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La canciller alemana, Angela Merkel, líder de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), se reúne con otros partidos políticos en busca de un acuerdo para formar gobierno el 7 de noviembre de 2017 en Berlín

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¿Estamos asistiendo al fin de la canciller Angela Merkel, de 63 años, 12 de los cuales en el poder? La política conservadora que parecía anclada en el gobierno de Alemania corre ahora el riesgo de una salida sin gloria.

Tras el fracaso este lunes de madrugada de las negociaciones con los liberales del FDP y los Verdes para formar un gobierno de coalición, parecen probables unas elecciones anticipadas.

¿Encabezará Merkel la candidatura de su familia política? Nada es más incierto, después de haberse visto muy debilitada por su ajustadísima victoria en las legislativas del 24 de septiembre -el peor resultado conservador desde 1949-, la histórica entrada de la ultraderecha (AfD) y ahora su incapacidad para formar gobierno.

"Fuera de Alemania, se la sigue viendo con admiración cuando entra en su decimotercer año en la cancillería. Pero, en su país, la admiración flaquea", resumía la semana pasada el influyente semanario Der Spiegel.

El diario conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung diagnosticaba por su parte una "erosión del poder" de la canciller, elegida por primera vez en 2005.

"Madre Angela", como la apodó la prensa alemana, había logrado hasta ahora una trayectoria política sorprendente, fortaleciéndose crisis tras crisis.

En los últimos cinco años, apareció como verdugo de los países europeos con dificultades fiscales, como "madre Teresa" de los refugiados que huían de guerras y terrorismo y como "líder del mundo libre" tras la elección de Donald Trump hace un año.

Paradójicamente, fue la acogida de cientos de miles de migrantes en 2015 la que a la vez le dio su estatura histórica y puso las bases de su declive.

En septiembre de 2015, dejando a un lado su famosa prudencia, Merkel decidió abrir su país a 900.000 solicitantes de asilo, una medida que le hizo perder mucha popularidad y provocó un auge de los populistas.

¿Quién habría apostado en 2005, tras su ajustada victoria contra el canciller socialdemócrata Gerhard Schröder, que esta dirigente poco carismática acabaría considerada como la "canciller inamovible"?

Esta austera hija de un pastor protestante criada en la Alemania del este se impuso como un animal político singular, cuyo lugar en la historia sigue siendo tan incierto como los principios por los que se guía.

Merkel heredó en gran medida la prosperidad económica impulsada por las impopulares reformas de Schröder, pero sus propios esfuerzos para preparar el futuro son cuestionables.

Además de su decisión de cerrar las centrales nucleares de su país tras la catástrofe de Fukushima (Japón) en 2011, una medida para satisfacer a la opinión pública, la crisis migratoria fue el principal acontecimiento de sus tres mandatos y, tal vez, el único riesgo que asumió.

- "Aikido" político -

Pero, a excepción de la crisis migratoria, Merkel ha sabido imponer su estilo atípico, que mezcla un gran conocimiento de las relaciones de poder, con un enorme pragmatismo -que suscita críticas sobre su supuesta falta de convicciones-, y una retórica muy sobria.

"Su forma de actuar recuerda el aikido", ese "arte marcial de los débiles", que consiste en "utilizar la energía de su adversario para dejarle caer por sí solo", analizaba hace poco el diario Handelsblatt.

De su vida privada, se sabe que ocupa un piso sin florituras en el centro de Berlín y sus pocas pasiones conocidas son la ópera y las excursiones en el Tirol con su segundo esposo, un científico de renombre y alérgico a la vida pública, Joachim Sauer.

Merkel tuvo una infancia austera en el campo en la República Democrática Alemana (RDA), adonde su padre se trasladó con toda su familia desde Alemania Occidental para contribuir a la evangelización del Estado comunista.

Alumna aventajada que disfrutaba de las matemáticas y el ruso en la escuela, años después obtuvo un doctorado en Física Cuántica.

Esperó a la caída del Muro de Berlín, a finales de 1989, para entrar en política, primero como portavoz del último gobierno de la RDA y luego como miembro de la conservadora Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Helmut Kohl.

Fue el entonces canciller, el "coloso", quien le dio sus primeras responsabilidades ministeriales. En aquella época, Kohl la llamaba con tono paternalista "la chiquilla".

Pero en 2000, aprovechando un escándalo financiero en el seno de su partido, eliminaría a su padre político y a todos sus rivales masculinos para alcanzar la presidencia de la CDU.

Todos habían subestimado a esta mujer, que cinco años después se convertía en la primera canciller de Alemania.

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AFP