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El exsenador brasileño y obispo evangélico Marcelo Crivella habla con la prensa luego de votar en las elecciones municipales, el 30 de octubre de 2016 en Rio de Janeiro

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El exsenador y obispo evangélico Marcelo Crivella asumió este domingo las riendas de Rio de Janeiro, una ciudad postolímpica en bancarrota, igual que lo harán en todo Brasil más de 5.000 nuevos alcaldes, marcando un giro a la derecha en el gigante latinoamericano.

Tras unos fuegos artificiales de fin de año recortados por la crisis, la ciudad de la samba estrena este 2017 ahogada económicamente y pendiente de los planes de austeridad promovidos por el pastor de la Iglesia Universal del Reino de Dios, de 59 años, que prometió gobernar sin distinción de religiones y para un Rio menos violento.

"La orden es la siguiente: está prohibido gastar", afirmó el nuevo alcalde al asumir el cargo.

"El país está en crisis, el estado de Rio de Janeiro esta en crisis (...) Es hora de cautela, de juicioso examen del gasto público", añadió Crivella, en un discurso cargado de referencias a Dios.

Crivella afirmó que asume su posición "con fe y sin miedo", y ya en su primer día publicó decenas de decretos que determinan la creación, en los próximos meses, de planes para mejorar los servicios de salud, seguridad y educación.

"No seré el alcalde de las ilusiones", advirtió.

- Giro a la derecha -

En Sao Paulo, la capital económica de Brasil, este domingo empieza también una nueva etapa bajo el gobierno del empresario y expresentador de TV Joao Doria, que impidió cómodamente en la primera vuelta la reelección de Fernando Haddad, del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT).

La izquierda y el PT sufrieron una debacle en las elecciones municipales de octubre, que fueron el primer test en las urnas para el gobierno conservador de Michel Temer tras el impeachment de Dilma Rousseff (PT).

El partido que gobernó Brasil durante 13 años se quedó con solo una capital estatal de las cuatro que tenía, Rio Branco (Acre, oeste), y perdió más de dos terceras partes de sus alcaldías.

El nuevo mapa municipal brasileño fue un espaldarazo para el partido de gobierno PMDB y sus aliados, que viven asediados por los escándalos de corrupción y llevan adelante un ajuste fiscal para recuperar la confianza de los inversores y revertir la recesión económica.

La corrupción, de hecho, también tuvo sus efectos en la esfera municipal: tras las elecciones de octubre, 145 candidatos de todo el país habían sido rechazados por la justicia electoral, aunque a mediados de mes esa cifra había disminuido a unos 90.

En el municipio de Osasco, en Sao Paulo, el alcalde electo Rogerio Lins -que ya era edil- pasó unos días detenido acusado de contratación de empleados fantasmas, pero fue liberado para poder asumir como alcalde a cambio de pagar una fianza.

Mientras que en el rico municipio también paulista de Ribeirao Preto hubo un vacío de poder momentáneo porque la alcaldesa Darcy Vera salió del puesto a inicios de diciembre, investigada en una operación anticorrupción y, sólo días después, fue reemplazada de manera interina.

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AFP