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Retrospectiva Eduardo Arroyo


“Suiza son tres idiomas unidos por un paisaje”


Por Rodrigo Carrizo Couto, Thun (Berna)


Eduardo Arroyo es uno de los más destacados representantes de la figuración narrativa y la Neofiguración española que se desarrolla en Europa a comienzos de los años 1960. (Rodrigo Carrizo Couto                                        )

Eduardo Arroyo es uno de los más destacados representantes de la figuración narrativa y la Neofiguración española que se desarrolla en Europa a comienzos de los años 1960.

(Rodrigo Carrizo Couto )

El Museo de Arte de Thun acoge la primera retrospectiva mayor en Suiza de Eduardo Arroyo, uno de los artistas españoles contemporáneos más cotizados. La muestra incluye obras de artistas suizos que han influenciado al polifacético creador madrileño.

Eduardo Arroyo nace en Madrid en 1937 y es uno de los máximos representantes de la figuración narrativa y de la Neofiguración española con vínculos al pop art. En 1958 se exilió en París por razones políticas. Su obra fue redescubierta en los años 80, con el retorno de la democracia a España.

Hoy, su obra es parte de la colección permanente de los principales museos nacionales, como el Museo Reina Sofía, el IVAM de Valencia o el MACBA de Barcelona, e internacionales, como el MOMA de Nueva York o el Museo de Arte Moderno de París. El Centro Pompidou le ha dedicado una gran retrospectiva.

En 1995 participó en la Bienal de Venecia. Y en el año 2000, el Ministerio español de Cultura le otorgó la Medalla al Mérito de las Bellas Artes.  

Eduardo Arroyo accedió a conceder una entrevista exclusiva a swissinfo.ch con motivo de la presentación de ‘The Swiss Chapters’ en el ‘Kunstmuseum Thun’.  Además de la imponente retrospectiva, el creador madrileño presenta estos días el libro de recuerdos ‘Bambalinas’.

swissinfo.ch: ¿Cuándo vino a Suiza por primera vez?

Eduardo Arroyo: Fue en 1965. Vine para preparar una exposición en la Galería Bollag, de Zúrich. Aproveché para visitar la casa de Lenin, pues entonces me divertía mucho un cuadro de Dalí con cabezas de Lenin puestas sobre el teclado de un piano. Quise ver si me inspiraba algo, pero no fue así.

swissinfo.ch: ¿Y qué le atrajo tanto como para volver siempre?

E.A.: En esa época, yo vivía en Milán. Me atrajo mucho la cercanía con Italia. También me interesaron los mitos y leyendas suizos. Pero, posiblemente, lo que más me llamó la atención fue la originalidad suiza con respecto al resto de países de Europa. Además, tuve la suerte de que mi trabajo interesara a coleccionistas privados y museos suizos. Desde entonces he expuesto mucho en Suiza.

También pasaba tiempo en Berna, pues había una escuela de boxeo célebre en aquellos tiempos que me interesaba mucho y con la que hicimos algunos proyectos. Además, me encantan las salchichas y el chocolate, por eso los incluyo en mis cuadros, así como a Guillermo Tell, los bancos, ciervos y naturalmente los Alpes: todas metáforas de Suiza.

Eduardo Arroyo: Guillermo Tell (1972), litografía 46 x 65,5 cm (Kunstmuseum Thun)

Eduardo Arroyo: Guillermo Tell (1972), litografía 46 x 65,5 cm

(Kunstmuseum Thun)

swissinfo.ch: ¿Cómo nace esta retrospectiva?

E.A.: Helen Hirsch, la directora del Kunstmuseum Thun, vio una exposición mía en Palma de Mallorca y le interesó mucho la relación entre arte y literatura que hay en mi trabajo. Así comenzamos a hablar. Esto fue hace tres años. El resto del tiempo fue un duro trabajo para poner en pie ‘The Swiss Chapters’ y conseguir el préstamo de tantas obras. Estoy contento. Aunque fue difícil de montar, esta exposición es muy ilustrativa de mi trabajo. Y hay esculturas como el ‘Ramoneur’ (deshollinador)que pertenecen a la colección permanente del Museo de Arte de Lausana y que nunca antes había sido prestada. 

swissinfo.ch: Hablemos de los artistas suizos que le han influenciado.

E.A.: Primero me gustaría decir que es algo bastante insólito homenajear de esta forma a los artistas suizos en una muestra dedicada a mi obra. Ceder tanto espacio a otros creadores no es lo habitual, pero me alegra ver el resultado.

En cuanto a su pregunta, como artista en general me han marcado mucho De Chirico, Picabia, Max Ernst y Léger. Pero en esta muestra se pueden ver también piezas de artistas suizos que me han influenciado mucho, como Meret Oppenheim o Tinguely. Admiro también a Félix Vallotton, quien me parece un enorme pintor.

Saliendo de los artistas plásticos, Robert Walser me seduce porque en sus textos encuentro una gran inspiración. Es un escritor formidable que se interesa por fábulas y mitos que me han marcado. Además, aunque Walser no pinta, encuentro que su obra literaria tiene mucho de pictórico y me interesa la pintura literaria. Otros elementos que marcan mi trabajo son la memoria, el recuerdo y los diarios personales.

swissinfo.ch: ¿Recuerda alguna anécdota especial de su relación con ellos?

E.A.: Pues sí. Tinguely me ignoraba, no tenía ninguna simpatía por mí. Supongo que a causa de mi obra en la que yo asesinaba a Duchamp, por quien Tinguely tenía gran estima. Esta obra que menciono puede verse hoy en el Reina Sofía de Madrid.

Pero aún mejor es la historia con Giacometti. Fuimos buenos amigos y le he tratado muy de cerca, pues íbamos al mismo restaurante de Montparnasse. Me apreciaba mucho por el hecho de ser español. Nos tenía idealizados a causa de la Guerra Civil. Pero lo gracioso es que Giacometti nunca supo que yo era artista, a pesar de ser amigos mucho tiempo. Yo no me atrevía a decírselo, su prestigio me intimidaba.

swissinfo.ch: Usted se implicó en la situación de los emigrantes españoles en Suiza en los años 70 y lo reflejó en su obra. Hoy, los hijos y nietos de esos emigrantes vuelven a emigrar a Suiza. ¿La historia se repite?

E.A.: No, porque los emigrantes de hoy son gente formada. A mí me ha tocado ver a los emigrantes españoles que venían con maletas de madera atadas con cuerdas. Creo que nos hemos olvidado de la epopeya de esos emigrantes españoles que salieron a trabajar en condiciones espantosas. Incluso hice una obra basada en un suceso trágico que tuvo lugar en 1972. Entonces, un emigrante italiano entró a un bar de Zúrich a tomar un café y fue asesinado a golpes por un grupo de neonazis locales. Ese drama me marcó profundamente.

swissinfo.ch: ¿Y en su caso? ¿Cómo fue la experiencia del exilio?

E.A.: Cuando llegué a París, trabajaba descargando bananas en el Mercado des Halles de día…y dibujando caricaturas en el Sena de noche. Y la verdad es que me divertía como un loco. Pero tuve el privilegio de no ser un emigrante pobre. Mi padre era farmacéutico y yo recibí una educación burguesa en el Liceo Francés de Madrid. Yo ya hablaba francés perfectamente a los seis años.

La exposición

The Swiss Chapters’ es la primera retrospectiva mayor que consagra un museo suizo a la obra de Eduardo Arroyo. La muestra abarca un amplio panorama de la obra del creador español, pasando por esculturas, litografías, esculturas y dibujos.

Considerado como un maestro de la figuración narrativa, Arroyo reivindica la toma de posición ante las problemáticas sociales y políticas, e incluye en su trabajo numerosas referencias literarias. En Thun pueden descubrirse diversas obras de Arroyo que toman prestados elementos de la mitología suiza, de su historia y su paisaje.

La muestra incluye igualmente piezas de grandes creadores suizos que han influido en su trabajo: desde una inmensa obra de Tinguely, prestada especialmente para ‘The Swiss Chapters’, como piezas de Giacometti, Meret Oppenheim o Felix Vallotton. El Kunstmuseum Thun alberga más de 7 000 obras de arte suizo, desde el periodo clásico hasta nuestros días.

El museo propone visitas guiadas en español con Gabriela González, historiadora del arte del Centro Paul Klee (reserva con dos semanas de antelación). La exposición puede visitarse hasta el 7 de agosto.

swissinfo.ch: Usted adquirió también renombre internacional como escenógrafo y decorador de ópera y teatro…

E.A.: He trabajado con algunos de los más grandes, como Gérard Mortier [director de ópera belga]. De hecho, una obra que se presenta en Thun recupera el mito de ‘Don Giovanni’ a partir de un montaje que hicimos juntos. Pero mi relación más sólida con las artes escénicas fue mi colaboración con Klaus Michael Grüber [actor y director de escena alemán], con quien montamos unas 30 obras, entre lírica y teatro. Incluso hicimos ‘Fausto’ y ‘Boris Godunov’ en la Ópera de Zúrich.

swissinfo.ch: ¿Sigue usted trabajando para la escena?

E.A.: Pues no, dado que mi amigo Grüber murió hace cinco años. Nuestra relación era muy intensa, e iba más allá de la relación normal entre un director de escena y un escenógrafo. Ahora, el método de trabajo ha cambiado mucho y me sería imposible repetir esa simbiosis con otro director.

swissinfo.ch:¿Siempre quiso ser artista?

E.A.: No, en realidad quería ser periodista. Por eso me matriculé en la Escuela de Periodismo de Madrid. Me interesaba más escribir y me ha influido mucho la literatura americana. Me hubiera gustado ser periodista o autor de novela negra.

swissinfo.ch: Usted vive y trabaja entre París y Madrid. ¿Nunca pensó en instalarse en Suiza?

E.A.: Mire usted, vivo entre París y Madrid, además de tener una casa en León. No puedo vivir en veinte sitios a la vez. Además, debo admitir que mi relación con Italia ha sido aún más intensa. Tanto es así, que soy perfectamente trilingüe. Mis tres idiomas son el español, el francés y el italiano.

swissinfo.ch:Defina lo que es Suiza para usted en una frase.

E.A.: Vaya pregunta más complicada que me hace usted… Creo que Suiza son tres lenguas unidas por un mismo paisaje, lo que me resulta muy interesante. Y hablando de idiomas, creo que los intelectuales suizos son más interesantes que el resto, sobre todo, porque, justamente, son capaces de hablar tres o cuatro idiomas sin problemas. Esta rareza los hace ser únicos y muy abiertos.

De hecho, los suizos me parecen muy divertidos, aunque probablemente nadie lo diría (risas).

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