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Soja: ganancias para unos, despojo para otros

Soja: un monocultivo que ha desplazado a otros alimentos básicos en la alimentación de campesinos e indígenas. Reuters

Mientras los precios de la soja o del oro se disparan y su comercio produce ganacias astronómicas, ¿qué pasa en la lejana pampa argentina, donde se siembra el grano o se explota el mineral?

Este contenido fue publicado el 18 abril 2011 - 10:01
Rosa Amelia Fierro, swissinfo.ch

“Una situación espantosa”, afirmó Dalmira Pensa, profesora de la Universidad de Córdoba, quien habló en Berna sobre lo que ocurre en el primer eslabón del comercio internacional.

Los indígenas y campesinos pierden la base de su subsistencia y muchos de ellos hasta la vida, señaló Pensa, invitada a Suiza por el World Trade Institute de la Universidad de Berna (WTI) y la Agencia Suiza para la Cooperación y el Desarrollo, COSUDE.

 

Pensa mostró fotos de un indígena herido gravemente en Formosa por protestar contra la apropiación de sus tierras y de niños con forúnculos, afectados por la fumigación. “Se ha llegado al extremo de fumigar con avionetas mientras niños con banderitas marcaban los límites. Estas prácticas duraron hasta cuatro años y hoy los ‘niños banderilleros’ sufren de cáncer”, refirió.

En Formosa, Chaco y Misiones, Amnistía Internacional ha comprobado violación de derechos humanos, constitucionales, omisión al derecho internacional, maltrato y discriminación institucional, seguimiento policial, intimidaciones, amenazas anónimas y secuestro. Todo esto desde el Estado, denunció.

En Argentina existe una legislación que prohibe actividades extractivas y el desmonte en regiones boscosas, pero cuando en Chicago aumenta la cotización internacional de la soja, en la pampa se incendia más bosque, se avanza sobre fuentes de agua y sin el recurso básico, las comunidades se ven obligadas a huir, refirió.

“El poder económico recurre al apoyo de jueces, legisladores, policías para apropiarse de las tierras”.

Hoy son más pobres y se extinguen

Ante una pregunta del auditorio, Pensa reconoció que esas comunidades eran pobres “antes de la imposición de nuevas formas de producción, de la cultura depredadora del medioambiente y del consumo excesivo de combustibles”.

“Eran pobres, pero podían reproducirse y mantenerse. Hoy se extinguen, porque con el de deterioro de su hábitat, no tienen más soberanía alimentaria, no pueden mantenerse con sus propios alimentos ni curarse con los remedios de sus selvas. Y con ello pierden su socialización y su cultura”.

Esta situación es similar en Paraguay y Bolivia, dijo Pensa en su conferencia ‘Pérdida de biodiversidad y riqueza natural en el norte de Argentina’ ¿un nuevo paradigma agrario?’.

Una situación que a su criterio es “reflejo del modelo de acumulación capitalista, que hace 30 años no había entrado a la pampa húmeda. Pero con el desarrollo tecnológico y la introducción de transgénicos, controlados por grandes consorcios, la frontera agropecuaria se expandió”.

Este modelo tiene raíces históricas, remarcó la investigadora. “El primer despojo ocurrió con la Conquista. Pero este proceso se sigue viendo hoy. Por ejemplo, el 80% del acuífero guaraní, el mayor reservorio de agua dulce del mundo, está en manos de un inversionista norteamericano”.

Ocho trabajadores para 4 mil hectáreas

Esta manera de explotación considera que se puede disponer de los recursos sin límites, incorpora en el cultivo de soja transgénicos, agroquímicos contaminantes y maquinaria pesada. Y en la minería, sustancias que matan toda forma de vida. Son prácticas irracionales, apuntó.

Pensa contradijo el argumento de que la inversión de grandes capitales crea empleos. “No, en la agricultura y la minería trabajan con muy poca mano de obra. En la producción de soja se emplean a 8 personas para trabajar 4 mil hectáreas. También en la minería el trabajo lo hacen las máquinas”.

El discurso de los grandes inversionistas - que crean bienestar, desarrollo y empleo - no corresponden a su accionar, añadió. “En la producción orientada al mercado internacional, los campesinos dejan de producir alimentos esenciales, ya no crían ni pollos ni cerdos. La producción a gran escala no es típica de nuestra economía”

Ir al primer eslabón de la cadena

Elisabeth Bürgi, abogada e investigadora del concepto de desarrollo sostenible del WTI, informó a swissinfo.ch que invitaron a Dalmira Pensa para favorecer el intercambio académico y conocer los debates en otras regiones del mundo.

“Cuando hablamos de las reglas de comercio internacional no olvidamos la base: ¿qué pasa en esos lugares? ¿cuáles son los impactos locales?”.

Tras escuchar a Pensa señaló que para disminuir las desventajas que implica todo comercio internacional, los países del Sur necesitan producir con valor agregado y los mercados del Norte ser más accesibles, menos proteccionistas.

“Suiza particularmente protege mucho a su sector agrícola e impide que ingresen otros productos. Por esta razón este sector, en general, no se negocia en los tratados de libre comercio”.

Reconoció que el comercio internacional no está establecido de tal manera que también sirva a los pequeños campesinos. “Los estados de los países del Sur, hasta ahora débiles, tienen que fortalecerse para jugar otro papel”.

¿Cómo interviene el estado?

El comercio de soja y minerales, según Pensa, da altos excendentes al gran productor porque el 50% de lo exportado no paga impuestos. “Ese dinero entra a un circuito negro o va a cuentas de paraísos fiscales. En el caso de la minería prácticamente no paga tasas”.

“El estado favorece procesos de acumulación o de mantenimiento del orden social. Financia políticas con las divisas que ingresan, pero también surge una economía especulativa, sube el valor de los inmuebles, del suelo, aparecen los vehículos suntuarios, desaparece la economía familiar sustentable”.

Según la investigadora, el estado argentino gobierna con dobles estándares: uno para los sectores urbanos medios, otro para los aborígenes”.

O no gobierna: “en Pascua-Lama, entre la frontera chileno-argentina, se ha creado un espacio donde no hay soberanía, la empresa minera impone sus leyes.

Dalmira Pensa llamó a la reflexión: estamos agotando los recursos naturales, el interés individual prima sobre la solidaridad, ha incrementado la brecha entre ricos y pobres. Pero como dijo Evo Morales, “la naturaleza, los bosques y los pueblos indígenas no estamos en venta”.

Universidad de Berna; WTI

El Instituto de Comercio Internacional (WTI) es una de las principales instituciones académicas del mundo dedicadas al comercio internacional.

Fusiona las leyes, las relaciones económicas e internacionales en la investigación disciplinaria, la formación, el trabajo de asesoramiento y la asistencia técnica en Suiza y el extranjero.

Es la institución con mayor experiencia en el mundo que ofrece un título de postgrado especializado en Derecho y Economía de la Regulación del Comercio Internacional, a través de su programa de Master de Derecho Internacional y Economía (MILE).

Los estudiantes adquieren habilidades y conocimientos prácticos para afrontar los retos de la gobernanza global.

Como institución anfitriona del Centro Nacional Suizo de Competencia en Investigación sobre la Regulación del Comercio, se encuentra en el núcleo de una red de investigación global.

Su objetivo es desarrollar recomendaciones de políticas innovadoras que reflejen un mejor balance entre los objetivos económicos y otras regulaciones.

Está conectado con las organizaciones internacionales, agencias gubernamentales y los principales estudios jurídicos de Derecho Internacional en Ginebra y Bruselas.

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Dalmira Pensa

Es profesora de ciencias sociales en la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina.

Allí coordina el Departamento de Aprendizaje a Distancia.

Es directora e integrante del equipo de investigación que estudia la economía creada por modelos de acumulación a través del despojo.

Colabora cercanamente con movimientos sociales y organizaciones que defienden los bosques, la tierra, la cultura y la vida de comunidades nativas y campesinas en Argentina.

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