Por segunda vez en dos años, Yihan y su familia tuvieron que hacer las maletas y dejar su casa, en el norte de Siria, debido a una operación militar turca.

Abriéndose camino entre las pertenencias que otras familias desplazadas esparcieron por el patio, esta madre de familia, de 47 años, siente una mezcla de ira y cansancio. "No sabemos adónde ir", dice, momentos después de llegar a la escuela de la ciudad de Hasaké, que la administración kurda autónoma convirtió en un refugio.

Según las Naciones Unidas, 70.000 personas han tenido que huir de sus hogares desde que Turquía lanzara, el miércoles, una ofensiva transfronteriza en las zonas controladas por los kurdos.

Es la tercera vez desde el inicio del conflicto sirio en 2011 que Turquía invade el norte de Siria. La última fue a principios de 2018, cuando las fuerzas turcas y sus representantes sirios se apoderaron de la zona de Afrín, mayoritariamente kurda, causando otra gran ola de desplazamientos.

En esa oportunidad, Yihan y su familia huyeron de Afrín y se establecieron en Kobané, otra ciudad fronteriza con una mayoría de población kurda, que sufrió una gran destrucción durante la guerra.

Pero, el jueves, tuvieron que huir de nuevo y unirse a la multitud de civiles que han acudido a Hasaké, ciudad oriental que hasta ahora no ha sido atacada por Turquía. "¿Qué quiere Erdogan (presidente turco) de nosotros?", se pregunta Yihan. "¿Es simplemente porque somos kurdos?", añade.

Ella y la mayoría de los kurdos desplazados no han podido regresar a Afrín, donde se han asentado la mayoría de los ex rebeldes árabes sunitas leales a Ankara. Algunos de estos mismos rebeldes, que fueron derrotados por las fuerzas del régimen y no pueden regresar a sus propias regiones de origen en Siria, ahora están apoyando la última operación de Turquía.

La historia se repite de muchas maneras. Turquía lanzó su ataque contra Afrín el año pasado, después de que las fuerzas rusas abandonaran sus posiciones en la zona.

- Nos ha vendido -

Esta semana, Ankara y sus representantes lanzaron una ofensiva dos días después que las fuerzas estadounidenses se retiraran de la frontera, dejando a sus aliados kurdos en la estacada. "En Afrín, Rusia nos vendió. Hoy, Estados Unidos nos está vendiendo", resume Yihan.

En el patio de la escuela de Hasaké, los niños desplazados juegan en un viejo columpio oxidado mientras sus padres empiezan a desempacar sus maletas y alimentan a los más pequeños.

La mayoría de los desplazados proceden de las ciudades más grandes de la frontera, como Kobané, Tal Abyad y Ras al Ain.

"Hemos requisado tres escuelas para albergar a la gente", dijo Majida Amin, funcionaria local a cargo de las personas desplazadas explicando que 220 personas ya habían llegado y que el número aumentaba todas las horas.

Amin anadió que había poca ayuda disponible de los grupos de socorro locales y pidió a la comunidad internacional que intensifique y organice la respuesta humanitaria de emergencia.

La funcionaria explicó también que la mayoría de las personas que huían de sus hogares intentaban mudarse con familiares que vivían en zonas más seguras, antes de acudir a los refugios recién abiertos.

Desde que los aviones y la artillería turcos empezaron a lanzar bombas y proyectiles, se ven familias alejándose de la frontera, algunas de ellas caminando por las carreteras con bolsas y fardos en la espalda.

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