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Miedo al extranjero, caballo de batalla electoral

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El partido más popular de Suiza, promotor de una iniciativa con una campaña tildada de racista, sigue al frente en la intención de voto (27,3%) antes de las elecciones legislativas del 21 de octubre.

¿Por qué el tema de la inseguridad? ¿Afecta a la imagen de Suiza? ¿Cuál es el grado de xenofobia en un país con más de 20% de extranjeros? ¿Cuál es el papel de los medios? Tres especialistas responden.

El 53% de los siete millones de habitantes de Suiza -incluido su millón y medio de extranjeros-, podría ser considerado xenófobo en algún grado, aunque el 90% rechazaría claramente el extremismo de derecha, según se desprende de una encuesta que el año pasado midió las actitudes misántropas en este país.

No obstante, Sandro Cattacin, director del Departamento de Sociología de la Universidad de Ginebra, jefe de la investigación encomendada por el Fondo Nacional Suizo de la Investigación Científica, destacó el predominio de una actitud tolerante en la sociedad suiza, “cimiento de la gran estabilidad de nuestro país”.

A modo de advertencia concluía: “Es posible instrumentalizar los prejuicios de la población. En ese aspecto, la política tiene una gran responsabilidad”.

Apenas unos meses después, la lucha electoral se abría paso en el territorio helvético.

Cambios más bien simbólicos

La Unión Democrática de Centro (UDC, por su traducción del francés) o Partido Popular Suizo (del alemán) destacaba de nuevo por su tono provocador. Aprovechando la Fiesta Nacional de 1° de Agosto, presentó como antesala de su lucha electoral, una campaña sobre su iniciativa popular para expulsar extranjeros delincuentes, con carteles en los que se muestra a unas ovejas blancas sobre la bandera suiza que echan fuera a una oveja negra.

Muchas miradas perciben a ese cartel como racista, pero el presidente de la UDC, Ueli Maurer, ha dicho que no ve nada de malo en él, porque “la oveja negra representa a un extranjero delincuente, y no a un extranjero en sí”.

¿Por qué utilizar esa imagen?, responde a swissinfo el sociólogo Sandro Cattacin: “Es casi imposible que un partido se presente como agente de cambio en su campaña en un país tan imbricado internacionalmente. Suiza, aunque no forma parte de la Unión Europea, se ha acercado mucho a ella con los acuerdos bilaterales y al retomar casi al 100% la legislación europea para aplicarla en casi todos los sectores”.

La consecuencia de ello, a juicio del investigador, es que las autoridades, los políticos han perdido su poder de gestión ante las presiones de esa adaptación.

“Allí entra la estrategia de la UDC y de otros partidos también: quieren mostrar cambios más bien políticamente simbólicos que políticamente reales, para marcar diferencias entre sus posiciones. En ese juego, la UDC ha elegido temáticas que fácilmente reactivan los miedos que existen en la sociedad”.

La estrategia de la provocación continua

“Los temas son seguridad, inmigración, pero inmigración en una lógica distinta, porque no se habla de si se requieren inmigrantes o no, o cómo arreglar el flujo inmigratorio, sino que se habla de inmigrantes como criminales, como invasores culturales, como problema. Es una manera de hablar muy lejana de la gestión actual del fenómeno migratorio en Suiza, que es muy diferente”.

Cattacin menciona que “desde el punto de vista del ‘marketing’, se trata de una campaña extremadamente profesional: posee el juego de la provocación continua que hace que el 40% de los artículos de la prensa hablen de la UDC; y eso significa que ha monopolizado el espacio público de esa campaña”, rescata de una investigación de su colega de la Universidad de Zúrich, Kurt Imhof.

“La justificación de este tipo de campañas está siempre al interior de la legalidad y juega, sin embargo, con el fuego de lo que hay fuera de esa legalidad, que es racista”, puntualiza Sandro Cattacin.

“Desgarramiento”

En su análisis, ¿qué es lo más preocupante a nivel sociológico? “Las campañas basadas en el miedo y en la distinción amigo-enemigo tienen como consecuencia un desgarramiento, hasta el punto de que ya no se produce la comunicación entre los partidos que pretenden modelos diferentes de tratamiento de la sociedad. El problema es que este desgarramiento es profundo. Ha sido sistemáticamente utilizado como orientación, no sólo por la UDC, sino también por el Partido Socialista, lo que tiene como consecuencia que después de las elecciones, la labor del consenso, obligatoria en este país, será muy difícil”.

Y eso conlleva a otras consecuencias indirectas, de acuerdo al investigador: “Los países pequeños no pueden permitirse políticas de mayorías y de minorías. Están obligados a que en su interior tiren todos del mismo lado de la cuerda porque, sino, su fuerza se debilita pronunciadamente”.

Cattacin recalca en ese contexto la dependencia de Suiza del extranjero, “aunque en lo imaginario, en la representación social se mantiene el discurso de independencia como un elemento muy importante. Los suizos están orgullosos de estar fuera de la Unión Europea, de su capacidad de decidir de manera autónoma, de su neutralidad”.

Y si bien el diálogo se restablecerá en el gobierno de consenso helvético, esta vez costará más tiempo y paciencia que tras las elecciones de hace cuatro años, concluye el profesor.

2ª Y 3ª PARTE EN MÁS SOBRE EL TEMA (opiniones de los expertos Thomas Kessler y Bernard Voutat).

swissinfo, Patricia Islas Züttel

En la democracia directa helvética, los grupos de interés pueden proponer una iniciativa popular y llevarla a las urnas a través de votaciones populares, si se reúnen 100.000 firmas ciudadanas que las respalden.

La propuesta de la UDC ‘Por más seguridad. Iniciativa popular para el despido de los extranjeros criminales’ fue presentada el 1° de agosto de 2007 y debe reunir las firmas requeridas antes del 10 de enero de 2009 para que la ciudadania helvética la evalúe.

Sin embargo, el tema de la iniciativa también es uno de los puntos centrales de la campaña electoral de la UDC, bajo el rubro de lucha contra la criminalidad.

Las elecciones federales del 21 de octubre no deben confundirse con las 3 o 4 citas anuales a las urnas para analizar ese tipo de iniciativas en votaciones populares.

Cabe decir que los listados de los temas de las campañas partidistas son muy extensos y diversos.

En las elecciones legislativas próximas en Suiza se eligen a los miembros del aparato legislativo helvético cada cuatro años.

El Parlamento es, a su vez, el encargado de elegir a los siete miembros del gobierno colegiado suizo.

La Unión Democrática del Centro (UDC, derecha nacionalista)y otros tres partidos -el Partido Radical (PRD, derecha), el Partido Demócrata Cristiano (PDC, centro derecha) y el Partido Socialista (PSS)- están representados en el Ejecutivo.

El 53% de las personas en Suiza podría ser considerado xenófobo en algún grado, aunque el 90% rechazaría claramente el extremismo de derecha.

Al antisemitismo concierne a alrededor del 20% de la población y la islamofobia ocupa al 30% de los suizos.

El extremismo de derecha tampoco tiene nada de marginal: 6% de la población estima que se pueden resolver los problemas con violencia y la filosofía de “mantener el orden” es muy aceptada.

Si se reúnen todos los análisis estadísticos efectuados, el potencial de la extrema derecha en el país ocuparía a entre el 6 y el 7% de la población.

En el estudio, solicitado en 2006 por el Fondo Nacional Suizo de la Investigación Científica, se entrevistaron a 3.000 personas.

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