Lugano luce las esculturas de Pomodoro

El artista italiano en el Parque Ciani ante su obra 'Giroscopio'. swissinfo.ch

El Museo de Arte Moderno ha instalado en el centro histórico de esta ciudad del sur de Suiza, la última exposición del escultor italiano Arnaldo Pomodoro.

Este contenido fue publicado el 22 abril 2004 - 10:48

Se trata de 32 esculturas de gran talla en bronce, hierro y acero. Son ruedas, estelas, esferas y pirámides colocadas en un periplo en forma de ceja, como bordeando el ojo magnífico del lago de Lugano.

Ya en otras ocasiones las calles de la ciudad han enmarcado esculturas realizadas por grandes artistas, como es el caso de Botero (1997) o de Mitoraj (2002).

El propósito de los organizadores es restaurar la añeja costumbre de colocar a la obra de arte en medio de los afanados transeúntes absorbidos por la prisa, de tal manera que se detengan un momento frente a la joya escultórica.

Las obras de arte se encontrarán al alcance de todos, “formando parte del tejido urbano”, indica el escultor Pomodoro.

El artista, quien fuera orífice en su juventud, explica a swissinfo a qué se debe su preferencia por el bronce para sus esculturas:

“De esta forma puedo trabajar inicialmente con la creta, que me da la posibilidad de excavar en la materia, lo que no podría hacerse, por ejemplo, con el mármol. Lo que busco es dejar una huella impresa en la tierra, igual que hiciera el hombre de la antigüedad.”

El arte de Pomodoro es concreto. Lo que intenta es transformar, efectivamente, el lugar en donde se coloca su escultura.

Se trata generalmente de piezas lúcidas, cuyas superficies reflejan todo lo que les rodea, excepto en ciertas partes de sus cuerpos, donde se descubren pliegues.

Son hendiduras que revelan “lo que existe dentro de las cosas mismas, lo que hay bajo toda esa perfección”, aclara Pomodoro.

El costo de la belleza

Es el caso del obelisco ‘Cassodoro’ (bronce, 1988), que nos trae a la memoria el monolito que aparece en el film de Kubrik, '2001, Odisea en el espacio’ como un signo de la civilización humana, la cual puede ser descifrada leyendo ese código magnético.

Lo que nos deja entrever esta escultura de Arnaldo Pomodoro, a través de sus partes vulneradas a lo largo de su liso cuerpo en forma de rectángulo, son los complejos mecanismos interiores que sostienen todo el sistema.

Aprendemos que una lograda superficie esconde complejos proyectos y mucha labor. Es como adivinar el costo de la belleza.

Todo ello se nos antoja como un eco de lo que por las elegantes calles del centro de Lugano se observa si nos fijamos en los detalles: el lujo y la perfección de las superficies en las vitrinas de tiendas exclusivas cubriendo los afanes de seres humanos atrapados en el frenesí y en el caos de una ciudad.

Recorramos pues las calles engalanadas de esta ciudad en ocasión de la muestra abierta hace unos cuantos días; admiremos las perlas exquisitas del arte engarzadas en telas de asfalto y de adoquín; caminemos buscando confines, como escribe muy a propósito el crítico de arte Flamino Gualdoni, citando a Heráclito:

“Y por cuanto sigamos caminando, o recorriendo largas bahías, no llegaremos jamás al confín del alma: así de profundo es su logos”.

La exposición de Lugano se puede visitar hasta el 13 de junio del 2004.

swissinfo, Lupita Avilés, Lugano

Datos clave

La exposición de Pomodoro en la ciudad de Lugano se puede admirar hasta el 13 de junio del 2004.

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