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Las exhumaciones en Volinia alientan el diálogo entre Kiev y Varsovia sobre memoria común

Rostyslav Averchuk

Luboml (Ucrania), 1 ago (EFE).- La exhumación de víctimas de las matanzas de Volinia -cuando decenas de miles de civiles polacos murieron a manos de grupos nacionalistas ucranianos en 1943- está ayudando a intensificar el diálogo entre Polonia y Ucrania, después de que cuestiones de memoria histórica reavivaran las tensiones entre los dos vecinos.

Los campos de girasoles y los bosques cubren por completo lo que antes eran los pueblos de Ostrówki y Wola Ostrowiecka, hogar de más de un millar de personas de etnia polaca hace más de 80 años, en la región noroccidental ucraniana de Volinia.

Unas carpas blancas contrastan con el paisaje amarillo y verde. Una de ellas cubre una fosa común recientemente abierta en la que asoman algunos restos humanos y en la que los arqueólogos criban con cuidado el suelo para hallar incluso los huesos más pequeños.

Pasar página

En la última campaña de excavaciones conjuntas, emprendida el mes pasado por especialistas polacos y ucranianos, se han recuperado de fosas comunes 49 cuerpos.

Se espera que la labor ayude a pasar página a los descendientes de víctimas y supervivientes -que fueron trasladados por la Unión Soviética a Polonia- y a aliviar las tensiones que se reavivaron esta primavera después de que el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, bautizase a una unidad militar en honor del UPA, el Ejército Insurgente Ucraniano.

Polonia considera a esta milicia responsable de las matanzas, pero Ucrania la recuerda sobre todo por su lucha desesperada contra la ocupación soviética.

En junio, el presidente polaco, Karol Nawrocki, revocó la Orden del Águila Blanca concedida a Zelenski y se comprometió a vetar el acceso de Ucrania a la Unión Europea (UE) a menos que Kiev condene al UPA.

«La verdad es la base del diálogo y de la búsqueda de unidad», dijo a EFE cerca de las carpas donde se analizan los restos mortales Leon Popek, un historiador polaco cuyo abuelo fue asesinado en este lugar.

«Nuestras relaciones con nuestros colegas ucranianos son excelentes. Vemos de qué forma delicada e incansable extraen los ucranianos estos restos. Desearía que este ejemplo pudiera aplicarse a las relaciones polaco-ucranianas más amplias», subrayó.

Las autoridades ucranianas autorizaron rápidamente esta campaña y hay otras catorce solicitudes pendientes, dijo Karol Polejowski, vicepresidente del Instituto de Memoria Nacional de Polonia, que acudió a una misa conmemorativa que se celebró en el lugar el pasado martes.

«Ciframos nuestras esperanzas en la promesa del presidente Zelenski de acelerar los permisos», agregó.

Esperanza y cautela

«Damos la bienvenida a estas labores. Cuanto más sepamos, menos espacio habrá para mentiras», dijo a EFE un representante de las autoridades ucranianas locales, que prefirió mantener el anonimato.

«Pero me preocupa el modo en que usan esto los políticos en Polonia», añadió, aludiendo al temor de que la instrumentalización de una cuestión histórica esté alentando los sentimientos antiucranianos en un país que acoge a más de un millón de desplazados.

Los residentes de esta zona fronteriza ven a los polacos como vecinos y socios, dijo, y las críticas actuales desde Polonia se perciben como especialmente inoportunas en un momento en que los ucranianos están de luto por las víctimas de la invasión rusa y luchan por la supervivencia del país.

Aunque pocos niegan que las masacres realmente ocurrieran, muchos rechazan lo que ven como un intento de imponer una narrativa unilateral de los sucesos, sin examinar las causas de la Tragedia de Volinia, como se conoce el episodio en Ucrania.

Estimaciones dispares

«Es nuestro deber enterrar y honrar a las víctimas. Al mismo tiempo debemos comprender exactamente lo que ocurrió antes de sacar conclusiones definitivas: ése es el trabajo de los historiadores», dijo a EFE en el lugar de las exhumaciones Yaroslav Onishchuk, un representante del Instituto Ucraniano de Memoria Histórica.

Fuentes polacas sitúan el número de víctimas polacas entre 100.000 y 130.000. Las fuentes ucranianas y algunas occidentales estiman cifras más bajas, de aproximadamente 40.000 muertos, y destacan que también fueron masacrados 20.000 civiles ucranianos.

La parte polaca clasifica el episodio como un genocidio; Ucrania rechaza el término y enfatiza la violencia mutua en el contexto complejo de una contienda bélica que incluía a las fuerzas nazis y soviéticas.

Estas últimas, según los historiadores ucranianos, exacerbaron deliberadamente una espiral de violencia entre polacos y ucranianos, la misma estrategia que sigue Rusia hoy día al alentar las tensiones.

Onishchuk espera que algún día al otro lado de la frontera se pueda exhumar a los ucranianos muertos a manos de milicias polacas y enterrados en fosas comunes. «Las investigaciones objetivas deberían continuar en ambos países para que no se repitan los errores del pasado», subrayó. EFE

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