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Correa: quedan "pocos puntos de conflicto" en negociación comercial con la UE

El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, habla con la prensa en el palacio presidencial en Quito, el 22 de enero de 2014 afp_tickers
Este contenido fue publicado el 10 julio 2014 - 20:40
(AFP)

El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, dijo este jueves que "quedan muy pocos puntos de conflicto" en la negociación de un acuerdo comercial con la Unión Europea (UE).

"Estamos negociando la cuarta ronda en Bruselas. Quedan muy pocos puntos de conflicto, uno que otro sí muy importante", declaró el mandatario en una entrevista radial.

Ecuador espera sellar un acuerdo comercial que, afirma, sería distinto de un tratado de libre comercio, antes de que expiren, a finales de año, las preferencias arancelarias que le concede el bloque europeo, segundo destino de sus exportaciones no petroleras después de Estados Unidos.

Sin esos beneficios, el país perderá competitividad en varios productos frente a Colombia y Perú, países que ya tienen un acuerdo de libre mercado con la UE, por lo que intenta cerrar cuanto antes la negociación que se lleva a cabo en Bruselas.

No obstante, Correa afirmó que el gobierno no está dispuesto a cruzar "las líneas rojas" que fijó en temas como propiedad intelectual y compras públicas.

Sobre este último punto, el mandatario ha dicho en otras ocasiones que la industria ecuatoriana podría salir muy perjudicada si el gobierno permite la competencia europea en la adquisición de bienes para el Estado.

"Eso se está negociando muy fuertemente para proteger a nuestra industria", enfatizó Correa.

El mandatario izquierdista, que rehusó negociar un tratado de libre comercio con Estados Unidos, admitió que si no enfrentara la presión por la pérdida de las preferencias arancelarias ni se "preocuparía por firmar un acuerdo comercial" con la UE.

El año pasado, Ecuador renunció a una parte de las ventajas aduaneras que le concedía Estados Unidos -su principal socio comercial- por discrepancias políticas, y compensó a los exportadores por la pérdida de esos beneficios, que alcanzaban los 23 millones de dólares anuales.

Con los europeos, en cambio, el perjuicio económico rondaría los 450 millones de dólares al año.

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