Un teléfono para evitar la caída en el abismo
El clima frío y gris, un balance negativo del año que se va, o las fiestas navideñas, que no son para todos 'de paz y unión' agudizan las crisis existenciales.
Cuando no hay parientes, ni amigos, cuando la persona está sola con sus problemas, una voz puede ayudarla a salir del túnel.
En Suiza, el número de la ‘Mano Tendida’ o ‘Teléfono Amigo’ es el 143. Está al servicio de los habitantes de este país desde hace 50 años.
En este tiempo ha salvado vidas. Muchos han encontrado las pistas para salir de sus depresiones, dependencias y problemas familiares. Pero el fracaso y la tragedia también han estado presentes.
Susanna Aeschbacher, voluntaria de la ‘Mano Tendida’ de Berna desde hace 6 años, refiere justamente uno de los casos que más la impresionaron: la llamada de un joven que tenía miedo por su amigo, al que le iba muy mal y no sabía cómo seguir adelante.
«Este joven llamó, habló pero luego dijo que ya no tenía más tiempo ni más calma, que debía buscar a su amigo porque temía lo peor. El final fue trágico, el amigo se quitó la vida. Eso me conmovió mucho».
«Sólo ayudamos a encontrar una solución»
Aeschbacher sabe que puede volver a confrontarse con experiencias semejantes, lo que no la desanima a seguir con el voluntariado. «Mi motivación fue dar una posibilidad a las personas de hablar con alguien cuando se encuentren en situaciones difíciles».
Este trabajo tiene mucho sentido para los demás y para ella misma.»Me siento satisfecha cuando puedo sacar algo del sentimiento negativo o doloroso. No ofrecemos una solución, intentamos elaborarla con la persona. La solución está en ella misma».
Aeschbacher y los otros voluntarios de la ‘Mano Tendida’ son preparados con cursos introductorios y actualización constante. «Nos hemos comprometido a estar disponibles por teléfono las 24 horas del día durante un mes».
El tiempo es un bien escaso en sociedades como la suiza. Aeschbacher lo encuentra, aun cuando es casada, madre de tres hijos, abuela de tres niños (a los que dedica dos días a la semana), cantante de un coro y experta en manualidades.
«¿Tiene tiempo para escucharme?»
Pero Aeschbacher es la excepción a la regla y eso lo saben, sobre todo, aquellos que en su entorno no encuentran a nadie dispuesto a escuchar sus problemas, como lo confirma el testimonio de otra voluntaria que prefiere conservar el anonimato:
«Lo primero que pregunta un hombre que llama hace varios años es si tengo tiempo. Llama varias veces al día, a veces sólo para decir ‘hola’ o porque estuvo despierto toda la noche y cada minuto le pareció una eternidad. Porque está cansado. Pregunta si la esquizofrenia es tratable y dice que no le gusta salir a la calle porque tiene miedo, que su vida es una desgracia».
No siempre termina así las conversaciones. En los buenos tiempos cuenta de su vida cotidiana, de sus esperanzas, de los avances en su terapia. A pesar de frecuentes recaídas, estadías en la clínica y fases de profunda desesperación, ha conseguido cierta independencia. Sus frecuentes llamadas a la ‘Mano Tendida’ es uno de sus pocos contactos con el mundo.
«Como este hombre, 50% de los que llaman tienen contacto repetido o prolongado con nosotros. Hacemos un acompañamiento continuo. Dar a la alguien algo del propio tiempo, un gesto aparentemente sin importancia, exige de nosotros lo más valioso que tenemos que ofrecer», concluye esta voluntaria.
Saber escuchar, ¿una cualidad femenina?
Para la ‘Mano Tendida’ de Basilea es central el saber escuchar, como revela el siguiente testimonio de Gertrud, una de sus voluntarias:
«Te escucho, a ti que estás en una situación difícil y no sabes cómo salir de ella. ¿Realmente te he entendido? ¿Pude sacarte de donde estás sin juzgarte? No sé si vas a llamar otra vez, o si fue una oportunidad única saber algo de ti y caminar contigo un trecho de tu vida. Desconocido, te agradezco haber podido crecer en ti».
De los 50 voluntarios de la filial de Berna, 48 son mujeres. Según Jean-Claude Keusen, su director, la abrumadora mayoría femenina se debe a que «la asesoría demanda alto grado de sensibilidad, disposición para escuchar, apertura, cualidades que no son tan propias de los hombres, que prefieren ocuparse de otras actividades filantrópicas como ser bomberos».
Según este psicoterapeuta, otra de las condiciones que deben reunir los voluntarios es ser mayores de 30 años. «Creemos que para este trabajo se necesita cierta experiencia de vida. Hacia arriba no hay límites, alguien mayor de 65 años es bienvenido».
Keusen destaca las ventajas del anonimato en la consejería, pero también observa algunas limitaciones. «No tenemos a nuestro interlocutor frente a frente, no podemos ver directamente cómo reacciona, dependemos de su tono de voz que nos permite deducir cómo se siente, cómo cambia su estado de ánimo».
Además, están obligados a no intervenir, no hacer ningún contacto personal, tampoco llaman a un servicio de emergencia. «Partimos de que si esta persona fue capaz de llamar a este número de tres dígitos, también puede llamar a la policía, a la sanidad u otro servicio de emergencia».
La necesidad une a los seres humanos
Suiza es una sociedad de bienestar material y, sin embargo, muchos de sus habitantes sufren psicológicamente. Keusen explica así esta aparente contradicción: «En estas sociedades, muchas personas chocan con el límite de su rendimiento, no están preparadas para enfrentar las exigencias de la sociedad globalizada, con sus expectativas de lograr alta rentabilidad».
Cuando se rompe el lazo con su red social, pronto están confrontados con el descenso social. La cohesión de una comunidad no se afianza precisamente en el bienestar sino, aunque suene paradójico, allí donde reina la necesidad, según Keusen.
«Es la necesidad la que junta a los seres humanos y no la prosperidad o cuando todos tienen lo suficiente para vivir. Creo que esa es la razón por la que hoy en nuestra sociedad estamos cada vez más confrontados con el aislamiento, con la falta de amigos, con el individualismo».
swissinfo, Rosa Amelia Fierro
Los temas que más preocupan: Soledad, crisis existenciales, depresiones, toxicodependencias, sufrimiento físico y emocional, abuso sexual y violencia, problemas de relación y de pareja.
De los que llaman, el 2% tiene pensamientos suicidas.
El 70 % de los que piden ayuda son mujeres.
El 65 % de las llamadas ocurren en el día (de 8.00 a 22.00 horas)
El 30 % de los que llaman son menores de 20 años.
El 40 % tiene entre 20 y 60 años.
El 30 % es mayor de 60 años.
El 13% ha sido víctima, por lo menos una vez en su vida, de violencia.
En 2006 el número 143 y la página Web de la Mano Tendida recibieron más de 230.000 contactos. Es decir, 630 contactos cada día.
En los años 50, un diario londinense publicó que una adolescente de 13 años se había quitado la vida cuando le empezó la menstruación. Sus padres no le habían explicado nada al respecto.
El párroco anglicano Chad Varah se sintió tan decepcionado e indignado por este hecho que se dedicó a explicar la sexualidad a los jóvenes.
En 1953 puso un aviso en el diario: «Antes de que se quiten la vida, llámenme».
Llamaron tantos jóvenes que el párroco vio la necesidad de emplear a voluntarios. Así apareció la primera consejería de los ‘samaritanos’, como se llamó entonces a la Mano Tendida.
En 1957 se fundaron las primeras secciones de ‘Mano Tendida’ de Suiza, en Zurich y en San Gall. En 1959, en Berna y en Ginebra.
En 1960 se fundó en Berna la ‘Asociación Suiza de la Mano Tendida.
En 1967 se creó la Asociación Internacional de Ayuda por Teléfono que reúne a 20 países.
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