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Escenarios arquitectónicos Inmersión en la arquitectura suiza

Una delictada torre de 11 metros de alto en el delta del Reuss, cerca del lago de los Cuatro Cantones

La única estructura construida por el hombre en el delta de Reuss en el lago Lucerna: una torre cónica para observar aves y la belleza natural erigida a partir de 48 troncos de abeto plateado.

(Lucia Dagonda )

Suiza, pese a su tamaño, esconde ejemplos de arquitectura excelentes. Y, como revela un libro recientemente publicado, aunque no todo se construye teniendo en mente la belleza, los mejores arquitectos suizos se distinguen por transformar ‘materiales viejos’ en tesoros duraderos o efímeros.

El libro ‘Swiss Sensibility: The Culture of Architecture in SwitzerlandEnlace externo’ (Sensibilidad suiza: la cultura de la arquitectura en Suiza), escrito en formato de ensayo lírico y con fotografías y dibujos de alta calidad, pretende ser un homenaje de 256 páginas al secreto creativo y a la maestría comedida de los arquitectos suizos que gozan de una cultura compleja del diseño arquitectónico. Sus limitadas prácticas creativas están respaldadas por un sistema educativo sólido, unos acabados de excelente calidad y unas licitaciones públicas que impulsan a las jóvenes promesas.

El albergue del San Gotardo. 

(Ruedi Walti )

De entre cientos de posibilidades, Anna Roos, la autora del libro, se ha centrado en 25 construcciones diseñadas en Suiza por 15 importantes corrientes arquitectónicas del país. Las edificaciones elegidas van desde la imponente y austera majestuosidad de la hospedería San Gotardo, en el paso del mismo nombre, hasta la fragilidad poética de una torre de vigía de 11 metros de altura en el delta de Reuss, junto al lago de los Cuatro Cantones (Lucerna), pasando por la fresca elegancia de un campo base provisional, formado por tiendas de aluminio y madera e instalado en el Cervino en 2014 mientras el histórico refugio de Hörnli era renovado.

“La moderación, perfectamente impuesta, que a menudo se ve en la arquitectura suiza es precisamente lo que le da fuerza”, escribe Roos mientras admira el albergue alpino del San Gotardo, que se mimetiza a la perfección con el entorno escarpado en el que se asienta.

Peso en la historia

Los suizos han destacado en la arquitectura durante siglos. El arquitecto de la región de habla italiana Francesco Borromini y sus contemporáneos, Gian Lorenzo Bernini y Pietro da Cortona, fueron figuras notorias en el Renacimiento italiano. Borromini empezó aprendiendo de su padre, un cantero. 

Charles Edouard Jeanneret, más conocido como Le Corbusier, es el arquitecto suizo más famoso del siglo XX. Él también comenzó aprendiendo de su padre, que se dedicaba a pintar esferas de relojes. Bruno Giacometti,Jacques Herzog, Pierre de Meuron, Mario Botta y Peter Zumthor son otros de los nombres de los arquitectos que han ayudado a situar la arquitectura suiza reciente en el mapa del mundo.

La entrevista que Roos hace a Zumthor en su casa de Haldenstein, en el cantón oriental de los Grisones, ocupa la parte central del libro. En el transcurso de la misma, Zumthor describe cómo, después del auge de la construcción en los años sesenta y setenta del siglo XX, hubo que “reconstruir la reputación del arquitecto” mostrando responsabilidad hacia el medio ambiente y respeto por el pasado.

El trabajo del prestigioso arquitecto grisón ganó fama internacional, principalmente por asumir proyectos complicados. Sus reconocimientos anteriores incluyen el Premio Pritzker –la distinción de arquitectura más prestigiosa del mundo–, en 2009, y la Medalla de Oro del Real Instituto de Arquitectos Británicos (RIBA), en 2013. Su galardón más reciente es el Gran Premio 2017 de la Asociación de Arquitectos Alemanes (BDA), otorgado el 1 de julio en reconocimiento al trabajo de toda su carrera.

Zumthor es conocido por emplear materiales que responden adecuadamente a la ubicación y función de los edificios, así como por la calidad ambiental de los espacios interiores. Comenzó su carrera como carpintero tras aprender de su padre, un ebanista. En su entrevista con Roos, Zumthor compara su proceso de trabajo con el del compositor y director de orquesta.

“Quiero hacer algo que funcione bien y que se adapte al lugar; igual que si fuera para mí. Tiene que entusiasmarme. El edificio tiene que encajar en el lugar y adaptarse a su uso”, dice. “Diseño un edificio como se compone una pieza de música, como si escribiera un libro, o redactara un poema. Y así es como tiene que ser”.

Niveles de detalle

En los últimos años, los jóvenes arquitectos helvéticos han preferido, en vez de la piedra, diseños modestos y madera comprimida. Hormigón y chapa metálica. Todo ello ligado a las preocupaciones económicas, ambientales y de ahorro energético. Mientras trabajaba en su libro Roos encontró algunos críticos de arquitectura que utilizan el término ‘suizo’ como sinónimo de “buen diseño”.     

“El hormigón es un material que se utiliza con frecuencia en Suiza, aunque con un grado de profesionalidad sensacional”, cita Andersen como ejemplo.

Una de las 25 tiendas de aluminio y madera instaladas para los escaladores en el verano de 2014 en el Cervino (Matterhorn).

(Gaudenz Danuser )

“El hormigón es un material que se utiliza con frecuencia en Suiza, aunque con un grado de profesionalidad sensacional”, cita Andersen como ejemplo.

Significado de los materiales

Desde un punto de vista estético, no todos los edificios de Suiza están bien diseñados. Y a pesar de ello, incluso los más triviales suelen estar bien construidos. El icónico chalet suizo, que se popularizó en el siglo XIX, aparece en un amplio abanico de variantes, desde la cursilería kitsch hasta la elegancia del siglo XXI. La mayoría de ellos construidos a base de materiales que soportan bien el clima alpino.

Los mejores arquitectos helvéticos fusionan lo moderno con lo antiguo, lo natural con lo urbano y lo lujoso con lo económico. Confían en una arraigada tradición artesanal en talla de piedra, carpintería y otros sectores afines y, según indica el libro, se produce una división de clases entre el arquitecto y el artesano.

Anna Roos

La arquitecta sudafricana Anna Roos ha estudiado en Londres, y vivido y trabajado en París y Fráncfort. Desde hace 17 años reside en la capital suiza, Berna, donde enseña arte y escribe para revistas de arquitectura en Gran Bretaña, los Países Bajos, Corea del Sur y Suiza.

El libro ‘Swiss Sensibility: The Culture of Architecture in Switzerland’ (Sensibilidad suiza: la cultura de la arquitectura en Suiza) ha sido publicado en inglés por la editorial especializada Birkhäuser Verlag, con sede en Basilea. Está disponible también en alemán y francés.

Con esta obra Roos se ha propuesto describir la “dedicación, pasión e integridad” de la arquitectura suiza.

(Dominique Uldry)

Otros factores importantes son la práctica de los arquitectos que trabajan en el ámbito universitario; los clientes que respetan el buen trabajo y tienen los medios para pagar por ello; y el profundo conocimiento que los arquitectos suizos tienen de sus materiales de trabajo.

“Esta comprensión profunda, de carácter físico, de crear elementos con materiales antiguos (madera, piedra, vidrio, hormigón) brilla a través de los edificios de muchos arquitectos suizos, tanto a lo largo de la historia como ahora”, escribe Roos.

El escritor suizo-estadounidense R. James Breiding también aporta su tesis y destaca que la precisión, sobriedad, seguridad y fiabilidad son para él las principales características de la arquitectura helvética. Los 26 cantones y sus 2 249 comunas (municipios), “colectivamente son un laboratorio para el experimento arquitectónico e, individualmente, un sueño para cualquier arquitecto en ciernes”, expresa. 

El entorno

Motivada por su curiosidad por el enfoque suizo del diseño, Roos proporciona las perspectivas internas y externas necesarias para explicar las mentes suizas que hay detrás de estas espectaculares construcciones y la mezcla de influencias que originan lo que ella describe como una “rica y arraigada tradición de arquitectura en Suiza”.

Roos, arquitecta, profesora y escritoraEnlace externo, hace hincapié en que los arquitectos suizos tienden a mostrar una relación íntima con el paisaje, incluso en entornos urbanos. “Está ahí la capacidad de mostrar las cualidades innatas del material, por la cualidad en sí, y de ponerlas juntas de manera que retiene el tiempo fuera, parece puro y conciso y está bellamente construido”, dice Ross.


Traducción del inglés: Lupe Calvo, swissinfo.ch

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