El papel de Suiza en el proceso de paz de Nepal
En Nepal la guerra civil entre el Gobierno y los rebeldes maoístas terminó en 2006. Le siguió un proceso de paz de diez años en el que Suiza desempeñó un papel clave.
En 2006, cuando los rebeldes maoístas y el Gobierno acordaron un tratado de paz, Balendra Shah, el nuevo primer ministro nepalí [elegido en marzo de 2026] apenas tenía 16 años. En 2015, sin embargo, cuando Nepal adoptó una constitución permanente [la de 2007 era provisional], ya era un rapero conocido: Balen.
Encontrar el camino adecuado hacia la paz y la democracia lleva tiempo. Swissinfo ha hablado con antiguos protagonistas y observadores para reconstruir qué hizo falta para unir el país.
«En aquel momento, estábamos convencidos de que la paz allanaría el camino hacia la democracia y que la democracia garantizaría una paz duradera», afirma Günther Bächler, que en 2005 se convirtió en el primer asesor especial para que la paz se consolidase en Nepal. Antes de asumir el cargo, fue director de la fundación suiza para la paz Swisspeace.
En 2006 hubo un impulso internacional y local para construir el Estado y democratizar Nepal, según Bächler. «Por aquel entonces, la idea de la mediación no estaba tan manida como lo está hoy».
El conflicto había durado diez años. En 1996, los rebeldes maoístas comenzaron una guerra de guerrillas atacando varios distritos. Para combatirlos, el Gobierno nepalí recurrió a la Policía antes de desplegar el Ejército. Los alto el fuego, una y otra vez, fracasaron. Y a partir de 2002 el conflicto se intensificó. En la guerra civil murieron unas 17.000 personas y más de 1.000 siguen desaparecidas.
«Todavía recuerdo cómo se siguió intensificando el levantamiento. En 2003 se declaró el estado de emergencia. Fue un momento emocionante y triste para empezar a trabajar sobre el terreno», cuenta a Swissinfo Bishnu Sapkota.
El coste de la guerra
Sapkota comenzó su carrera como asesor de derechos humanos para las Naciones Unidas. «Se produjo un equilibrio estratégico. La guerra podría haber durado años, pero el Gobierno y los maoístas se dieron cuenta de que quizá nadie iba a ganar», recuerda Sapkota.
En 2004 publicó su estudio The Cost of War in Nepal [El coste de la guerra en Nepal]. «La gente era consciente, por supuesto, de cuántas personas habían muerto. Pero ¿qué hay de los costes en los derechos humanos de todas las personas, en la educación y la sanidad?», se pregunta. Sapkota fue nombrado secretario general de la campaña nacional por la paz y luego pasó a ser el director de programas de la iniciativa de transición hacia la paz (NTTP, por sus siglas en inglés).
«En aquel momento la comunidad internacional creó un entorno que insistía en el diálogo como solución. Todos los representantes de la sociedad civil y quienes defendían los derechos humanos también presionaban en este sentido: diálogo, diálogo, diálogo», afirma Sapkota.
Asimismo, el último rey de Nepal «en febrero de 2005 impuso una autocracia total», explica Sapkota. Así que el objetivo común de los partidos parlamentarios y los maoístas fue impedir que el rey se hiciera con el poder.
A la India en vehículo oficial suizo
La represión del rey contra la sociedad civil también obligó a Suiza a posicionarse, al menos entre bastidores, recuerda Bächler. «Algunos críticos con el régimen escaparon de la detención saltando por la noche muros de jardines. Pudimos esconder a algunos en vehículos oficiales suizos y, pasando por los controles militares, llevarlos hasta la India». Los pasajeros sudaban sangre y lágrimas dentro del coche, aunque los soldados no se atrevieron a abrir las puertas, relata.
Bächler prosigue: «El rey se pasó de la raya. Por eso ofrecimos nuestro apoyo a los partidos políticos para ayudar a poner en marcha el documento fundacional clave».
La firma de este documento de 12 puntos —en noviembre de 2005— fue un momento «histórico» para Sapkota y marcó el inicio de la cooperación entre los maoístas y una alianza de siete partidos parlamentarios.
El acuerdo que alcanzaron los maoístas y los partidos democráticosEnlace externo en noviembre de 2005 parece un llamamiento para acabar con la monarquía. En él se afirma que «se llegó a un acuerdo para establecer una democracia plena mediante un movimiento democrático a escala nacional de todas las fuerzas contra la monarquía autocrática». Según Bächler, a los partidos democráticos les preocupaba que los maoístas estuvieran interesados en crear un sistema democrático solo en su denominación. El acuerdo de 12 puntos, no obstante, ya estipulaba que un Nepal democrático debía adoptar un «sistema multipartidista competitivo».
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El fin de la monarquía
En abril de 2006 —tras las grandes protestas durante el movimiento popular de Nepal— el rey volvió a convocar al Parlamento, pero el Parlamento despojó al rey de la mayor parte de sus poderes constitucionales. En 2008, la Asamblea Constituyente declaró que Nepal es una república democrática federal.
Tanto los partidos democráticos como los representantes de los insurgentes maoístas temían verse superados en las negociaciones. No obstante, el diálogo continuó, apunta Bächler. Se veía a Suiza como un actor que apoyaba una democracia que pretendía «involucrar a la sociedad y remodelarla». El hecho de que Suiza ya estuviera ofreciendo ayuda al desarrollo a Nepal constituía una base sólida para que fuera tomada en serio, argumenta Bächler. «Todos los programas de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE) en las zonas rurales eran muy participativos», explica. A nivel local, se promovía la gestión de los recursos, mientras que a un nivel más alto, la atención se centraba en consolidar la paz.
Según Bächler, ambas partes se mostraban optimistas respecto al federalismo, que, como él mismo destaca, iba de la mano del fin de la monarquía, entre otras cosas para romper con el «dominio de las antiguas familias». «Era un sistema muy centralizado en el que la élite feudal que rodeaba al rey ostentaba gran parte del poder», señala Bächler. «No promovimos el federalismo, pero el hecho de que Nepal quisiera seguir este camino situó a Suiza en una buena posición, tanto como mediadora como experta», dice.
Otros actores internacionales sobre el terreno estaban en una posición menos favorable. «Los británicos no querían ni abolir la monarquía ni introducir el federalismo. Recuerdo haber discutido esto con el embajador británico mientras estábamos sentados frente a un retrato de la reina Isabel II», recuerda, e indica que todos los actores internacionales tenían sus propias agendas.
Acuerdo en Steckborn
El consenso sobre un sistema federal llevó a Bächler y a sus sucesores a explicar la democracia federal suiza. «Logramos introducir en el debate la participación, la subsidiariedad y nuestra estructura de gobierno vertical. En varias ocasiones invité a los maoístas a Suiza para hacerles comprender que su concepto de federalismo no debía verse influido por ideas estalinistas. Al final, lo entendieron», dice Bächler.
Sapkota recuerda cómo se desarrollaron los acontecimientos tras el acuerdo de paz. «Después de firmar el acuerdo general de paz en 2006, ambas partes, de repente, empezaron a discutir sobre la interpretación de cada uno de los puntos», rememora.
En 2011, su organización consiguió reunir a los negociadores de ambas partes en la localidad de Steckborn, en el noreste de Suiza. El tema central de la reunión —que se prolongó durante una semana— fue cómo se podría rehabilitar e integrar a los rebeldes maoístas en el Ejército nepalí. Una cuestión compleja y prolongada. Las partes negociadoras también debatieron diferentes modelos de sistemas de gobierno. Y, finalmente, esto condujo a un avance decisivo. «El acuerdo efectivo para la posterior Constitución se alcanzó de manera informal en Steckborn», reconoce Sapkota.
El legado jurídico sin resolver de la guerra civil
En 2023, Bimala Rai Paudyal ocupó el cargo de ministra de Asuntos Exteriores de Nepal. Entre 2008 y 2014 había trabajado en el país para COSUDE, lo que supuso una etapa formativa para su identidad y su carrera, sobre todo, porque COSUDE situaba en el centro de su labor a las personas beneficiarias de los proyectos, según ha respondido por escrito a Swissinfo. La organización también reconocía abiertamente que ningún proyecto podía beneficiar a todo el mundo por igual. La política y experta en desarrollo considera la paz de Nepal como un «proceso autóctono de aprendizaje a través de la práctica».
Pero Bimala Rai Paudyal subraya que el proceso de paz todavía no ha concluido y queda mucho por hacer; especialmente, en lo relativo a abordar los años de guerra de manera legal. Aunque se han promulgado leyes y se han creado comisiones para esclarecer la verdad y localizar a las personas desaparecidas, todavía se aplica de manera insuficiente. La voluntad de los partidos políticos —dice Paudyal— sigue siendo limitada. «Esto ha dejado fuera de los resultados del proceso de paz a las personas directamente afectadas por el conflicto», afirma. A pesar de lo cual describe el proceso como «un éxito moderado en comparación con otros países».
La organización suiza de desarrollo Helvetas —fundada en 1955— fue la primera en poner en marcha en Nepal proyectos centrados en la producción de queso. Helvetas sigue activa en Nepal. Jürg Merz es el actual coordinador para Asia de esta organización.
Merz llegó a Nepal en 1998 y, desde entonces, el país ha desempeñado un papel especial en su vida. «Mi intención era quedarme 20 meses, pero al final me quedé casi 20 años», cuenta.
Falta federalismo a nivel provincial
Los años de guerra tuvieron un gran impacto en «la forma de pensar de la gente y en su modo de ser», recuerda Merz. Con el tiempo y a través de sus proyectos, se dio cuenta de lo importante que era que personas de distintos orígenes, perspectivas y grupos étnicos trabajaran juntas. «Eso crea una mayor cohesión, raíces más fuertes y un tejido social más sólido», afirma Merz.
Nepal ahora es un país con más de 30 millones de habitantes que pertenecen a 140 grupos étnicos y castas diferentes. Durante sus dos décadas en Nepal, Merz pudo observar cómo el país se iba transformando en un Estado federal.
El federalismo en la nación himalaya, sin embargo, todavía tiene margen de mejora. «Creo que a nivel municipal, el federalismo funciona bastante bien, al igual que a nivel del Gobierno central. Aunque no funciona tan bien a nivel intermedio», expone Merz, quien añade que las provincias carecían de capacidad de presión, poder y recursos. «Dependen de las transferencias financieras del Gobierno central», apunta.
Por este motivo, «no solo COSUDE, sino también Helvetas» colabora cada vez más con las provincias en vez de con el Gobierno central. «Queremos seguir reforzando el federalismo y creemos que puede funcionar», explica Merz.
2025: protestas de la generación Z
Aunque muchas personas consideran que el proceso de paz de Nepal es un ejemplo importante, el país sigue enfrentándose a numerosos retos, como los problemas económicos y la emigración.
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Las esposas nepalíes, abandonadas por sus maridos migrantes y por el Estado
En 2025, miles de jóvenes tomaron las calles para protestar contra la corrupción y que el Gobierno prohibiera las redes sociales. Durante los disturbios el edificio del Parlamento resultó incendiado.
Más de 70 personas perdieron la vida y, como recientemente reveló la BBCEnlace externo, las muertes pudieron tener origen en una orden a la Policía de «emplear la fuerza necesaria».
«Diez años de insurgencia, diez años desde el alto el fuego hasta la nueva Constitución de 2015, y ahora, en los diez años transcurridos desde entonces, ha habido mucha ira y frustración en la sociedad», afirma Sapkota.
Después de que durante mucho tiempo la política hubiera estado dominada por figuras que veinte años antes habían participado en el proceso de paz, en 2026 un milenial ha sido elegido primer ministro.
Nepal en los últimos 20 años ha experimentado el segundo mayor incremento de libertad a nivel mundial, según un informe de 2026Enlace externo de la organización sin ánimo de lucro estadounidense Freedom House. Nepal es, sin duda, uno de los pocos ejemplos de evolución positiva que recoge el informe.
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Editado por David Eugster. Adaptado del inglés por Lupe Calvo. Versión en español revisada por Carla Wolff.
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