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Director de Locarno Un intelectual que desafía las fronteras

Por , Locarno
(Keystone)

Es una persona locuaz, desenvuelta y resoluta, que ama el cine porque es una máquina de sueños. Carlo Chatrian se dispone a inaugurar su primera edición del Festival de Cine de Locarno. No siente miedo, sino muchas ganas de encontrarse con el público. swissinfo.ch lo ha acompañado durante una jornada de trabajo.

A las siete y media, puntual como un reloj suizo, sale por el portal, con una pequeña mochila colgada al hombro y el saco de la basura en la mano. Es una persona pragmática, que no parece conceder gran importancia al protocolo. Un privilegio del que gozan los artistas y los intelectuales, como lo define la prensa, quizás por su forma culta de hablar, su licenciatura en Filosofía y Letras o el estilo desenvuelto que le caracteriza. Sonríe, algo incómodo: “Deben ser las gafas… Mis hijos también me toman el pelo”. Y como si tratara de justificarse, agrega: “Los miércoles suelo jugar al fútbol con amigos. No es una actividad muy intelectual que digamos…”

Mientras camina a paso ligero rumbo a la oficina, se asegura de mis intenciones. “Pasará media jornada a mi vera, ¿no? Pero no me hará preguntas constantemente… Mire que tengo que trabajar”, bromea, aunque en su tono se intuye cierta preocupación. Carlo Chatrian no tiene tiempo que perder y, además, estar quieto y mano sobre mano no es lo suyo. ¿Es hiperactivo? “Quizás un poco nervioso.”

El cine, una máquina de sueños

Carlo Chatrian, periodista, crítico y comisario de cine de 42 años, fue nombrado director artístico del Festival de Locarno en septiembre de 2012, después de la repentina dimisión de Olivier Père. Pero no es un rostro nuevo en Locarno, donde aterrizó en 2002. De 2006 a 2009 formó parte del comité de selección y en los últimos años se ha ocupado de las retrospectivas.

Su pasión por el cine se remonta a la época universitaria. De pequeño veía las películas en la pequeña pantalla, como todos. En el primer año de carrera, en Turín, vivió un flechazo con Hiroshima, mon amour, una cinta que le conmovió y le abrió los ojos.

“Para mí el cine es una máquina de sueños. A veces estos sueños se asemejan mucho a la realidad, otras menos. Pueden ser una clave para entender quiénes somos o simples divagaciones sin sentido. Esto es precisamente lo que me fascina”.

No hay manera de sacarle más. Hay varios filmes que lo han emocionado, dice. Le pregunto por el género que más le apasiona. Suelta una carcajada. Pregunta equivocada. “No sé por qué los periodistas tienen esa fijación… He crecido en una época en la que el concepto mismo del género cinematográfico se desmoronó. Para mí la cinefilia –un término que tal vez produce risa en la gente– es justamente esta capacidad de traspasar los géneros”. Así es también la edición 2013 de Locarno, a caballo entre el pasado y el presente, entre los géneros, las lenguas y las culturas, y que él ha definido como “al límite”.

Cuidar los pequeños detalles

Nuestra cita tiene lugar un jueves de finales de julio, a pocos días de su debut en la Piazza Grande. El programa está presentado, la crítica parece entusiasta. El gran trabajo está hecho. Falta algún nombre, tal vez una sorpresa, y esos pequeños detalles que cabe cuidar con esmero.

Me pide una hora para terminar sus artículos de presentación de los filmes y los directores: Werner Herzog, Christopher Lee, Sergio Castellitto, Anna Karina… “A veces escribo de un tirón, pero normalmente necesito tranquilidad para ordenar las ideas. Y tengo que domar esta tendencia a la abstracción, a la teorización”.

Aprovecho para echar un vistazo a mi alrededor: Un sofá, dos pósteres del festival en las paredes, una estantería con pocos volúmenes. “Son todos de mis predecesores, los míos se quedaron en casa”. Es ordenado, aunque no en exceso.

A las nueve comienza un sinfín de citas: corregir los bocetos del catálogo, paginar la revista del festival y hacer cuadrar la agenda entre entrevistas, cócteles de representación y, sobre todo, el alma del festival: las reuniones con los directores, los actores, el público. Su mirada inquieta se dirige de un punto al otro: documentos, ordenador, móvil, agenda. De repente, se detiene y me mira fijo a los ojos.

Sus colaboradores van y vienen. A veces se exaspera, adopta el tono directo de quien sabe lo que quiere y no tiene miedo de expresarlo. “Generalmente, se me pasa enseguida… No creo ser un tirano, pero debería preguntárselo a mis colaboradores”.

La edición 2013 de Locarno

Concurso internacional: 20 películas compiten por el Leopardo de Oro, 18 de ellas en estreno mundial.

Tres cintas suizas:Mary, Queen of Scots, de Thomas Imbach; Tableau noir, de Yves Yersin (documental); Sangue, del director italiano Pippo Delbono (coproducción con la Radio Televisión de la Suiza Italiana).

 

Piazza Grande: 16 películas, entre ellas dos coproducciones suizas. Jean-Stéphane Bron presenta en Locarno el documental L’expérience Blocher y Lionel Baier, Les Grandes Ondes (à l’ouest).

El Pardo de Honor este año se entrega al maestro alemán Werner Herzog, mientras la retrospectiva está dedicada al cine de George Cukor (1899-1983).

Alfombra roja: Christopher Lee, Victoria Abril, Anna Karina, Sergio Castellitto, Otar Iosseliani, Jacqueline Bisset, Faye Dunaway, entre muchos otros.

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A la espera del gran día

La casualidad quiso que justo ese día la Mostra de Venecia hiciera público su programa. Un momento ineludible para Carlo Chatrian: “Ah… he visionado muchas de estas películas”, susurra. ¿Se le habrá escurrido entre los dedos alguna? “Me hubiera gustado tener un par de títulos en Locarno, pero así son las reglas del juego. No obstante, a las personas que trabajamos para los festivales nos unen más lazos de complicidad que de rivalidad. Todos compartimos la pasión por el celuloide y a veces intercambiamos informaciones valiosas. Hay competencia, pero es saludable”.

Durante el último año, Carlo Chatrian ha recorrido el mundo y ha visionado más de un millar de cintas para confeccionar la cartelera de Locarno. ¿Los temas de peso? “Probablemente la cuestión de la familia y de la identidad, pero también la memoria”. No quiso estrenarse con una edición revolucionaria. “Desde 2001, el festival ha tenido cuatro directores artísticos y lo que necesita ahora es, ante todo, continuidad. Corresponde al público y a la crítica opinar si el festival lleva mi impronta. El programa está a la vista de todos”. Luego, sin embargo, matiza: “Considero que la labor del director de un festival es dar notoriedad a las cintas y no a sí mismo”.

En el escenario de la Piazza Grande, el miércoles 7 de agosto, lo esperarán cerca de 8.000 espectadores. No tiene miedo, asegura. “¿Por qué debería? No quiero pecar de presunción, pero hemos trabajado duro un año entero para llegar hasta aquí. Como mucho hay una pizca de tensión…  pero, sobre todo, unas ganas inmensas de reunirnos con nuestro público”.

Datos biográficos

Periodista, autor y programador de cine, Carlo Chatrian nació en Turín el 9 de diciembre de 1971 y se licenció en Filosofía y Letras, con una especialización en Periodismo y Comunicación.

Ha escrito y firmado numerosos ensayos y monográficos sobre cineastas como Errol Morris, Wong Kar Wai, Johan Van Der Keuken, Frederick Wiseman, Maurizio Nichetti y Nicolas Philipert.

Vicedirector del Alba Film Festival de 2001 a 2007, fue miembro del comité de selección del Festival dei Popoli, en Florencia, y del Festival Visions du Réel, en Nyon (Suiza). Ha colaborado con institutos y diversos festivales, como el Cinéma du Réel, de París, el Museo Nacional del Cine, de Turín, y el Courmayeur Noir in Festival, del Valle de Aosta (Italia).

La colaboración de Carlo Chatrian con el Festival de Locarno se remonta a 2002. De 2006 a 2009 formó parte del comité de selección y en el último quinquenio se ocupó de la sección de Retrospectivas (Nanni Moretti, Manga Impact, Ernst Lubitsch, Vincente Minnelli, Otto Preminger).

Carlo Chatrian fue también asesor de la Cinemateca suiza, en Lausana, un mandato que se vio obligado a dejar tras su nombramiento como director artístico del Festival de Locarno, en septiembre de 2012.

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(Traducción: Belén Couceiro), swissinfo.ch


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