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Autodeterminación y alianzas, semillas de Samuel Ruiz

Una de las imágenes del obispo, quien falleció el lunes 24 de enero, a los 86 años de edad.

Una de las imágenes del obispo, quien falleció el lunes 24 de enero, a los 86 años de edad.

(Keystone)

Resolver los conflictos en lugar de reprimirlos para una real paz social, tan simple como eso el mensaje del “padre rojo” de Chiapas, cuyo legado traspasó fronteras.

“Creador de retos, ha abierto muchas puertas para responder al desafío de crear paz y respetar los derechos humanos”, indica la suiza Tildy Hanhart, quien estuvo al frente del Programa de Paz de Suiza para respaldar la tarea del obispo emérito de San Cristóbal de las Casas.





























También era enero, pero de 1994. El mundo no miraba ni a Túnez ni a Egipto como hoy lo hace, sino a México: un levantamiento en Chiapas desafiaba a ese gobierno latinoamericano, a “la dictadura perfecta”, según Mario Vargas Llosa. Lo cierto es que el partido en el poder desde hacia entonces 65 años recibía un golpe bajo, justo cuando mostraba su gran logro: el Acuerdo de Libre Comercio (TLC) con Canadá y Estados Unidos.

Tampoco había Facebook ni Twitter; las redes sociales de esta era de la información no podían ser las armas de los movimientos contestatarios, sino los rifles, como ya la historia latinoamericana lo había visto una y otra vez.

La revolución institucionalizada mexicana se topaba con los neozapatistas.

El ‘Ejército Zapatista de Liberación Nacional’ (EZLN) le recordaba al gobierno el mismo día del estreno de su TLC que la exclusión se mantenía en ese México de grandes pretensiones de globalización con un mercado de 300 millones de personas, como se oía a diestra y siniestra.

A doce días de enfrentamientos surgió a escena el nombre del obispo de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz García, consiguiendo la tregua. Se convirtió en el mediador del conflicto.

‘J’tatik Samuel’, el padre Samuel en tzotzil, era bien conocido entre la comunidad indígena chiapaneca mucho antes de la revuelta zapatista. Encabezaba la diócesis desde 1959, un puesto que le permitió comprender la situación de marginalización de las comunidades autóctonas -mayoritarias, olvidadas y en situación extrema en la punta sur de México- y estar a su lado, acompañándoles, construyendo una tarea pastoral mal vista desde Roma, en tiempos del parto de la teología de la liberación en el continente nuevo.

Primero, los refugiados guatemaltecos

“Don Samuel”, viéndose más bien solo en esta tarea en la década de los 80 en una región donde la tensión se intensificaba ante la presencia de los refugiados guatemaltecos huyendo de las atrocidades de la guerra en su país, pidió respaldo al exterior. Fue así que llegó a San Cristóbal el suizo Karl Heuberger, de la ONG Ayuda Protestante Suiza (HEKS/EPER).

“Viví medio año en su diócesis en 1985 como invitado especial en el proceso de acompañamiento de los refugiados guatemaltecos. En aquel momento la situación era tan tensa que Samuel Ruiz me pidió acudir como observador. Tuve entonces muchas ocasiones y espacios para hablar con él. Me impactó mucho su forma de actuar y como se relacionaba con su gente. Un hombre ejemplar, un acompañante del pueblo”.

Con la experiencia anterior de la observancia internacional en el caso de los refugiados, el obispo sabía que tras el levantamiento sería provechosa para evitar violaciones en una entidad donde se concentró un tercio del ejército mexicano; además, en su tarea de mediador, requería apoyo.

Alianzas transfronterizas para fortalecer mediación

Suiza incluso estaba bien dispuesta a fungir como mediadora en el conflicto, pero las autoridades mexicanas rechazaron la idea, arguyendo que el asunto era incumbencia interna.

Eran tiempos del ministro de Exteriores Flavio Cotti, quien decidió entonces dejar en manos de las organizaciones civiles una propuesta que respaldase en Chiapas la defensa de los derechos humanos, pilar de la política extranjera helvética, con financiamiento federal.

Así se instauró el Programa de Observación de Suiza y después el Programa para la Paz (PROPAZ), coordinado por Tildy Hanhart, quien hoy advierte que Samuel Ruiz dejo en Suiza esa enseñanza de fortalecimiento a través de alianzas:

 

“Este desafío que nos ha planteado Don Samuel Ruiz era buscar nuevos caminos para no actuar solos dentro del seno de nuestras ONG, sino también en los campos políticos”.

“Aprendimos de Don Samuel, primero, la conciencia de la autodeterminación, del “debo actuar”, pero también el valor de formar alianzas para fortalecer la defensa de la justicia, la paz, los derechos humanos”, subraya Hanhart, quien recuerda que en la tarea de observación se involucraron directamente a parlamentarios suizos en nueve viajes de delegaciones mixtas a Chiapas.

 

El Programa de Paz de Suiza se convirtió en el ojo de la comunidad internacional en Chiapas, recordó a swissinfo.ch, Lukas Heinzer, de la división de Asuntos Políticos y Seguridad Humana del Ministerio de Asuntos Exteriores, poco antes de que Berna finalizara en 2007 su contribución directa de un presupuesto anual de 100.000 francos suizos.

Así surgieron instituciones fundadas por el obispo Samuel Ruiz de la talla del Centro para la defensa de los derechos humanos Fray Bartolomé de las Casas, la Comisión de reconciliación comunitaria (CORECO) o los Servicios y Asesoría para la Paz (SERAPAZ).

Pero en Chiapas, las ONG suizas siguen con PROPAZ, y con el dedo bien puesto en el renglón: ayudar en la resolución de conflictos, base de la tarea de Samuel Ruiz y hoy, su legado.

Samuel Ruiz García

Samuel Ruiz García falleció apenas un día antes de que cumpliera 51 años de haber sido nombrado obispo de San Cristóbal de Las Casas.


El clérigo, originario de Irapuato, Guanajuato, fue un importante defensor de los derechos y autonomía indígena en México y Latinoamérica.


Su etapa como obispo de San Cristóbal de Las Casas concluyó en 1999, pero siguió fungiendo como obispo emérito.


Recibió innumerables reconocimientos por su labor como defensor de los derechos humanos, como el Premio Simón Bolivar de la Unesco en 2000, el Premio Internacional de Derechos Humanos de Nuremberg en 2011, entre otros.

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Reacción de AI Suiza

Amnistía Internacional tras la muerte del obispo emérito subraya que “el legado de Don Samuel Ruiz debe recordarnos la enorme deuda que prevalece en México en materia de derechos humanos de los pueblos indígenas”.  

Alma Noser de la sección suiza de Amnistía, tras recordar los riesgos que el mediador corrió en la defensa de esas comunidades desprotegidas sin olvidar la masacre de Acteal en 1997, rescata:

 

“Samuel Ruiz dejó comunidades indígenas mejor organizadas hasta hoy y más consientes de su rol en la sociedad mexicana y del mundo. Y pienso que Don Samuel revalorizó la historia indígenas de siglos. Reforzó  fuertemente el valor de las mujeres indígenas y esto fue realmente nuevo. Les apoyó en su camino a la autoestima”.

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Mirada suiza en México

Al igual que otros actores internacionales, varias organizaciones suizas de defensa de los derechos humanos apoyan desde hace más de una década el proceso de paz en el estado mexicano de Chiapas.

Su mirada se ha expandido ante las situaciones precarias en otras entidades como Oaxaca, Guerrero, Chihuahua o el Estado de México.

'Peace Watch Switzerland' (PWS) realiza en Suiza una tarea de información sobre la situación de los derechos humanos en México, donde junto con otras organizaciones coordina la labor de observadores.


Las organizaciones de ayuda de las iglesias helvéticas, como EPER/HEKS, Acción Cuaresmal Suiza, Cáritas, han desarrollado programas en Chiapas, respaldados por el gobierno suizo y por los donativos de los fieles y la población civil helvética.


Desde 2001 se instauró el programa PROPAZ.

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swissinfo.ch


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