con los resultados finales en mente". También ofrecí Ginebra como sede para futuras negociaciones.

¿Suiza como mediadora en el conflicto de Oriente Medio? ¿Es algo realmente posible?

Durante esta visita volví a constatar la confianza de la que goza Suiza en ambas partes. Nuestros buenos oficios están a su disposición. Ahora las partes deben ponerse de acuerdo para negociar. Pero con las inminentes elecciones en Israel y en los Territorios Ocupados, supongo que habrá retrasos.

Pero el marco está establecido: Suiza defiende una solución de dos Estados.

Si. La solución de los dos Estados es el objetivo. El derecho internacional es el marco. Pero depende de las partes negociar cómo llegar a ese punto. Con el apoyo de Suiza y de la comunidad internacional.

Con la nueva presidencia en Washington, se barajarán de nuevo las cartas en la región. Joe Biden, por ejemplo, quiere poner fin rápidamente al conflicto de Yemen. ¿Otro trabajo para Suiza como mediador?

Por supuesto, hace tiempo que hemos ofrecido nuestros buenos oficios y estamos ya apoyando a la ONU en sus esfuerzos por encontrar una solución política para Yemen. La decisión de Joe Biden es importante. Tiene la capacidad de ejercer presión para lograr una solución política y pacífica al conflicto.

El 1 de marzo celebraré en Ginebra, junto a mi colega sueca, una conferencia de países donantes para obtener ayuda humanitaria. Las necesidades son inmensas. Realmente es hora de un alto el fuego permanente en Yemen.

Traducción del alemán: José M. Wolff

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