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Patrimonio de la UNESCO Conservación ambiental solo con respeto de derechos indígenas

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Julio Cusurichi en Pérou

“Un indígena sin territorio es una especie de ser humano que no vale, casi inexistente”,  afirma Julio Cusurichi . En la imagen, el representante de la Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes de la Amazonía peruana en su territorio natal.

(SPM/Martin Wanner)

Ginebra se convirtió esta semana en la “capital” de las naciones autóctonas al acoger la X Sesión del Mecanismo de Expertos sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. Ese mecanismo es una importante caja de resonancia, afirma Julio Cusurichi Palacios, Premio de la Fundación Goldman 2007 a los protectores medioambientales.

“Un indígena sin territorio es una especie de ser humano que no vale, casi inexistente”, afirma Cusurichi, enarbolando la principal exigencia que trajo a las Naciones Unidas en representación de la Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes (FENAMADEnlace externo) de la Amazonía peruana.

Uno de los mayores problemas que debe confrontar la FENAMAD en la actualidad es la condición de vida de algunas de sus comunidades asociadas ubicadas dentro del Parque Nacional del Manu. Establecido en 1973, con más de 1 millón 700 000 hectáreas en los Departamentos de Madre de Dios y Cusco, fue declarado en 1987 Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO.

“El problema es que esta reserva se creó sin consultar a los pueblos Matsigenka que viven allí desde hace miles de años”, explica el dirigente de la FENAMAD, también presidente ejecutivo de los Comités de Áreas Naturales Protegidas de todo Perú. Impusieron una Administración del área natural sin la participación de los pueblos que viven en sus territorios ancestrales, denuncia.

Se trata de un caso emblemático de la confrontación entre “la conservación de la naturaleza y los derechos esenciales de los pueblos indígenas”, señala Cusurichi. La situación es dramática, continúa. “Están condenados a la caza y la pesca para la subsistencia, sin ninguna posibilidad de realizar otras actividades económicas y productivas que les permitan vivir con dignidad, y sin acceso a educación multicultural, salud integral y derechos sociales básicos”.

Julio Cusurichi y Mauro Metaki, en Ginebra. 

(SPM/Julia Büsse)

La paradoja parece instalada en el casi infinito Parque Nacional Manu: a pesar de ser muy famoso a nivel internacional, conocido por guías de turismo y a través de manuales y enciclopedias, esconde la “realidad interna diaria de la violación de los derechos elementales de nuestros hermanos indígenas”. Nuestro objetivo más concreto, enuncia Cusurichi, es promover la búsqueda de una política de conservación que tenga en cuenta los derechos los pueblos originarios y su aporte.

Eso implica el desarrollo de un nuevo modelo de gestión del Parque; la creación de reales espacios de diálogo y cooperación entre las comunidades indígenas y las entidades del Estado; programas educativos interculturales y bilingües; y un programa integral de salud que reconozca también la medicina tradicional, sintetiza el dirigente shipibo.

“Hablarle al mundo”

El Gobierno nacional solo mandató a su Ministerio de Cultura para dialogar con los pueblos originarios del Manu. Pero sin promover mejoras reales en lo económico, en lo productivo. Ante esta insensibilidad ya crónica “adquiere una gran importancia el hacer escuchar nuestra voz en el terreno internacional. Venimos a presentar nuestra problemática y nuestras propuestas, a hablar con autoridades mundiales y representantes de la sociedad civil”, señala el coordinador de la FENAMAD quien informa también de un encuentro que tuvo la delegación que preside con los responsables de la Misión Permanente de su país ante la ONU en Ginebra.

El dirigente ha sido reforzado en su iniciativa por entidades e instituciones intergubernamentales que han ido posicionándose a favor de las reivindicaciones de los indígenas peruanos. En 2007, la Comisión Internacional de Derechos Humanos (CIDH) dictó medidas cautelares (de protección) a favor de los Pueblos Indígenas en Aislamiento de Madre de Dios, en respuesta a una solicitud que había presentado FENAMAD en el 2005.

Victoria Tauli-Corpuz, relatora especial de las Naciones Unidas para los Pueblos Indígenas, “ha insistido en diferentes ocasiones en que no se puede hablar de conservación natural sin tener en cuenta los derechos de los pueblos indígenas”, subraya Julio Cusurichi. Recuerda que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), la organización medioambiental más grande del mundo con sede en Gland, Suiza, “sostiene la misma posición en un informe que acaba de presentar en junio de este año. Es decir, que la conservación no puede oponerse a los derechos indígenas”.

“Combate a favor del planeta entero”

A pesar de lo complejo de la lucha de los pueblos originarios por sus derechos esenciales, “pienso que se han dado algunos avances y encuentro hoy muchos aliados que piensan igual y nos sostienen”, subraya el Premio Goldman 2007.

El problema principal “son los Gobiernos nacionales, los poderes económicos, las industrias extractivas que controlan los hidrocarburos, la madera, los recursos naturales y que no quieren entender que los recursos de la Amazonia son limitados”, enfatiza.

Por ello es importante, “sensibilizarlos, convencerlos de que no deben considerar nuestras reivindicaciones solo como la posición de los indígenas. Van mucho más allá: deben comprender que si siguen explotando los recursos naturales de esta manera, los van agotar y todos sufriremos por igual las consecuencias”,

Espacios como el Mecanismo de Expertos del Medio Ambiente de la ONU; alianzas internacionales; la solidaridad en general, tienen la importancia de llegar a la conciencia ciudadana. Es fundamental comprender, concluye Cusurichi, “que las reivindicaciones y la movilización consciente de los pueblos indígenas tienen una repercusión mucho más amplia que nuestro espacio local, son aportes al conjunto de la ciudadanía del planeta entero”.

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