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El precandidato presidencial republicano Donald Trump llega a un debate el 6 de febrero de 2016 en Manchester (New Hampshire, EEUU)

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La Agence France-Presse difunde cada semana un blog multimedia dedicado a las noticias y los sucesos entre bastidores de la elección presidencial estadounidense.

Este, nuestro tercero, está dedicado a Donald Trump y su victoria en New Hampshire.

Desde la distancia, no tiene sentido. ¿Cómo explicar que una exestrella de un programa de televisión -famoso por hacer dinero, un horroroso divorcio en la década de 1990 y la petición de no permitir el ingreso de musulmanes al país- pudo haber ganado una primaria en New Hampshire?

Pero quienes se hacen esa pregunta no han estado nunca en un acto público de Donald Trump.

El público comienza a hacer las colas de acceso más de una hora de antes de que abran las puertas, aguantando temperaturas próximas a cero grados centígrados. En el momento en que Trump se sube al escenario -media hora tarde, a causa de la nieve- una multitud de entre 3.000 y 4.000 personas ya habían afrontado condiciones peligrosas para poder ver al ídolo.

Jeb Bush logró reunir apenas al 10% de ese número en el comedor de una escuela, dos días antes. Marco Rubio logró atraer a alrededor de 1.000 personas, pero con la oferta de bizcochos calientes, aunque en realidad haya servido café y galletas.

- "¡Será fenomenal!" -

"Supongo que vine por el entretenimiento", dijo un estudiante de 19 años que esperaba pacientemente por Trump.

"¡Será fenomenal!", comentó Brian Carey, propietario de una compañía de construcción y quien mandó instalar en el techo de su empresa un cartel enorme que dice: "Make America Great Again!" ("Recobrar la grandeza de Estados Unidos", el lema de Trump). Carey dijo que no está dispuesto a retirar el cartel.

Lejos está Trump de preferir los locales pequeños que agradan al senador Ted Cruz en un intento por parecer más cercano a los electores.

Poco importa si la tradición política en New Hampshire es la de estrechar manos y hacerse fotos con electores en pizzerías y restaurantes. Fiel a su estilo, Trump simplemente alquiló el mayor espacio de la ciudad, el estadio Verizon Wireless Arena, con capacidad para 10.000 espectadores. Y todo -como el presentador se aseguró de recordar a los asistentes- pagado por Trump, de su propio bolsillo.

Y mientras Jeb Bush empieza sus reuniones con un juramento de lealtad, los seguidores de Trump compran comida rápida y gaseosa, como si estuvieran yendo a un partido de baloncesto o a un concierto de rock.

Mientras los electores se acomodan, en los altavoces suena a todo volumen Nessun Dorma, los Beatles o Elton John, éste último una preferencia un poco fuera de lugar. "¿Por qué tenemos que escuchar a este liberal rarito?", preguntó un elector.

- Acto de poder -

En otros países, los políticos hacen todo el esfuerzo posible para fingir que son personas normales, pero a Trump nada le gusta más que recordarle a todo el mundo cuán rico y exitoso es.

Más que cualquier otra cosa, su acto de campaña proyecta poder. El escenario está decorado con un cartel que en rojo, blanco y azul repite su lema de campaña y una serie de banderas estadounidenses que se ven muy presidenciales.

Cuando ya todos están sentados, el presentador pide al público que por favor no use la violencia en caso de protestas. Claramente, estamos iniciando un noche diferente.

Instantes previos a la llegada de la estrella de la noche, un vídeo exhibido en una pantalla incluye una retrato de familia en un cuarto dorado, con su hijo menor montado en un león embalsamado.

Y en el instante en que aparece, el público parece perder la razón. Están cautivados. Cuanto más insulta a países y personas a quienes culpa por los males de Estados Unidos, más lo aman. ¿Puede uno imaginarse a un político llamar a otro "cagón"? Trump lo hizo con Cruz. Durante el acto público, una mujer de la audiencia gritó algo sobre Cruz y Trump no dejó pasar la oportunidad. "Ella está diciendo que él (Cruz) es un cagón. ¡Eso es terrible!", gritó Trump abriendo los brazos en un gesto de falsa indignación, en medio de una enorme ovación y silbidos de aprobación.

Sus propuestas son tan conocidas que ya son incluso usadas para dialogar con las multitudes. "¿Quién va a pagar el muro?", preguntó al público. "¡México!", respondió el estadio entero en una sola voz, para luego iniciar el coro "¡USA!, ¡USA!, ¡USA!"

Es evidente que resulta fácil burlarse del candidato y sus seguidores. A cada paso ha roto todas las reglas sobre campañas electorales y sin embargo de alguna forma sigue al frente de los aspirantes republicanos.

Es necesario acompañar uno de sus extraordinarios actos de campaña para que la razón se torne evidente. Mientras los analistas en Washington y Nueva York ven Estados Unidos como un rompecabezas de rojo y azul, o estados demócratas y republicanos, o de votantes negros y ciudades industriales, muchas personas están cansadas de ser vistas como bancos de voto, cuyas urnas sirven cada cuatro años y después son olvidadas.

Estadounidenses privados de derechos se acercan a Trump porque se han alejado de la política al tiempo que el les ofrece fama. Sienten resentimiento contra los políticos profesionales, con los medios de prensa y con todo el sistema. En varias ocasiones ocurrió que personas de la audiencia a quienes me acerqué se negaron a hablar con una periodista.

- Menos política y más espectáculo -

Es un hombre de espectáculo que ocupa el escenario como una estrella de rock y mantiene electrizados a sus interlocutores. Es menos política y más espectáculo y por ser un espectáculo, ninguno de sus adversarios políticos profesionales tiene idea de cómo hacerle frente.

En un país tan grande, verse bien en la televisión es vital para ganar elecciones, especialmente si uno quiere ser presidente. La estrategia de campaña de Trump fue retirarle todo el oxígeno disponible a los otros aspirantes republicanos apareciendo diariamente en los programas periodísticos de la mañana, insultando a sus adversarios o atacando a los musulmanes, los mexicanos, las mujeres, los discapacitados o cualquiera que se le cruce en el camino.

Se trata de un multimillonario ultrafamoso que logra que la gente crea que puede transferirle un poco de su éxito con tan solo su cercanía.

Su audiencia generalmente está compuesta por trabajadores blancos, alarmados por el deterioro de la imagen del país en el mundo. Algunos están desempleados o tienen que hacer enormes esfuerzos para llegar al fin de mes en una ciudad aburrida. Pero Trump llega, les arroja por encima un poco que polvo mágico y se los mete en el bolsillo.

Trump es suficientemente inteligente para identificar los problemas y los miedos de muchos estadounidenses. Pero sus oponentes coinciden en que él no tiene ninguna de las respuestas.

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AFP