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Un manifestante palestino lanza un cóctel molotov durante unos enfrentamientos en Qabatia, Cisjordania, el 5 de febrero de 2016

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Israel golpeó duramente a Qabatia, sometida a cuatro días de estado de sitio, decenas de detenciones, demoliciones punitivas y suspensiones de permisos de trabajo. Sin embargo, los golpes no mellan el espíritu de resistencia de esta indómita ciudad palestina de la Cisjordania ocupada.

Qabatia, con 25.000 habitantes, situada en las colinas del norte de Cisjordania, se enorgullece de una larga historia de lucha.

"Aquí resistimos a todas las ocupaciones", afirma el alcalde, Mahmud Kemil, que cita el mandato británico y el imperio otomano en el pasado y hoy la ocupación israelí.

Kemil organiza una visita a las familias de los nueve jóvenes de Qabatia que murieron desde el inicio de octubre en una serie de ataques contra israelíes.

El último tuvo lugar el 3 de febrero pasado, cuando tres jóvenes pertenecientes a grandes familias de la ciudad mataron a una guardia fronteriza israelí de 19 años junto a la Ciudad Vieja de Jerusalén.

Entre ellos se encontraba Ahmed Zakarneh, de 19 años, de quien su hermana Nisrine habla llorando. Ahmed tenía "una novia, un trabajo y una familia que adoraba, que dejó para defender la causa palestina", dice su hermana.

En la casa familiar, la madre, rodeada de sus otros diez hijos, expresa su "orgullo". Al día siguiente del ataque, soldados israelíes vinieron a tomar las medidas de la casa para demolerla. "Las casas no valen más que nuestros hijos. ¡Que destruyan! Ellos destruyen y nosotros reconstruimos", dice la madre de Ahmed Zakarneh.

En Qabatia, los carteles que celebran el ataque de su hijo se agregan a las fotos, descoloridas, de otros 'mártires' que adornan las calles desde la primera Intifada (1987-1993). "Todos los habitantes son solidarios con nosotros", dice la madre de Ahmed.

Varios de los ataques efectuados por los jóvenes de Qabatia tuvieron lugar en el punto de contacto más cercano con los soldados israelíes, el puesto de control de Al Jalameh, entre el norte de Cisjordania e Israel.

Por ese lugar pasaba cada mañana Mohamed Nazzal, 37 años, para ir a trabajar en Israel. Ahora no va más, porque las autoridades israelíes le retiraron el permiso de trabajo.

"Llegamos al puesto de control y los soldados rechazaron a todos los que tenían una dirección de Qabatia en sus documentos", explica Nazzal en su casa. Desde ese día, Mohamed, que tiene siete personas a su cargo, se hace mala sangre. "Nadie nos dice si es algo temporal o si el permiso fue simplemente anulado", comenta.

Según la Cámara de Comercio de Yenín, la gran ciudad más cercana, esa medida afecta al menos a 300 hombres de negocios y comerciantes, 200 agricultores y 500 obreros.

"De golpe perdí el ingreso que le aseguraba a mi familia", dice Nazzal.

Desde el 1 de octubre, cuando comenzó el actual ciclo de violencia, murieron 166 palestinos y 26 israelíes.

Jóvenes atacantes y manifestantes palestinos, emancipados de los partidos políticos, expresan su ira contra la ocupación y la colonización, particularmente en el norte de Cisjordania, donde están instalados los colonos más extremistas.

Ante esta ola de violencia, las autoridades israelíes están divididas entre quienes quieren acentuar la represión y los que propugnan un desarrollo económico.

Poner trabas a la circulación de los palestinos no resolverá el problema, dicen los dirigentes palestinos en forma unánime.

"Durante el Ramadán quise ir a la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén con mi hijo", cuenta la madre de Ahmed Zakarneh. "Yo pude entrar pero a él lo rechazaron", cuenta.

Ochos meses más tarde, Ahmed lograba entrar ilegalmente en la Ciudad Santa y mataba a una agente de seguridad de su misma edad.

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AFP