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Cómo logró Suiza asegurarse un acceso rápido a las vacunas contra la COVID-19

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Suiza firmó contratos para conseguir un acceso rápido a las vacunas al comienzo de la pandemia. Keystone-SDA

La esperada publicación de los contratos entre el Gobierno de Suiza y los fabricantes de vacunas ha revelado hasta dónde estuvo dispuesto a llegar el país para lograr un acceso rápido a las vacunas contra la COVID-19.

El Gobierno de Suiza publicó recientemente, por primera vez, los contratos originalesEnlace externo firmados con Moderna y Novavax, dos fabricantes de vacunas contra la COVID-19. Esta medida se tomó en respuesta a una sentencia judicial de febrero que obligaba al Gobierno a publicar los contratos en virtud de la Ley de Libertad de Información, tras una batalla legal de dos años.

Este paso supuso una importante victoria en materia de transparencia, tras el descontento generalizado de la clase política y la prensa por la negativa de la Oficina Federal de Salud Pública de Suiza (FOPH, por sus siglas en inglés) a publicarlos. Si bien la FOPH alegaba que la divulgación dificultaría las futuras negociaciones de vacunas del país, la Justicia no halló pruebas de que la publicación de los contratos pudiera perjudicar los intereses nacionales.

«Por fin termina el secretismo de la FOPH», afirmó Otto Hostettler, editor y reportero de BeobachterEnlace externo y demandante en el caso contra el Gobierno. Estos documentos figuran entre los primeros contratos del mundo en ser publicados sin restricciones, revelando así los precios y condiciones en los que Suiza, y probablemente otros países desarrollados, estuvieron dispuestos a aceptar para conseguir un acceso rápido a las vacunas contra la COVID-19.

En 2022 se publicaron otros contratos firmados por Suiza con los fabricantes Pfizer, Janssen, AstraZeneca y CureVac, aunque gran parte de su contenido estaba censurado, incluidos los precios. Estos documentos han quedado fuera del alcance de la sentencia de febrero.

¿A qué precio, cuántas y con qué riesgo?

Según los contratos, Suiza pagó alrededor de 1.000 millones de dólares (unos 920 millones de francos suizos en 2021) por las vacunas contra la COVID-19 de Moderna y Novavax. La mayor parte de esta cantidad, 980 millones de dólares, se pagó a Moderna a un precio de entre 32 y 35 dólares por dosis y 40 dólares por jeringa precargada. Las vacunas de Novavax, reservadas por el Gobierno Federal en diciembre de 2021 (más de un año después que las de Moderna), fueron más económicas. En este caso, cada dosis costó 22 dólares y el presupuesto alcanzó la cantidad total de 22 millones de dólares por un millón de dosis.

No es fácil comparar estos precios con el resto del mundo, ya que los contratos con otros países se han publicado sólo parcialmente. Según Hostettler, el Gobierno de Alemania pagó 32 dólares por cada dosis de Moderna, mientras que otros países europeos pagaron algo menos por la misma vacuna, y Estados Unidos pagó casi la mitad. Los documentos de Moderna señalan que el precio que ofrecieron a la FOPH era «igual de ventajoso que el precio» que ofrecieron a otros países que firmaron acuerdos con Moderna en el verano de 2020.

Suiza encargó las primeras 4,5 millones de dosis de la vacuna a Moderna el 5 de agosto de 2020, casi 6 meses antes de recibir la aprobación de la autoridad de regulación de vacunas del país. Además, Suiza estaba dispuesta a hacer un pago sustancioso por adelantado para entrar en la lista de «suministro prioritario», lo que la situó en los primeros puestos de la cola junto a un grupo de países, sin contar a Estados Unidos, que habían firmado contratos con antelación.

Al acabar la pandemia, Suiza había comprado 31 millones de dosis de las entonces novedosas vacunas de ARNm. En total, el país encargó 61 millones de dosis de seis fabricantes de vacunas diferentes para una población de nueve millones de habitantes. Esta cantidad superó con creces las dosis que acabaron usando, ya que sólo se administraron unos 17 millones de vacunas en Suiza, mientras que se donaron ocho millones a otros países.

El contrato revela que Moderna prohibió a Suiza revender o enviar vacunas al extranjero. Una comisión parlamentaria descubrió que el país destruyó 18,6 millones de dosis que habían caducado, lo que significa que alrededor del 60% de las vacunas nunca llegaron a usarse ni dentro ni fuera de sus fronteras.

Suiza también aceptó limitar la responsabilidad de los fabricantes en caso de efectos adversos. Los contratos señalan que Moderna sólo sería responsable por daños intencionados, negligencia o defectos de producción. El Gobierno sería por tanto responsable de cualquier otra reclamación por daños, sobre todo por aquellos producidos por efectos secundarios poco comunes.

«No es algo raro, pero es bastante excepcional a este nivel. Con las vacunas tradicionales, el fabricante asume mucha más responsabilidad», explicaEnlace externo Sven Zaugg, editor comercial de la televisión pública de Suiza SRF. No obstante, durante una pandemia las reglas cambian mucho de un país a otro.

Anne Lévy, directora de la Oficina Federal de Salud, defendió la estrategia de abastecimiento de vacunas en una entrevistaEnlace externo con el periódico SonntagsBlick. En ella afirmó que «al comienzo de la pandemia, todos peleaban por las vacunas. No estaba claro qué empresa tenía las mejores; imaginen si hubiéramos apostado por el producto equivocado o pedido pocas dosis». Añadió también que, al ser una nación pequeña, Suiza corría el riesgo de quedarse sin nada.

¿Dónde queda la solidaridad?

Es probable que Suiza no haya sido el único país en pactar tales condiciones, pero la falta de transparencia impide saberlo con certeza. En Europa, aún hay procesos legales en curso para conseguir que se publiquen íntegramente los contratos con la Comisión Europea.

No es inusual ni descabellado que los países ricos paguen más por los medicamentos. Sin embargo, especialistas en equidad en salud afirman que la preocupación radica en cómo los países utilizan su riqueza como ventaja para asegurarse un acceso más rápido, sobre todo cuando el suministro es limitado. Muchos países de renta alta encargaron un volumen de vacunas muy superior al tamaño de su población.

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«En vez de tener una respuesta global coherente y cohesionada, la pandemia se ha caracterizado por mostrar un mosaico caótico de respuestas» afirmaba Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud, en un discursoEnlace externo en 2023. «La causa radica en el nacionalismo estrecho. Sólo podemos combatir amenazas comunes con una respuesta común, basada en un compromiso común con la solidaridad y la equidad».

El acuerdo del Gobierno de Suiza con Moderna reconocía que «podrían aplicarse condiciones financieras diferentes para la venta y entrega de la vacuna de Moderna a países en vías de desarrollo», ya sea a través de ONG o la OMS. Sin embargo, muchos países, incluida Suiza, rechazaron durante la pandemia peticiones de esos territorios en desarrollo para que se suspendiera la protección de la propiedad intelectual, lo que habría aumentado los suministros.

En noviembre de 2021, sólo el 3% de la población de los países de renta baja estaba completamente vacunada, frente a más del 60% de los países de renta media-alta o alta. Más de la mitad de las dosis fabricadas en 2021 fueron adquiridas por adelantado por países con rentas altas, a pesar de que sólo representan el 13% de la población mundial.

«Países ricos como Suiza podían asegurarse vacunas porque podían pagar un precio alto. Era lógico que empresas como Moderna los favorecieran», explicó a Swissinfo Gabriela Hertig, especialista en políticas sanitarias de la ONG Public Eye de Suiza. «Los países con rentas bajas tampoco podían aceptar las condiciones de responsabilidad que querían las empresas, lo que dificultó su acceso a las vacunas».

Según afirmó Lévy al periódico SonntagsBlick, la capacidad para asegurar contratos dependía de diferentes factores. Entre ellos se incluía la rapidez del país para cerrar un contrato, la agilidad y facilidad en la entrega y el tamaño del mercado.

Aun siendo un país pequeño, Suiza «consiguió vacunas de calidad de diferentes fabricantes pronto y en las cantidades necesarias, lo que nos permitió controlar la pandemia», afirma Lévy.

Editado por Marc Leutenegger. Adaptado del inglés por Cristina Esteban. Versión en español revisada por Carla Wolff.

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