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Un suizo al ritmo del 2x4

Philippe Haener y Lucía Berdou tienen mucha conexión y un lindo abrazo. Ph. Haener

Se llama Philippe Haener, es ginebrino y acaba de participar en el II Mundial de Tango de Buenos Aires en la categoría Salón, donde hizo una muy buena actuación.

Este contenido fue publicado el 26 agosto 2004 - 10:34

El músico, diseñador y politólogo, de 28 años, conoció el ritmo del 2x4 cuando se enamoró de una bailarina argentina.

Más de 300 parejas de bailarines, de las cuales 60 eran extranjeras, participaron en el II Mundial de Tango de Buenos Aires, que se desarrolló del 14 al 22 de agosto e incluyó fiestas, conciertos, recitales y actuaciones callejeras, además de las pruebas competitivas.

Philippe Haener participó en la categoría Salón -la otra era Escenario- junto a su compañera de baile argentina Lucía Berdou, y aunque tuvieron un excelente desempeño, no alcanzaron a ganar la competición internacional.

“Todavía me falta ser más ‘canchero’”, señala Philippe a swissinfo, en perfecto acento porteño, a la hora de autoevaluarse bailando el tango.

“No participamos tanto para ganar como para aprender. Queríamos conocer el nivel del concurso”, asegura .

“En Tango Salón éramos casi 200 parejas. Había de todo: principiantes y experimentados y gente que iba de los 16 hasta los 77 años. Bailamos tangos de Carlos Di Sarli, Osvaldo Pugliese y Juan D’Arienzo. Lo importante era cambiar los ritmos para ver si el tipo baila sobre la música o si baila porque sabe los pasos solamente.”

A puro baile…

Philippe venía ensayando con Lucía, bailando con estos autores, y ambos eran conscientes de las cualidades que el jurado evaluaría.
“Se evalúa musicalidad, postura, cadencia, caminata y sé que también se fijan en la ropa”, explica. “Yo usé traje, pero creo que con toda la onda de la gente joven que viene, que es toda una onda de tango nueva, también la ropa debe cambiar un poco”.

Claudia Bozzo, directora de La Escuela del Tango -una institución ubicada en pleno centro de Buenos Aires, con 14 años de antigüedad y más de un centenar de alumnos-, es la responsable de las buenas artes de la pareja de bailarines suizo-argentina.

“Philippe y Lucía vienen desde hace más de un año y medio a estudiar, y lo que pasó con ellos es que se ‘encontraron’ como pareja; tienen la misma frecuencia”, cuenta la profesora.

“Creo que Philippe se enamoró de la Argentina y de su cultura. Cada vez está más porteño, se incluyó espontáneamente y se conecta muy bien con la gente de acá.”

“Ahora él descubrió el abrazo, que es lo que tiene que ver con la seguridad, con el controlar el cuerpo y la energía. Es algo que lleva tiempo, pero que él ya está alcanzando”.

“Yo les recomendé que participen, porque tienen un baile muy sólido, mucha conexión, un lindo abrazo y mucha cadencia. Ellos tienen un estilo particular, muy sutil”, subraya Bozzo.

Tango por amor

Philippe empezó a estudiar a tango por amor. Y es que el joven suizo conoció hace tres años por ‘chat’ a Alejandra, una bailarina argentina con la que hoy vive en Buenos Aires.

“Siempre conversábamos (por chat) sobre el tango y Piazzola, y además mi mejor amigo es Lucas, otro argentino con quien hice todos mis estudios en Ginebra”, recuerda.

“Nos encontramos la primera vez en Bruselas, ella bailaba tango y pensé: si en una pareja uno baila tango y el otro no, va ser un problema. Entonces empecé a estudiar tango para acercarme a ella y me entusiasmó. ¡Ahora Alejandra está más dedicada a terminar sus estudios y yo dedicado al tango!”.

Con alma de porteño

Escuchar de boca de Philippe expresiones como “la mina”, “el tipo”, “la milonga”, “las gambas” o “la tenés clara”, resulta tan simpático como revelador del nivel de comunión que ha alcanzado con los códigos del lenguaje tanguero y porteño.

Confiesa que en un futuro le gustaría dar clases de la danza del 2x4. “Por ahora lo que trabajé mucho y mejoré es la postura. Yo quería tener muchos pasos, muchas figuras, levantar las gambas y todo eso, pero era como desarmado y terminaba la mina por ahí, pobre”, explica entusiasmado sus progresos.

“Pero me dije: pará, ya tenés la técnica, ya tenés las figuras, ahora ponete las pilas para los detalles. Vamos a pulir”, agrega.
“Y empecé. Tenía problemas para el abrazo y lo mejoré mucho. Lo más difícil ahora es la musicalidad. Entrar adentro de la música, pisar a tiempo, y que te lleve la melodía”.

“Para mí, como suizo, el tema tiene que ver con la seguridad. Yo no quiero molestar a la pareja, soy muy respetuoso. Me falta ser más ‘canchero’, sobre todo por como son las minas argentinas, que tienen un carácter fuerte y cuesta ponerles el cuerpo por delante como para manejarlas, como es en el tango”.

swissinfo, Norma Domínguez, Buenos Aires

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