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Segundo lugar: 'Semana Santa' La mujer latinoamericana en el cine… hace escala en Friburgo

Aunque el acento de la 30ª edición del Festival de Cine de Friburgo sea femenino y los principales espacios les corresponden a las mujeres –jurados, retrospectivas, temáticas- la Competición Internacional tiene impronta masculina.



Semana Santa , dirigida por una mujer: Alejandra Márquez Abella.

Semana Santa , dirigida por una mujer: Alejandra Márquez Abella.

(fiff.ch)

Solo tres de los trece filmes fueron dirigidos por directoras. Y de las cinco películas latinoamericanas que disputan la Mirada de Oro, únicamente Semana Santa fue realizada por una cineasta.

Alejandra Márquez Abella llega a la muestra helvética con su primer largometraje en estreno europeo, luego de lanzarse al periplo de los festivales en Toronto, Canadá, en septiembre del año pasado. Desde entonces, un rápido camino por el de Río de Janeiro y el de Los Cabos en el norte mexicano, donde recibió su bautismo local.

Esta ruta festivalera “es todo un descubrimiento en mi vida profesional y siento una gran curiosidad por el Festival de Friburgo. Quiero llenarme de todo lo que me ofrezca mi película, especialmente el retorno del público y sus críticas”, explica la joven realizadora mexicana, que estudió Dirección de Cinematografía en Barcelona, España.

Deja atrás su cortometraje de ficción 5 Recuerdos (2009) que recorrió decenas de muestras y logró una veintena de premios nacionales e internacionales. Y esboza por delante el nuevo proyecto en gestación, el de su segundo largometraje, Nieves, cuyo argumento presenta la búsqueda de una joven adolescente -que vive en un país nórdico- de su madre biológica mexicana. Valiéndose, para ello, de un programa de televisión que acerca a familiares perdidos.

Alejandra Márquez Abella.

(swissinfo.ch)

Del guion, a la historia concluida

Semana Santa cuenta las cortas vacaciones de una joven viuda, su hijo de apenas ocho años, y su nuevo novio con quien imagina una eventual reconstrucción familiar. Los tres constatan, rápidamente, que este proyecto no es ni ideal ni realizable.

“La idea del film se nutrió en mi propia experiencia infantil. Con apenas diez años perdí a mi madre y las vacaciones con mi padre y mi hermano tenían tanto de ilusión y alegría como de sentimiento agridulce por el vacío materno”, recuerda Alejandra Márquez Abella.

En el proceso de seis años que le llevó concretar la película, reflexiona la cineasta mexicana, si bien el guion siempre se mantuvo como referencia esencial, hubo nuevos sentimientos y matices que se fueron incorporando.

“Entre la escritura y la filmación, quedé embarazada y fui madre. Lo que implicó un cambio de acentos. Al inicio, era muy crítica hacia Dali, la joven madre en la cinta.  Y luego suavicé algunas percepciones, al darme cuenta que antes imaginaba situaciones desde la ignorancia. No cambié diálogos, sino intenciones o detalles sutiles”.

Según la cineasta, Semana Santa es un film “bastante hormonal”. Al año de dar a luz, le sirvió como trampolín para sentirse nuevamente como un ser profesional. Comprobó que más allá de esa experiencia esencial que es la maternidad, “no estaba dispuesta a renunciar a mi vocación artística”.

En paralelo, casi al inicio del rodaje, Anajosé Aldrete (en el papel de Dali, la madre) le anunció que estaba embarazada. Las 4 semanas y media de filmación las realizaron en su quinto mes, lo que introdujo a la actuación sentimientos propios de su etapa de gestación. “La maternidad, en todo caso, marcó mucho más al filme, que el guion original” evalúa.

La mujer en el cine

Gracias al apoyo decidido de su padre, al nivel cultural de su familia y a una cierta comodidad económica, Márquez Abella pudo seguir su camino para convertirse en cineasta. “Nunca sentí que no podría hacer algo por no ser hombre. A ese nivel, no estaba realmente consciente de mi condición de género”, explica.

Pero al adentrarse en el mundo laboral, y descubrir la impronta masculina dominante, “pude darme cuenta de la relación de nosotras, las mujeres, con ese universo”. Y una vez que se entiende, no se vuelve atrás. “Creo que estamos en el momento en que hay que romper, por ejemplo, la idea de que por ser madre no se puede seguir el camino profesional. O bien que una profesional para realizarse debe, obligatoriamente, renunciar a la maternidad”.

Todas estas reflexiones, insiste, las fue descubriendo en la marcha y no a priori. “Y si bien no puedo decir que personalmente mi esencia femenina me crea limitaciones para hacer cine, he descubierto que hay ciertas rejas invisibles que condicionan el trabajo de una directora”.

Hay temáticas significativos para las mujeres, “que no se consideran realmente importantes, audaces o vendedoras”, lo que puede llevar a las realizadoras a una especie de autocensura en cuanto a contenidos a desarrollar. La maternidad es un ejemplo muy concreto, subraya.

A nivel de la dirección operativa de una película, de la búsqueda de apoyos institucionales, de la negociación con instituciones y a nivel personal, “no me siento discriminada por ser mujer y cineasta en México”, afirma.

Pero, insiste, esto se remite al sector privilegiado al que pertenece y a su actividad creativa. “Soy consciente que no puedo generalizar mi conclusión para las mujeres con menos posibilidades y cuyas voces no se van a escuchar jamás. Tengo voz y puedo dirigir cine porque tengo un cierto nivel cultural y económico, el necesario apoyo familiar y la complicidad con mi pareja de ver de igual forma los desafíos cotidianos”, reflexiona.

Semana Santa arranca su viaje europeo. Y la reflexión de su progenitora apenas logra distanciarse de la obra recién terminada y del sentimiento de un camino complejo. “Me siento como un capitán que debió conducir el barco en el huracán de la gestión. Es una película sufrida, realizada con un pequeño presupuesto. Y debí, con entusiasmo, convencer a muchos para subirnos juntos a un OVNI e irnos a otro planeta, el de la película”. La que ahora regresa, terminada, al planeta tierra de las salas europeas.

swissinfo.ch

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