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Unos migrantes africanos, rescatados del mar Mediterráneo cuando trataban de llegar a Europa, esperan en un centro de detención de Zawiyah, a unos 45 km de Trípoli, el 18 de abril de 2017

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Libia, que durante el régimen de Muamar Gadafi llegó a ser un paraíso económico gracias a los petrodólares, se ha convertido en un infierno para los migrantes, que sufren extorsiones, torturas e incluso son explotados como esclavos.

En Agadez y Niamey, dos ciudades de Níger en la ruta hacia Europa, los migrantes con los que pudo hablar la AFP explican cómo Libia está ahora en manos de grupos armados y milicias, y cómo se ha convertido en un país anárquico donde los africanos subsaharianos son las principales víctimas de todo tipo de abusos.

"Libia está mal, muy mal", afirma en Agadez Ibrahim Ali, de Guinea Bissau, agotado y traumatizado tras su travesía por el desierto. Ali está de vuelta tras dos años trabajando en Libia, pero también pasó dos meses en prisión.

"Hay armas por todas partes, muchos problemas. Libia no está bien", dice por su parte Eric Manu, un albañil de Ghana de 36 años que vivió varios años en Libia pero que decidió irse por la inseguridad y por la caída de los salarios, que se han dividido por tres.

"Puedes trabajar, pero no te pagan", asegura. "Hay demasiados bandidos. Quieren tu dinero o tu teléfono. Te pueden matar o disparar", explica este hombre nacido en Kumassi (Ghana), que pudo enviar dinero a su casa, pero que volvió a Agadez con los bolsillos vacíos.

Kanté Sekou, de 27 años, salió de Guinea en 2013 con el objetivo de llegar a Europa, pero tras los problemas que tuvo en Libia decidió abandonar su sueño. Allí "la policía detenía indiscriminadamente a la gente y las milicias luchaban entre ellas", asegura.

Finalmente fue contratado en una obra junto a otros migrantes. "Fue horroroso. Nos pagaban 15 dinares [unos diez euros] al día y pagábamos cinco por la comida. Pero el dinero no llegaba. A veces pasábamos tres o cuatro semanas sin cobrar. Cuando se terminaba la comida no sabíamos qué hacer" explica Sekou, que tiene un diploma universitario en comunicación.

"Teníamos que ir al matadero de un pueblo, donde recogíamos los restos, pies de camello, cosas así, lo que ellos no querían. No estaba bueno pero no había más remedio", recuerda.

- Prisiones privadas -

Sekou también escapó de los "bandidos" que detienen a migrantes y luego reclaman "rescates", una experiencia que han vivido otros muchos.

"Si ganas dinero los 'boys' (hombres armados) te atrapan y te pegan. Te meten en prisión pero no es una normal, es una privada", explica por su parte Ibrahim Kande, un senegalés de 26 años.

"Te encierran y te hacen pagar entre 200 y 500.000 CFA (entre 300 y 750 euros). Llaman a un pariente tuyo y hay que decirle: 'Envíame dinero o me matarán'", explica.

Kande también recuerda que recibió puntapiés y cuchilladas, de las que todavía le quedan cicatrices en la frente y las piernas. "Me robaron tres veces. No puedes dormir, siempre tienes miedo, sufrí mucho", afirma.

Baldé Aboubakar Sidiki, de 35 años, nacido en Kindia, Guinea, también pasó por una de estas prisiones. "Por fuera son casas normales, pero dentro hay habitaciones en las que te encierran. Había mucha gente, fue duro", recuerda.

También asegura que fue torturado. "Te sacan de tu celda y te golpean la planta de los pies con bastones o cables".

Muchos migrantes que han vuelto de Libia cuentan historias similares. Aún así en Agadez hay muchos que no quieren renunciar a su sueño de ir a Europa. "El viaje será más caro, porque es más peligroso, pero al final los migrantes siempre terminan pagando", dice un habitante de Agadez.

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AFP