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Los pros y los contras del Prix de Lausanne

swissinfo/Thomas Kern

El prestigioso concurso para jóvenes bailarines premia cada año a los mejores talentos del mundo con una beca para proseguir su formación. Los críticos y artistas no siempre están de acuerdo sobre la utilidad de este certamen.

Este contenido fue publicado el 01 febrero 2013 - 11:02
Ghania Adamo, swissinfo.ch

Pese a su renombre internacional, el Prix de Lausanne no está exento de críticas. Tiene sus defensores y sus censores.

En espera de la final, el 2 de febrero, al término de la cual los ocho ganadores obtendrán una beca, hemos preguntado a Jean-Pierre Pastori, crítico suizo y experto en arte coreográfico, así como a Guilherme Botelho, coreógrafo brasileño afincado en Ginebra, qué opinan del Prix de Lausanne. De sus respuestas emergen dos campos, el de los clásicos y el de los modernos.

Un “concurso caduco”

Entre los modernos, Guilherme Botelho no duda en afirmar que “el Prix es un concurso caduco”. ¿Por qué?

“Porque el concurso de Lausana parece haber olvidado la danza contemporánea”, responde. “Las pruebas que los candidatos deben superar están orientadas hacia la danza clásica, muy codificada con sus piruetas, sus entrechats (paso entrelazado o trenzado, consiste en saltos repetidos cruzando las piernas velozmente por delante y por detrás alternativamente), los portés (elevaciones)… Deja poco margen a la creatividad del intérprete, que se expresa mucho más libremente en la danza contemporánea, que está más en sintonía con nuestra época, más orientada en un arte personalizado, capaz de desencadenar emoción”.

Guilherme Botelho, que realiza giras por todo el mundo con su compañía Alias, sostiene que la formación en danza contemporánea ocupa un lugar importante en las políticas culturales europeas.

“En Francia, por ejemplo, la mayoría de los centros coreográficos se dedican hoy a esta disciplina. Y en la Suiza de habla francesa existe desde hace dos años una formación en danza contemporánea reconocida en todo el país. Una prueba de que no podemos desatender esta forma de expresión artística”.

Jean-Pierre Pastori

Nacido en Lausana el 26 de septiembre de 1949, es periodista, escritor e historiador de la danza suiza.

Desde el 1 de enero de 2008, dirige la fundación del Castillo de Chillon (cantón Vaud).

Preside también la Fundación Béjart Ballet Lausanne desde 2012.

Entre los libros que ha publicado figura Une histoire de passions: la danse à Lausanne (Una historia de pasiones: la danza en Lausana), 2009.

Es Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, República Francesa (1999).

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Promover la excelencia

Jean-Pierre Pastori, defensor del campo de los clásicos, explica: “El programa de evaluación del Prix de Lausanne incluye una prueba de danza contemporánea. El problema radica en que muchos jóvenes coreógrafos no la reconocen como tal y ven en ella una disciplina neoclásica. Pero dejemos de lado esta diatriba”.

“La utilidad del Prix es otra”, prosigue. “Reside en la voluntad de ofrecer a los jóvenes talentos una formación en una de las grandes escuelas (como la Ópera de Paris o el Royal Ballet de Londres) que, de otro modo, no podrían costear de su bolsillo. Los concursantes que no necesitan completar su formación, en cambio, reciben una beca para realizar prácticas durante un año en una de las más renombradas compañías internacionales. Si luego queda una vacante en la compañía, el bailarín puede ser contratado como miembro del cuerpo de ballet”.

Y en el curriculum vitae de un bailarín es toda una referencia. A fin de cuentas, ¿el Prix de Lausanne no es una especie de empresa de reclutamiento? “No, su objetivo consiste, ante todo, en promover la excelencia”, responde Jean-Pierre Pastori.

Guilherme Botelho, por su parte, lo compara con una organización filantrópica destinada a respaldar económicamente a artistas dotados de gran talento, pero que carecen de dinero.

“La caridad no forma parte del Prix. No tiene nada que ver con otros concursos que se celebran en Tokio, Nueva York, Moscú… donde los candidatos reciben como única recompensa una medalla o un premio en metálico”, replica Pastori. “Lausana no es un lugar de alto rendimiento deportivo que se recompensa con un fajo de billetes. Insisto, ganan los concursantes que más potencial de desarrollo tienen”.

Guilherme Botelho

Coreógrafo brasileño que vive y trabaja en Ginebra.

Se inicia en la danza a la edad de 16 años.

Dos años después, es contratado como bailarín en el Gran Teatro de Ginebra.

En 1987, crea su  primera coreografía.

En 1993, se estrena en la coreografía independiente y crea su Compagnie Alias.

Entre sus obras destacan Le poids des éponges, Les cabots, Sideways Rain, Camelô…

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Competencia asiática

¿Un potencial del que carecen los candidatos europeos cuyo número se reduce año tras año frente a los candidatos asiáticos (China, Japón, Corea…) o latinoamericanos, con los brasileños a la cabeza?

“En Europa, no es que falte potencial, sino motivación”, opina Jean-Pierre Pastori. “Los jóvenes que viven en países ricos tienen miles de fuentes de distracción a su alcance. Y esto dificulta que se concentren en una disciplina dura como la danza, para la que se necesita un espíritu combativo”.

“Los jóvenes asiáticos, en cambio, son grandes luchadores, sin duda debido a que sus condiciones de vida son más duras que las nuestras”, prosigue. “A ello se suma que China y Japón, por ejemplo, cuentan con menos escuelas y compañías de danza que Europa. No sorprende, pues, que sus jóvenes tienten suerte en el Viejo Continente. Un francés, por el contrario, no sabe dónde elegir: Marsella, Lyon y París disponen de excelentes centros de formación”.

La presencia de candidatos brasileños en el Prix de Lausanne está relacionada con el auge económico que vive Brasil, según Guilherme Botelho. “Yo dejé mi país hace una treintena de años. Pero suelo ir a menudo de gira y observo que Brasil ha dado un paso de gigante en materia artística. La danza, por ejemplo, cuenta hoy con el respaldo de las autoridades públicas, mientras que en mi época no recibía ninguna subvención estatal”.

Prix de Lausanne

Beaulieu. El 41º concurso para jóvenes bailarines no profesionales se celebra en el Teatro de Beaulieu, de Lausana, del 27 de enero al 2 de febrero de 2013. Participan 78 candidatos, de entre 15 y 18 años, y de 23 nacionalidades.

Historia. Fundado por la bailarina rusa Elvire y su esposo, Philippe Braunschweig, la 1ª edición del Prix de Lausanne se remonta a 1973.

Evolución. Desde entonces, el concurso se ha asociado con cerca de 60 escuelas y compañías de ballet del mundo entero.

Internacional. Más de 4.000 candidatos de 70 países han participado en el concurso de Lausana.

Becas. Los más de 300 laureados han obtenido una beca para proseguir su formación y que les sirvió de trampolín para una carrera internacional. Entre ellos, los españoles José Martínez (1987), Mónica Zamora (1989) y Goyo Montero (1993), así como el cubano Carlos Acosta (1990).

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