Innovar o proteger: retos de la IA en materia de propiedad intelectual
Para hacer frente a la amenaza que implica la inteligencia artificial (IA), legisladores y tribunales de todo el mundo se apresuran a aplicar y actualizar las leyes de derechos de autor.
Ante la recopilación de datos que hace la IA, el Parlamento suizo debate una ley para proteger a periódicos, revistas, emisoras y otras empresas de medios de comunicación del país. Los legisladores tratan de equilibrar la necesidad de proteger los derechos de edición ya existentes y el potencial de crear nuevos sistemas digitales beneficiosos para la sociedad.
Otros muchos países se enfrentan al mismo dilema, y ya están explorando distintas soluciones. La encargada de supervisar es la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (WIPO, por sus siglas en inglés), que tiene su sede en Ginebra. Esta agencia de las Naciones Unidas actúa como foro para que los 194 Estados miembros lleguen a un consenso sobre las normas de propiedad intelectual.
La WIPO, tal y como afirma, «está al servicio de los innovadores y creadores de todo el mundo, garantizando que sus ideas lleguen al mercado de forma segura y mejoren la vida de las personas de cualquier parte». Las normas de derechos de propiedad intelectual también deben dejar espacio a la innovación tecnológica. Y esto a veces genera conflictos con los titulares de los derechos.
Las demandas van sobre todo contra las empresas de IA en EE. UU.
«Muchas formas de disrupción tecnológica han desafiado los derechos de autor en el pasado», explica a Swissinfo Garrett Levin, alto directivo especialista en derecho y política de propiedad intelectual y tecnologías de vanguardia.
«Pero la IA puede producir contenidos que no pueden distinguirse de los que generan las personas mediante el entrenamiento con material protegido por derechos de propiedad intelectual. Eso es lo que diferencia la IA de otras innovaciones disruptivas anteriores».
Esta combinación de entrenamiento con datos sujetos a copyright y la creación de nuevas obras similares a las humanas es lo que distingue la IA de otras innovaciones disruptivas, como la fotografía, la fotocopia y, más recientemente, YouTube y la transmisión de música. Un informe de la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores (CISAC), de 2024, estimaba que la IA podría reducir para el año 2028 hasta una cuarta parte los ingresos de quienes se dedican a la música.
Este mastodonte de la IA ha originado cantidad de demandas por infringir los derechos de autor de obras que, sin licencia ni pago, se han utilizado para entrenar a la IA. Según datos del sitio web chatgptiseatingtheworldEnlace externo, que hace un seguimiento de los casos judiciales abiertos, el 17 de octubre de 2025 había 79 demandas contra empresas de IA por derechos de edición. Dos tercios de los casos se han iniciado en Estados Unidos.
Únicamente un puñado de demandas se originaron fuera de Norteamérica. El periódico Folha de São Paulo de Brasil y Asian News International de la India, por ejemplo, han demandado a OpenAI, el creador de ChatGPT. Los medios de comunicación japoneses Yomiuri Shimbun, Nikkei y Asahi Shimbun reclaman daños y perjuicios a la empresa de IA Perplexity.
«La ley de propiedad intelectual puede abordar estos retos»
Las empresas de IA, por lo general, contraargumentan con el «uso legítimo», una doctrina que a menudo se utiliza para respaldar nuevos trabajos basados en contenidos ya existentes, como críticas, estudios académicos, parodias y adaptaciones.
No está claro qué es lo que va a prevalecer. La mayoría de los juicios están todavía en curso y las pocas sentencias judiciales que ha habido han arrojado resultados dispares.
Este mes, por ejemplo, la agencia alemana que recauda los derechos de autor GEMA ha ganado una demanda presentada contra OpenAI en un tribunal de Múnich. En Londres, sin embargo, en un caso contra Stability AI, no han aceptado la mayor parte de los argumentos que ha presentado la empresa estadounidense de fotografías de archivo Getty Images.
Levin cree que la gran cantidad de demandas es una señal de que la ley de propiedad intelectual es sólida y funciona correctamente, y que los tribunales se están adaptando a las nuevas aplicaciones de las normas existentes. «Los titulares de derechos no están pidiendo cambios masivos en la ley de propiedad intelectual, sino que están utilizando la ley de propiedad existente», cuenta.
«Es demasiado pronto para decir que debemos romperlo todo y reescribir la ley de propiedad intelectual. Estoy seguro de que la ley de propiedad intelectual es capaz de abordar estos retos, incluso a la velocidad a la que la IA está evolucionando».
Suiza, el único en debatir sobre la IA y la propiedad intelectual
Otras disputas se han resuelto fuera de los tribunales con acuerdos de licencia que implican que las empresas de IA paguen derechos a los productores de contenidos.
La empresa estadounidense de IA Anthropic ha acordado pagar 1.500 millones de dólares a quienes escribieron los libros cuyo material se utilizó para entrenar modelos de IA. The New York Times, Washington Post, Axel Springer y los sellos discográficos Warner, Universal y Sony también han llegado a acuerdos con empresas de IA.
Algunos países están abordando el impacto de la IA en la propiedad intelectual a través de la legislación, pero —según Levin— el único que está debatiendo activamente una ley adaptada específicamente a este problema es el Parlamento suizo.
«La mayoría de la legislación se dirige a crear estrategias nacionales para abordar una amplia gama de cuestiones políticas, como la privacidad de los datos, la propiedad intelectual y los derechos humanos», afirma. Este enfoque lo están adoptando, entre otros, la Unión Europea, Brasil y Corea del Sur.
Un tratado internacional es poco probable
La tecnología de IA está todavía en sus inicios y se desconoce qué impacto tendrá. Quienes lo regulan intentan ponerse al día y, en general, los países se contentan con aplicar sus propias soluciones legales.
«Siempre está el riesgo de que la falta de coordinación al elaborar políticas dificulte el consenso en el mundo. Pero todavía no hemos visto entre los Estados miembros mucho interés por un tratado internacional sobre la IA y la propiedad intelectual», dice Levin.
«Tenemos que analizar detenidamente el equilibrio entre incentivar la creatividad humana y fomentar el desarrollo de tecnologías revolucionarias. Debemos garantizar que ambas cosas puedan coexistir», añade.
Editado por Gabe Bullard. Adaptado del inglés por Lupe Calvo. Revisado por Carla Wolff.
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