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Un defensor del patrimonio intangible

Diego Gradis, director de la ONG Tradiciones para el Mañana. María Flores

Diego Gradis es uno de los co fundadores, hace más de 20 años, de la ONG ‘Tradiciones para el mañana’, organización con sede en Rolle, cerca de Lausana en el cantón de Vaud.

Este contenido fue publicado el 28 mayo 2004 - 19:14

No es antropólogo, sociólogo, ni misionero. Es un abogado que cansado de ejercer en los bufetes de Nueva York y París, comprendió la importancia del patrimonio cultural de los pueblos indígenas.

Tomó conciencia de la importancia del ‘patrimonio intangible’, es decir de la defensa de los valores culturales de los pueblos indígenas cuando tenía 32 años y en plena carrera de abogacía en Nueva York y París.

Durante un viaje a Tailandia, este parisino, pero ginebrino de adopción, visitó dos comunidades rurales de ese país. Una que había conservado sus tradiciones y su sistema de vida y otra que la había perdido completamente.

La primera vivía en armonía y, en la segunda, sus componentes estaban involucrados en el tráfico de drogas, la prostitución y el alcoholismo. Es decir, se encontraba en completa descomposición de su estructura comunitaria. “Esta constatación me impactó y entonces me dije que había que hacer algo”, explica.

¿Y por qué América Latina?

“Por una cuestión de idioma. Yo no hablo taï, y los taï tampoco hablan mi idioma. Para lograr la confianza de la gente en el campo hay que poder comunicar directamente con ellos y si no hay comunicación directa, entonces es muy difícil”, señala.

Fue en aquel momento cuando, con su esposa Chistiane, viajaron a distintos países de América Latina para compartir en las comunidades indígenas y con campesinos con los cuales tenían algún contacto.

A través de esta relación descubrieron que los indígenas consideraban muy importante el elemento cultural para fortalecer su identidad como pueblos, pero nadie consideraba primordial ese aspecto. “Se trata de un patrimonio intangible que va desapareciendo; y si desaparece, eso los va a destruir tal como hace siglos los destruyó la colonización”, afirma.

Fue así como, en 1986, fundaron la ONG ‘Tradiciones para el mañana’, que ahora cuenta con un equipo de 30 colaboradores y con oficinas en 12 países latinoamericanos y un representante en Estados Unidos.

Proteger la diversidad cultural

Pero Diego Gradis no se ocupa sólo de su ONG y del trabajo en el terreno. Forma además parte de varias federaciones internacionales que trabajan en temas parecidos.

Hace algunas semanas fue designado por la Comisión Nacional Suiza ante la UNESCO para ocuparse de la preparación de la Convención Internacional sobre protección de la diversidad cultural.

También integra el grupo de trabajo de las ONG suizas que colaboran en la lucha contra el tráfico ilícito de bienes culturales. Al respecto manifestó su satisfacción porque Suiza haya adherido a ese tratado, en virtud del cual la policía y aduanas dispondrán, en adelante, de mecanismos para combatir ese pillaje que a su juicio destruye aún más el patrimonio intangible de los pueblos indígenas.

Decenio de los pueblos indígenas

Como abogado, Diego Gradis ha podido aportar sus conocimientos y experiencia en el plano del derecho internacional de los pueblos indígenas, pero a pocos meses de terminar el decenio lanzado por Naciones Unidas, manifiesta su desencanto por los resultados obtenidos.

“Es triste, es tremendo, este año se va a terminar el decenio internacional de los pueblos indígenas y parece que hemos caminado para atrás”, dice.

“Hay que ser franco”, subraya. “El proyecto de Declaración Universal de los Derechos Indígenas se viene trabajando desde hace 15 años y sólo se han aprobado 3 artículos”.

Este fracaso lo atribuye a la existencia de diferentes posiciones políticas dentro de los mismos pueblos indígenas, pero sobre todo a la actitud de los gobiernos, que han impedido que la declaración avance.

“La forma en que ha sido discutido el proyecto no ha sido la mejor. Por factores ideológicos se quebró el dialogo entre pueblos indígenas y los Estados para caminar juntos hacia una solución”, lamenta.

Diego Gradis, a pesar de su dedicación total a la causa de su ONG, durante más de 20 años, no ha abandonado totalmente el ejercicio de la abogacía. “Cierto, sigo trabajando como abogado porque hay que vivir de algo, ya que de esto no se come”, confiesa con una pizca de malicia.

Este reportaje sigue en “Más sobre el tema”.

swissinfo, Alberto Dufey

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