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El presidente de EEUU, Donald Trump, saluda el 31 de mayo de 2017 en la Casa Blanca, en Washington DC

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, puede abandonar el Acuerdo de París sobre el clima, pero las grandes corporaciones estadounidenses no han esperado una señal gubernamental para comenzar a reducir sus emisiones de carbono.

Antes de que Trump planteara siquiera la posibilidad de desechar la participación estadounidense en el famoso tratado de 2015, Coca-Cola y el gigante de la ingeniería General Electric (GE) ya se habían comprometido a reducir sus huellas de carbono en un 25% y 20%, respectivamente, para 2020.

Mientras tanto, Apple se jacta de conducir sus operaciones en Estados Unidos con un 100% de energía renovable.

"Creemos que el cambio climático es real", señaló el director general de GE, Jeff Immelt, el mes pasado, marcando un claro contraste con un Gobierno que cuenta con destacados funcionarios que niegan la existencia del cambio climático.

El gigante de la agroindustria Monsanto señaló a la AFP que estaba "comprometido" a ayudar a "los agricultores a adaptarse y mitigar el cambio climático".

Incluso los pesos pesados ​​del sector energético -esos que aparentemente tienen más que perder con normas ambientales más duras- se están uniendo a la tendencia iniciada por el acuerdo de París, cuyo objetivo es mantener el calentamiento global "muy por debajo" de 2 grados centígrados respecto a los niveles preindustriales.

El gigante petrolero Chevron "apoya continuar con el acuerdo de París, ya que ofrece un primer paso hacia un marco global", dijo la portavoz de la empresa, Melissa Ritchie.

Su rival ExxonMobil recientemente exhortó a la Casa Blanca a que no abandonara el tratado sobre el clima para responder eficazmente a los "riesgos" climáticos.

- Actitudes cambiantes -

Hace apenas unos años, el mundo estadounidense de los negocios utilizaba todo su peso para impedir las negociaciones sobre el clima, lo que condujo al colapso de una cumbre en 2009 en Copenhague.

Sin embargo, muchas empresas ahora ven su imagen en juego en Estados Unidos, donde las encuestas de opinión indican que el público está preocupado por el calentamiento global y quiere permanecer dentro del Acuerdo de París.

Si bien la conciencia ambiental creciente ha jugado su papel, la conversión corporativa de Estados Unidos no es solamente el resultado de un impulso por hacer lo correcto.

"Las empresas están aumentando sus compromisos en el área climática independientemente de la decisión (de Trump) porque les ahorra dinero, reduce sus riesgos y, lo más importante, es una oportunidad masiva de mercado", dijo Kevin Moss, del Instituto de Recursos Mundiales.

Los principales inversores están dejando los combustibles fósiles y las empresas se se enfrentan a una creciente presión para adaptar sus modelos de crecimiento a un mundo sin carbono.

"Nuestros clientes, socios y países están exigiendo tecnología que genere energía al tiempo que reduzca las emisiones, mejorando la eficiencia energética y reduciendo los costes", dijo Immelt de GE.

En los últimos años, los precios del petróleo están por el suelo, con un barril de crudo de referencia rondando los 50 dólares, por debajo de los más de 80 dólares de hace una década. Como resultado, invertir en el sector es mucho menos rentable.

Como señal de estos tiempos, los accionistas de Exxon votaron el miércoles para obligar a la empresa a evaluar el impacto financiero de las políticas climáticas sobre su actividad y revelar cómo pueden afectar a los ingresos de la compañía.

- Cambios estructurales -

Trump también se ha comprometido a reactivar la industria del carbón, pero dado el auge del gas natural, que produce un 50% menos dióxido de carbono y es mucho más barato que el carbón, la mayoría de los expertos cree que será una meta difícil de lograr a gran escala.

Sin embargo, el 'fracking' o fractura hidráulica -una técnica de extracción de gas natural- también se enfrenta a fuertes críticas por su impacto ambiental.

Los costes de las fuentes de energía renovables, como las energías eólica y solar, han disminuido drásticamente, gracias en parte a las inversiones y subsidios públicos que han hecho que el sector sea más atractivo.

Melissa McHenry, portavoz de la principal generadora estadounidense American Electric Power, dijo que la empresa se diversificó en energías renovables y estaba invirtiendo "en generación renovable y otras innovaciones que aumentan la eficiencia y reducen las emisiones".

Lynn Good, jefe de Duke Energy, dijo a The Wall Street Journal que debido "al precio competitivo del gas natural y a la disminución del precio de las energías renovables, seguir eliminando carbono tiene sentido" para ellos.

Todavía hay escepticismo en ciertos sectores, particularmente respecto al coste de las políticas climáticas.

El American Petroleum Institute, un organismo que representa a 625 empresas, desconfía de "mandatos gubernamentales que podrían aumentar los costes de energía", según el portavoz Eric Wohlschlegel.

Pero Kevin Moss aseguró que la retirada del Acuerdo de París no detendrá el impulso y que las compañías seguirán su camino actual "incluso sin él, porque todo el mundo lo está haciendo".

"Los únicos países junto a los que estaremos si nos retiramos son Siria y Nicaragua", dijo.

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