Es hora de prohibir los aviones privados

Ninguna medida inmediata que incomode a tan poca gente puede reducir tanto las emisiones de gases de efecto invernadero como prohibir los aviones privados, argumenta Mario Huber.  

Este contenido fue publicado el 23 enero 2020 - 13:00
Mario Huber

Durante mucho tiempo los aviones privados se han visto como mero símbolo de estatus de riqueza y éxito. Pero últimamente también han aparecido historias –y con razón– que ponen de manifiesto su impacto ambiental. Nada más quema tanto combustible fósil para el uso exclusivo de un puñado de personas, contaminando así el aire y contribuyendo al cambio climático. ¿Por qué a pesar de su cuestionable utilidad la sociedad sigue permitiendo que existan?   

Las prohibiciones son impopulares. Sin embargo, en Reino Unido el Partido Laborista ha prometido considerar que los aviones privados que funcionan con combustibles fósiles se prohíban para el año 2025. El anuncio se hizo a principios del pasado noviembre, cuando en Gran Bretaña acababa de comenzar la campaña electoral para las elecciones generales del 12 de diciembre. Dos semanas más tarde, denunciando que las aeronaves privadas son un modo de transporte absurdo, una sección suiza del grupo de activistas medioambientales Extinction Rebellion bloqueó la Terminal de aviones privados del aeropuerto de Ginebra. El mismo día, las juventudes del Partido Ecologista suizo decidieron, por unanimidad, incluir en su programa la prohibición de los aviones privados. 

Menos emisiones

Los aviones emiten dióxido de carbono, óxidos de nitrógeno y vapor de agua a gran altitud, aumentando así el efecto invernadero responsable del cambio climático. Está claro que la aviación causa una pequeña parte de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero –aunque los cálculos, que solo tienen en cuenta el dióxido de carbono, sistemáticamente lo subestiman– y los aviones privados únicamente representan una pequeña parte del total de la aviación. A pesar de todo, no son desdeñables los 20 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono que los aviones privados emitieron en 2015 (en torno al 0,1% del total mundial, y en aumento) junto con todas las demás sustancias que triplican el impacto climático de los vuelos.

Viajar en un jet privado emite hasta 10 veces más de dióxido de carbono que volar en clase turista y 150 veces más que utilizar los trenes de alta velocidad. Así, dejándolos en tierra y pasando a los pasajeros a la aviación comercial se reducirían las emisiones. Además, con menos comodidad y facilidad de acceso a un avión, los antiguos usuarios de aviones privados probablemente volarían algo menos a menudo. De hecho, cuando se trata de los superricos, las medidas disuasorias no económicas son más eficaces que imponer multas.

Para la élite  

Pero, lo más importante de todo, a diferencia de la comida y la calefacción, es que realmente nadie necesita aviones privados. Solo una parte mínima de la élite mundial llega a utilizarlos. La proporción de la humanidad que los disfruta es dos órdenes de magnitud menor que la proporción de las emisiones correspondientes.     

Incluso este pequeño grupo se enfrenta a consecuencias materiales limitadas. Los aviones privados, en efecto, ofrecen flexibilidad de horarios, más privacidad y la posibilidad de evitar algunos aeropuertos abarrotados, que utilizan personas menos acomodadas. Pero una prohibición no reduciría sustancialmente la movilidad. A diferencia de lo que ocurre al trasladarse por tierra o mar, la elección de volar en primera clase en un avión comercial no incrementa considerablemente el tiempo de viaje.  

Los usuarios de aviones privados son quienes más vuelan y probablemente quienes se han beneficiado del crecimiento económico mundial del pasado, que, en sí mismo, es responsable del cambio climático. Por lo tanto, exigir a estas personas que, para mitigar el cambio climático, hagan mayores sacrificios que quienes tienen menos medios no es solo una cuestión de viabilidad, sino también de ética y justicia climática.

Un mensaje

En última instancia, el mensaje que envía el hecho de que se prohíban los aviones privados tendría efectos de mayor alcance que sus consecuencias inmediatas. Han pasado décadas sin que se hayan tomado medidas verdaderamente significativas para mitigar el cambio climático. Las huelgas por el clima de 2019 dieron un impulso a la cuestión. Sin embargo, muchas personas (dentro y fuera de la política o la ciencia) todavía no son conscientes de la gravedad del cambio climático. Los medios de comunicación pueden seguir publicando pronósticos catastróficos basados en la ciencia más avanzada y esto no cambiará. Las acciones concretas impresionan a la gente más que las explicaciones o declaraciones de intenciones.  

La prohibición demostraría que incluso las personas más poderosas y ricas se ven obligadas a adherirse a disminuir el cambio climático. La prohibición sería una prueba instantánea de la importancia primordial de tomar medidas rápidas y concretas sobre los combustibles fósiles. Haría que las políticas climáticas de mayor alcance fueran más legítimas y socialmente aceptables.

Aplicar la prohibición   

Como siempre, el Gobierno tendría que elaborar los detalles, como la distinción entre las aeronaves no comerciales que prestan servicios de interés público y los aviones de lujo. De los aviones privados también depende un pequeño número de empleos, pero esto no debería ser una preocupación importante, porque la acción climática significa que muchas ramas industriales desaparecerán a medida que aparezcan nuevos negocios sostenibles. De todas formas, los gobiernos necesitan políticas para hacerse cargo de los trabajadores atrapados en estos cambios. Además, estos trabajadores normalmente están altamente cualificados y podrían permanecer sin problemas en la aviación o trasladarse a otras ramas técnicamente complejas.   

¿Y ahora qué? La característica de prohibir los aviones privados es que suena radical mientras, simplemente, es racional. El camino es hablar con conocidos, políticos locales u otros responsables de la toma de decisiones sobre la acción climática y sobre por qué es hora de que los aviones privados se prohíban.  

Los puntos de vista expresados en este artículo únicamente corresponden al autor, y no necesariamente reflejan las opiniones de swissinfo.ch.

Mario Leandros Huber

Mario Leandros Huber estudió matemáticas, ciencias sociales y económicas y ha trabajado para el Gobierno suizo y ONG. Ha puesto en marcha la iniciativa BanPrivateJets.org, cuyo objetivo es debatir sobre cómo reducir los vuelos de manera socialmente aceptable.

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