Navigation

Skiplink navigation

Robert Walser, homenajeado en Madrid

Lugwig Boettger en el papel del joven en la pieza 'Liebestraum' de Robert Walser. Keystone Archive

Teatro, conferencias, películas y mesas redondas analizan la obra del escritor suizo cuya personalidad ejerce un extraordinario magnetismo sobre autores de nuestro tiempo.

Este contenido fue publicado el 26 febrero 2007 - 16:00

En el cincuenta aniversario de su muerte, estas jornadas pretenden desvelar y profundizar en la obra de uno de los novelistas menos conocido y más enigmático del siglo XX.

Bajo el título 'La nieve que arde. Tres jornadas en torno a Robert Walser' el Ayuntamiento de Madrid ha organizado una serie de actos con los que se quiere rendir homenaje a la figura del escritor nacido en Biel.

La novelista Menchu Rodríguez, responsable del evento, señala para swissinfo: "El seminario no persigue alcanzar la interpretación de Walser, sino proporcionar diferentes lecturas, más desde la emoción que desde el conocimiento".

Y es que hablar de Robert Walser es tarea bastante complicada, porque a su natural inclinación a pasar desapercibido, a no destacar, se aúna en él "una especie de ocultación, de misterio que sobrevive a cualquier análisis", añade la escritora.

Importancia de su obra

Walser es uno de esos escritores a los que la fama de sus admiradores le ha hecho más conocido que la lectura de sus propias obras. En efecto, autores de la talla de Hermann Hesse, Walter Benjamin, Elias Canetti o Franz Kafka encomiaron sus novelas.

Su obra "estaba destinada a perpetuarse como un fantasma tutelar de la literatura alemana" señala Luigi Amara, y así su influencia puede rastrearse en autores suizos como Max Frisch y Dürrenmatt, pero también en otros escritores de lengua germana como Thomas Bernhard, Siegfried Lenz o Uwe Johnson.

Sus textos proponen una auténtica desautorización a los sentidos. Walser está en contra de la apariencia de las cosas. Afirma que todos los objetos son y no son lo que parecen. Defiende un modo de actuar conforme a los deseos, sin concesiones al convencionalismo ni a la voluntad de conservar.

Consecuentemente, eso significa vivir para hoy, matar la esperanza y el porvenir, porque la visión de futuro esclaviza nuestro presente. Pero no se trata de acogerse al principio del carpe diem, sino de asumir la máxima austeridad, la pobreza si es necesario.

Prestigio poético

El prestigio de Walser –un prestigio, no obstante, siempre moderado y algo rancio– se asienta en sus primeras novelas: 'Los hermanos Tanner', 'El ayudante' y sobre todo 'Jakob von Gunten'.

Sin embargo, es en sus microgramas –textos desordenados y algo caóticos, escritos a lápiz y con una letra minúscula- donde puede observarse mejor su predilección por los objetos insignificantes y los detalles ínfimos, su voluntad de habitar regiones marginales.

En esas piezas menores, editadas hoy en libros como 'La rosa' y 'Escrito a lápiz', puede rastrearse mejor que en ninguna otra el deseo walseriano de no llegar a ninguna parte, de perderse entre los objetos sin propósito definido.

Trastornos mentales

A finales de los años veinte empezaron a presentarse los primeros síntomas de locura. Walser comienza a sentirse acosado por sueños obsesivos, voces interiores, pesadillas frecuentes. Sus paseos se convierten en interminables jornadas de marcha, sin fin ni destino conocido. Intenta sin éxito el suicidio.

En 1929, Walser, acompañado de su hermana, se presenta en el manicomio de Waldau. Pocos años después sería trasladado al asilo de Herisau, en el que permanecería hasta su muerte.

Desde el momento de su ingreso no volverá a producir una sola línea, afirmando que para escribir le era necesaria la libertad. "Me siento como una estufa a la que se le ha acabado el combustible", dirá a su amigo Carl Seelig en el curso de una de las visitas que éste hacía al enfermo.

Walser murió el 25 de diciembre de 1956. Su cadáver apareció tendido sobre la nieve, "con la palidez de una muchacha un poco anémica", escribiría después Seelig en su libro 'Paseos con Robert Walser'.

Curiosamente, Walser había escrito cincuenta años antes el mismo final para el protagonista de una de sus novelas: "Sebastián Tanner apareció muerto un día frío y pálido de invierno, tendido sobre la nieve monótona".

swissinfo, José M. Wolff, Madrid

Vida y obra

Robert Walser nació en Biel, cantón de Berna en 1878. Residió en Berna y Zúrich, así como en Stuttgart y Berlín. Publicó quince libros. Murió mientras paseaba el día de Navidad de 1956, cerca del manicomio de Herisau, donde había vivido recluido los últimos veintitrés años de su vida.

La mayor parte de la obra de Walser está traducida al español y publicada en diversas editoriales: 'Las composiciones de Fritz Kocher' (1904) (Eudeba); 'Los hermanos Tanner' (1907) (Siruela); 'El ayudante' (1908) (Eudeba); 'Jakob von Gunten' (1909) (Siruela); 'La rosa' (Alfaguara); 'Vida de poeta' (Siruela); 'Microgramas' (Alfaguara); 'Escrito a lápiz' (Alfaguara)

End of insertion

Reconocimiento póstumo

Aunque el autor nunca gozó de éxito en vida e incluso tuvo algunas dificultades para editar sus libros hoy sus obras están traducidas a 30 lenguas.

En español las editoriales Siruela, Eudeba y, recientemente, Alfaguara han publicado la mayor parte de sus novelas, poemas y colecciones de cuentos.

La crítica divide tradicionalmente la obra de Walser en dos etapas: La primera, que cubre las dos primeras décadas del siglo XX, se caracteriza por una producción narrativa escrita en géneros convencionales desde un punto de vista formal.

La segunda, a partir de 1917 o 1918 está compuesta por los microgramas, una colección de textos inconexos, escritos a lápiz con letra liliputiense, integrada por poemas, diálogos teatrales, cuentos, etc.

End of insertion

Este artículo ha sido importado automáticamente del antiguo sito web al nuevo. Si observa algún problema de visualización, le pedimos disculpas y le rogamos que nos lo indique a esta dirección: community-feedback@swissinfo.ch

Compartir este artículo