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Un rebelde del grupo Jaish Al Islam (el Ejército del Islam) camina portando armas, en Duma, Siria, el 1 de septiembre de 2016

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Los grupos rebeldes sirios anunciaron este lunes su participación en las negociaciones de paz de la próxima semana en Astaná, en un respaldo a la iniciativa de Turquía y Rusia para intentar poner fin a casi seis años de guerra.

Estas conversaciones directas comenzarán el 23 de enero en Astaná y tienen por objetivo establecer un alto el fuego sólido en todo el país salvo en las zonas controladas por los yihadistas. Están organizadas por Rusia e Irán, aliados del régimen, y por Turquía, que respalda a los rebeldes.

Si los diálogos de Astaná tuvieran éxito, podrían abrir la vía a negociaciones auspiciadas por la ONU en Ginebra para poner fin a un conflicto que ha dejado más de 310.000 muertos y forzado a la mitad de la población a abandonar sus hogares.

"Todos los grupos rebeldes van. Todos dieron su acuerdo", afirmó Mohamad Alush, un dirigente del grupo rebelde Jaish Al Islam (el Ejército del Islam), implantado principalmente en la periferia de Damasco.

Ahmad Al Othman, de la sección Sultan Murad, presente en el norte de Siria, también indicó a la AFP que los grupos rebeldes habían "decidido ir a los diálogos".

Los protagonistas se encontrarían "probablemente" cara a cara, al contrario de como se ha hecho hasta ahora en Ginebra, donde las negociaciones, auspiciadas por la ONU se hicieron de forma indirecta.

Según Ahmad Ramadan, miembro de la Coalición Nacional de la oposición, la meta de las conversaciones es reforzar el alto el fuego decretado el 30 de diciembre, "mientras que los detalles del proceso político se discutirán en Ginebra".

- Lo contrario de Ginebra -

Para el director del diario Al Watan, próximo al poder sirio, Waddah Abed Rabbo, "el acercamiento ruso, turco e iraní es exactamente lo contrario de lo que se hacía anteriormente en Ginebra".

"La ONU presuponía que si se llegaba a una solución política eso influiría en el cese de los combates. Esta vez es al contrario. Hay que solucionar la situación sobre el terreno para abrir la vía a negociaciones políticas, pues Rusia ha constatado que los representantes de la oposición que asistían a las negociaciones no tenían ningún poder sobre el terreno y no tenían ningún apoyo popular", agregó.

"Lo que nos ha empujado a dar nuestro acuerdo a Astaná es que el tema exclusivo de los diálogos consiste en reforzar el alto el fuego, por lo que la delegación (rebelde) será puramente militar" declaró a la AFP Osama Zabu Zeid, consejero jurídico de las facciones rebeldes. Según Zabu Zeid, el grupo Fateh Al Sham, antigua rama de Al Qaida, no fue invitado a Astaná.

El equipo de transición del presidente electo de EEUU, Donald Trump, que será investido el viernes, sí fue invitado, pero no dio ninguna respuesta oficial.

El presidente sirio, Bashar al Asad, declaró hace una semana sentirse "optimista" respecto a las negociaciones, indicó a la AFP un diputado francés que se reunió con él en Damasco.

Iniciado tras la caída de la parte rebelde de Alepo en diciembre, el alto el fuego se ha respetado globalmente. Sin embargo, siguen produciéndose combates en la región de Wadi Barada, cercana a Damasco, crucial para el abastecimiento de agua de la capital.

- El EI, al ataque -

Frustrados por no ser invitados a Astana, a causa de la oposición encarnizada de Turquía, centenares de kurdos se manifestaron en la ciudad de Qamichli (noreste).

"Debido a que estamos presentes para combatir el terrorismo (del EI), es necesario que estemos presentes en la mesa de negociaciones", indicaron.

Por su lado, el EI logró el lunes aislar el aeropuerto militar del resto de los barrios gubernamentales de la ciudad de Deir Ezzor, en el este de Siria, indicaron una fuente militar y una ONG.

Los yihadistas lograron este avance en el tercer día de un ataque masivo lanzado contra el sector, que es el último que se les había escapado en la provincia de Deir Ezzor, cercana de Irak y rica en gas y petróleo.

El EI se apoderó en 2014 de amplios sectores de Deir Ezzor y asedia desde enero de 2015 al sector gubernamental, situado en el oeste y donde viven todavía 100.000 personas, según la ONU.

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AFP