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La crisis del petróleo convierte la energía limpia en una prioridad nacional

Los precios de los paneles solares bajaron casi un 70 % entre principios de 2022 y finales de 2025, debido al enorme exceso de capacidad en China.
Paneles solares y aerogeneradores en el este de China. Ahora, la energía solar y eólica, las baterías y los vehículos eléctricos son más baratos y están más extendidos, lo que hace más asequible abandonar los combustibles fósiles. Copyright 2024 The Associated Press. All Rights Reserved

El conflicto de Oriente Medio ha puesto de manifiesto que la dependencia de los combustibles fósiles importados hace que las naciones sean más vulnerables a las crisis y a la escasez. Así que la energía limpia no es solo una necesidad climática, sino que también es un imperativo de seguridad nacional, con implicaciones para la transición energética.

El impacto en los mercados energéticos mundiales se está agravando tras más de ocho semanas de conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. El bloqueo del estrecho de Ormuz por parte de Teherán ha desencadenado lo que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) calificaEnlace externo como la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado petrolero. Una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado (GNL) del mundo pasa normalmente por esta vía marítima, y la mayor parte tiene como destino Asia. A medida que los suministros se han reducido, los precios de los combustibles se han disparado.

Según El Fondo Monetario Internacional, la crisis está afectando de forma desigual a las economías, pero advierte de que «todos los caminos» conducen a precios más altos y a un crecimiento más débil. Los gobiernos han respondido con medidas de emergenciaEnlace externo —control de precios, ahorro energético y recurso a las reservas estratégicas—, al tiempo que aceleran la transición hacia energías renovables más baratas y disponibles.

Por qué es importante para Suiza

Suiza también es vulnerable. El país helvético cubre en torno a dos tercios de sus necesidades energéticas con importaciones, entre las que se incluyen todos los productos derivados del petróleo, el gas natural y el combustible nuclear, utilizados principalmente para el transporte y la calefacción. Esta dependencia supone un gasto anual de unos 7.000 millones de francos suizos (9.000 millones de dólares), segúnEnlace externo la Fundación Suiza para la Energía (SES), que estima que, en términos de independencia energética, Suiza está en un intervalo medio entre los países europeos.

«La guerra de Irán muestra claramente lo vulnerable que es el suministro energético mundial ante los acontecimientos geopolíticos», afirma Léonore Hälg, responsable de energías renovables de la SES. Para que Suiza garantice el suministro y reduzca su dependencia de Estados autoritarios es esencial ampliar las energías renovables nacionales y reforzar la cooperación dentro de Europa, dice.

Suiza se ha comprometido a eliminar los combustibles fósiles de manera gradual y a continuar la transición hacia fuentes de energía renovables. En la última Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima (COP30), más de 80 países —entre ellos Suiza— pidieron una hoja de ruta clara para abandonar los combustibles fósiles.

Al mismo tiempo, Suiza sigue teniendo una gran dependencia de las importaciones de petróleo y gas, especialmente para el transporte y la calefacción de edificios. Esta serie analiza la dependencia energética de Suiza y su relación algo ambigua con los combustibles fósiles en el contexto internacional.

Un asunto global

Un análisis que ha realizado el laboratorio de ideas EmberEnlace externo muestra que casi las tres cuartas partes de la población mundial viven en países importadores de combustibles fósiles, y que 50 naciones importan más de la mitad de su energía primaria. Grandes economías como Alemania, Italia y España dependen de las importaciones para más de dos tercios de su energía. Japón y Corea del Sur, mientras tanto, dependen de las importaciones en más de un 80 %.

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Alrededor del 60 % de la población mundial vive en países importadores de gas natural licuado. Taiwán, Japón y Corea del Sur son algunos de los países más expuestos. El petróleo, sin embargo, sigue siendo la mayor vulnerabilidad en todo el mundo. Ember estima que el 79 % de la población mundial vive en países importadores de petróleo. En 2024, los importadores netos gastaron 1,7 billones de dólares en combustibles fósiles. Y cada aumento de 10 dólares en el precio del petróleo añade a la factura global de importaciones unos 160.00 millones de dólares.

De hecho, tal y como reconoce Daan Walter, director de Ember, «el petróleo es el talón de Aquiles de la economía mundial. La actual crisis ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de Asia en materia de petróleo».

Alternativas a corto plazo e impacto en las emisiones

A corto plazo, la guerra podría provocar un aumento de las emisiones de CO₂. Y es que, para compensar los elevados precios del gas, varios países han vuelto al carbón. Mientras que Tailandia ha reactivado las centrales eléctricas de carbón, Japón y Corea del Sur han flexibilizado las restricciones sobre la quema de carbón. En Europa, Italia ha retrasado la eliminación gradual del carbón y en Alemania las centrales de carbón, temporalmente, están produciendo más energía que las de gas.

La mayoría de los países, en lugar de construir nuevas centrales, están retrasando el abandono del carbón; una tendencia que ya se observó después de que Rusia invadiera Ucrania.

La crisis también ha reavivado el debate sobre la energía nuclear como una forma de reducir la dependencia de los combustibles fósiles. Taiwán está considerando volver a poner en marcha su último reactor, mientras que Japón sigue debatiendo la posibilidad de reactivar más centrales. Varios países europeos —entre ellos Suiza— están sopesando aumentar la inversión en energía nuclear, aunque la nueva capacidad tardaría años en estar disponible.

Antes de que estallara el conflicto en Oriente Medio el 28 de febrero, solían atravesar el estrecho entre 125 y 140 buques al día. Hoy en día, muchos petroleros y buques siguen bloqueados y el tráfico se ha reducido a un goteo.
Antes de que, el 28 de febrero, comenzara el conflicto en Oriente Medio, cada día entre 125 y 140 buques cruzaban el estrecho. En este momento, muchos petroleros y buques siguen bloqueados y el tráfico se produce a cuentagotas. Keystone / AP Photo

Para la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el declive de la energía nuclear en las últimas dos décadas es un error estratégico y ha advertido de que la dependencia de las importaciones de combustibles fósiles, «caras y volátiles», coloca a Europa en una desventaja estructural. Por ello, Bruselas ha propuesto medidas centradas en la electrificación, el almacenamiento coordinado de petróleo y gas, ayudas estatales específicas y ayudas a corto plazo para reducir las facturas de los hogares y la industria.

El «momento Ucrania» de Asia

Esta es la segunda crisis energética mundial en cuatro años. La invasión rusa de Ucrania llevó a Europa a reducir su dependencia de los gasoductos rusos. Ember sostiene que, la guerra de Irán podría desempeñar un papel similar para Asia.

Según Walter, este es «el momento Ucrania de Asia». La energía solar y eólica, las baterías y los vehículos eléctricos son mucho más baratos y están más disponibles que en 2022, lo que hace que sea más fácil abandonar los combustibles fósiles.

Hay indicios de un impulso hacia la energía verde. Los nuevos datos muestranEnlace externo que todo el crecimiento de la demanda mundial de electricidad del año pasado se cubrió con energías renovables, mientras que, por primera vez desde 2020, disminuyó la generación de energía a partir de combustibles fósiles. Las instalaciones récord de energía solar y eólica, junto con la caída de los precios de las baterías, están disipando las preocupaciones sobre la fiabilidad y la escala de las energías renovables.

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Los elevados precios de los combustibles también están condicionando el comportamiento de la población. El Financial Times informaEnlace externo de un creciente interés por los vehículos eléctricos y los paneles solares domésticos, mientras que los inversores han estado canalizando dinero hacia acciones de energía limpia, especialmente en China, apostando por que la crisis del petróleo acelere la demanda.

No obstante, existen riesgos. Tras la invasión rusa de Ucrania, la subida de los precios de la energía avivó la inflación y obligó a los bancos centrales a subir los tipos de interés. Esto ha frenado la inversión en energías limpias. Un ciclo similar podría complicar la transición.

¿La crisis como catalizador?

¿Acabará la guerra de Irán por acelerar la transición energética mundial? Las opiniones al respecto son muy divergentes.

Andreas Sieber, responsable de estrategia política del grupo ecologista 350.orgEnlace externo, sostiene que el cambio ya está en marcha. «Los últimos datos muestran que la transición se está acelerando silenciosamente, incluso en medio de la crisis», ha reconocido a Swissinfo.

En el otro lado están quienes instan a la cautela, aunque ven en la crisis actual una oportunidad. «El progreso duradero en la transición energética depende de marcos políticos creíbles y a largo plazo, más que de picos de precios temporales», señala Massimo Filippini, profesor de Economía Pública y Energética en el Instituto Federal de Tecnología ETH de Zúrich y en la Università della Svizzera Italiana. Antes de invertir en eficiencia, electrificación o energías renovables, los hogares y las empresas tienden a esperar a que se estabilicen los mercados. Según él, un progreso duradero requiere señales predecibles a largo plazo, como un impuesto global sobre el carbono, respaldado por medidas complementarias.

El conflicto, no obstante, está reconfigurando el debate. Ahora, muchos gobiernos consideran la electrificación y las energías renovables nacionales como prioridades de seguridad nacional, y no solo como herramientas climáticas. Así que la volatilidad del precio del petróleo está empujando a los responsables políticos a apoyarse más en ese argumento.

La transición energética hasta ahora se ha planteado como una responsabilidad climática, sobre todo. Una perspectiva esencial, pero incompleta, según explica Filippini a Swissinfo. «También tiene que ver con la seguridad y la resiliencia: una mayor producción de energía nacional y renovable implica una menor exposición a las crisis geopolíticas, una menor vulnerabilidad a la volatilidad del precio de los combustibles fósiles, economías más fuertes y resilientes, y una mejor calidad del aire». Unas señales claras a largo plazo podrían impulsar a los hogares y a las empresas a cambiar su comportamiento, dice.

Vance CulbertEnlace externo, asesor sénior de política energética del Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible (IISD, por sus siglas en  inglés), con sede en Ginebra, también observa un cambio de prioridades, a pesar de contratiempos a corto plazo como el retorno al carbón. La seguridad y la soberanía energéticas se están convirtiendo en elementos centrales de las decisiones políticas, reconoce a Swissinfo, lo que obliga a los gobiernos a favorecer opciones más baratas —a menudo las energías renovables— y a replantearse las costosas subvenciones a los combustibles importados. «Se trata de un cambio global de percepción», argumenta Culbert, uno que, en última instancia, podría reforzar la transición para abandonar los combustibles fósiles, aunque el camino siga siendo desigual.

Editado por Gabe Bullard/Veronica De Vore. Adaptado del inglés por Lupe Calvo. Versión en español revisada por Carla Wolff.

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