Vida & tercera edad

Porqué la ayuda al suicidio es “normal” en Suiza

Este contenido fue publicado el 19 marzo 2019 - 11:56
Corinna Staffe (ilustración)

Suiza es la Meca del suicidio asistido: muchos extranjeros viajan a ella específicamente para morir con la ayuda de una organización. En otros países sorprende que el suicidio asistido se considere una opción legítima al final de la vida en Suiza. 

En 2014, This Jenny, un conocido parlamentario suizo, se quitó la vida con la ayuda de la organización de acompañamiento a la muerte, Exit. Con cáncer en el estómago, se encontraba en fase terminal. La televisión suiza le dio seguimiento durante las últimas semanas e hizo del suicidio asistido un documental. Tras la muerte del político, no surgieron protestas ni polémicas, sino reacciones de simpatía y admiración. ¿En qué otro país sería concebible algo semejante?  

El suicidio asistido es ampliamente aceptado por la población suiza. Cada vez más personas consideran esta opción y se convierten en miembros de una organización ad-hoc. “En Suiza sabemos que esta posibilidad existe si la necesitamos”, dice la profesora de Ética Samia Hurst-Majno de la Universidad de Ginebra. “Los casos de suicidio asistido siguen siendo raros, incluso en Suiza. Pero muchas personas se sienten tranquilas por la existencia de esta posibilidad, incluso si nunca llegarán a utilizarla”.   

Votaciones y encuestas populares muestran que la mayoría de la población no quiere prohibir la asistencia al suicidio. En 2011, poco después de que el electorado del cantón de Zúrich rechazara rotundamente una iniciativa que quería prohibir la ayuda al suicidio, el Gobierno suizo decidió renunciar a disciplinar la asistencia organizada al suicidio a nivel nacional. Y lo sigue haciendo, a pesar de que la Corte Europea de Derechos Humanos ha reprendido a Suiza por la situación jurídica en el tema, que no es suficientemente clara. 

Para Samia Hurst-Majno, una posible explicación es el hecho de que las reglas suizas sobre la eutanasia indirecta y pasiva han estado vigentes durante mucho tiempo. Eso ha contribuido a generar confianza entre la población en que la legalización no conduce al abuso. “Confiamos en que los enfermos mentales sean remitidos a servicios de prevención, que se examinen todas las demás alternativas y que el suicidio asistido esté disponible, solo como último recurso, para las personas con un deseo racional de suicidarse”, afirma la profesora. 

A principios del siglo XX, Suiza, como muchos otros países, despenalizó el suicidio. “Si el suicidio es un delito, la asistencia al suicidio es un acto de complicidad”, explica Samia Hurst-Majno. “Sin delito, sin embargo, la complicidad también desaparece”. 

Por esta razón, tuvo lugar un debate en Suiza en el que se acordó hacer del egoísmo el punto decisivo: “Cualquier persona que ayude a suicidarse a alguien de quien dependa financieramente o de quien herede, debe ser castigado”, explica la experta. “Sin embargo, si no hay tales razones egoístas, ayudar no es un delito”. 

En la mayoría de los países, la eutanasia activa o el suicidio asistido están prohibidos. Suiza es uno de los muy pocos países donde incluso los extranjeros pueden recurrir al suicidio asistido. Por eso se ha desarrollado el denominado “turismo de la muerte”: hay personas que vienen específicamente a Suiza para morir. 

Según Dignitas, probablemente la organización internacional más conocida, en 2019 más del 90% de sus miembros residían en el extranjero.

Exit, la otra organización que ayuda en Suiza a aquellos que deciden poner fin a su vida, informó que en 2018 acompañó a 1 204 personas y que su membresía ascendía a 120 117 personas. 

Sin embargo, si las personas que quieren morir no sufren de una enfermedad en fase terminal, sino que están cansadas de la vida o tienen enfermedades mentales, la ayuda al suicidio causa controversia, incluso en Suiza. En esos casos, hay médicos que no están dispuestos a extender la receta para un medicamento letal. 

Las organizaciones suizas de ayuda al suicidio se aseguran de que las personas mayores que están cansadas de vivir, sin enfermedades terminales, tengan un acceso más fácil a los fármacos letales. 

Algunas organizaciones suizas incluso han hecho presión para la legalización del suicidio asistido en otros países. Con este fin, se comprometen a varios niveles: procesos modelo, procedimientos de consulta, cabildeo, publicidad y relaciones públicas. 

Según su punto de vista, la ayuda al suicidio algún día debería ser legal en todo el mundo, para que nadie tenga que acudir a Suiza en su busca.  

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