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Alain Berset presidente “La democracia directa no es una democracia de sondeo”

Alain Berset

Titular del Ministerio del Interior, el socialista friburgués Alain Berset, desde este 1° de enero es el presidente de Suiza.

(Daniel Rihs / 13 Photo)

Alain Berset preside desde este 1º de enero, y por un período de un año, el destino de la Confederación. Con 45 años, este socialista friburgués es el más joven titular de esa función que Suiza haya tenido desde 1934. En entrevista con swissinfo.ch, se expresa - entre otros – sobre de su rol de presidente, su visión de la democracia directa y el espinoso expediente europeo.

swissinfo.ch: Pocos días después de su elección a la presidencia de la Confederación, usted escribió a un fallido candidato a la naturalización en Nyon, en el cantón de Vaud, para expresarle su apoyo. ¿Por qué lo hizo?

Alain Berset: No me puedo imaginar hacer política sin emociones. Vivirla juntos, el respeto mutuo, el intercambio y los contactos humanos son elementos inseparables de la acción política que llevo desde hace 15 años.

Alain Berset en breve

Alain Berset fue elegido en 2011 como miembro del Consejo Federal. El friburgués, de 39 años entonces, se convirtió en uno de los consejeros federales más jóvenes de la historia. Desde entonces dirige el Ministerio del Interior, responsable de los sectores salud, seguro social y cultura.

Nacido en Friburgo en 1972, casado y con tres hijos, estudió Ciencias Políticas y Económicas en la Universidad de Neuchâtel. Luego de trabajar como investigador científico y asesor político, ingresó a la Cámara Alta del Parlamento en 2003 y la presidió en 2009.

El 6 de diciembre de 2017 fue elegido por la Asamblea Federal a la presidencia de la Confederación con 190 de los 210 votos válidos, un resultado caracterizado de “excelente” por los observadores políticos.

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Cuando vi el artículo sobre ese caso, sentí que esa familia estaría angustiada y desalentada. En ningún caso puedo juzgar el procedimiento. No sé lo que sucedió y no es de mi competencia. En cambio, de una manera muy espontánea, quise escribir una pequeña misiva y enviar un mensaje de apoyo a esa persona.

Simplemente quería que la decisión de las autoridades municipales de Nyon no erosionara la motivación de esa persona para continuar el proceso para la naturalización.

swissinfo.ch: La mayoría de los titulares de la función, intentan dar a su presidencia un signo particular. Este no es tu caso. ¿Por qué?

A.B.: No creo en la política que se lleva a cabo con eslóganes. Cuando uno se compromete, es para el conjunto de la sociedad, en interés de todo el país, no para causas particulares. En Suiza, la presidencia es una función que se comparte con otros. Se asume por un año y luego se transfiere a otro miembro del Gobierno. La sensación de continuidad es muy fuerte. Ciertamente hay matices, una forma diferente de decir las cosas, pero uno no se convierte en presidente de la Confederación diciéndose que tiene un año para hacer aceptar sus ideas.

Alain Berset.
(Daniel Rihs / 13 Photo)

swissinfo.ch: En su discurso de toma de posesión declaró que la capacidad de realizar reformas, evolucionar y seguir en movimiento era la clave del éxito helvético. Pero en 2017, la gran reforma de pensiones que usted condujo durante seis años naufragó en las urnas. ¿Significa esto que Suiza se está convirtiendo en un país irreformable?

A.B.: Espero que no, a pesar de que el año pasado sufrimos fracasos en dos reformas muy importantes, a saber, la fiscalidad de las empresas y el seguro de vejez. En el corto plazo, uno podría decirse que las reformas más importantes ya no funcionan. Pero hay que ver eso a largo plazo. Depende de nosotros cultivar esa capacidad de estar en movimiento y reformar el país.

"No creo en la política que se lleva a cabo con eslóganes. Cuando uno se compromete, es para el conjunto de la sociedad, en interés de todo el país"

Fin de la cita

En Suiza, hemos logrado anticipar la mayoría de los principales desarrollos. En el siglo XIX, por ejemplo, Suiza fue el segundo país europeo, después del Reino Unido, en industrializarse. Dos siglos después, todavía cosechamos los frutos de la valentía que prevalecía en ese momento. Hoy, frente a la digitalización y la globalización, nada sería más nefasto que mantenerse atrás mientras el mundo que nos rodea evoluciona rápidamente.

swissinfo.ch: ¿Las herramientas de la democracia directa, incluso si están en la base del sistema político suizo, no son un freno en este mundo que evoluciona muy rápidamente?

A.B.: La democracia directa engendra, efectivamente, desafíos muy importantes en relación con la velocidad con la que se desarrollan las cosas. A veces nos movemos más despacio que en otros países. Pero el hecho de que el mundo cambie rápidamente no significa que tengamos que cuestionar la democracia tal como la conocemos. Durante los últimos 20 a 30 años, hemos tenido bastante éxito en adaptarnos.

La particularidad del sistema político suizo plantea, sin embargo, ciertas exigencias. En primer lugar, un panorama mediático diversificado y de calidad, para que los ciudadanos puedan informarse y forjarse una opinión clara en vista de las votaciones. Pero también una responsabilidad de los partidos políticos en el uso que hacen de los instrumentos de la democracia directa.

Alain Berset.
(Daniel Rihs / 13 Photo)

swissinfo.ch: Con el fracaso de dos importantes proyectos del Gobierno en 2017, ¿asistimos en Suiza al surgimiento de una democracia de protesta, como lo que sucedió con la elección de Donald Trump en Estados Unidos o el Brexit en el Reino Unido?

A.B.: De hecho, hay algunas similitudes. Hoy en día, a veces olvidamos que la democracia directa no es una democracia de sondeo, sino una democracia de decisión. No podemos simplemente enviar una señal o pensar que se responde a una encuesta al deslizar una boleta dentro de las urnas. Votar es un acto serio.

Así, en el pasado reciente ha sucedido que los ciudadanos lamenten su voto después de aceptar ciertas iniciativas populares, reconociendo que no habían considerado todas las consecuencias de su decisión. El voto de protesta puede ser legítimo cuando se opone a una decisión política. En cambio, si el voto de protesta afecta las instituciones o la forma en que opera el país, eso plantea un problema.

"No podemos simplemente enviar una señal o pensar que se responde a una encuesta al deslizar una boleta dentro de las urnas. Votar es un acto serio".

Fin de la cita

swissinfo.ch: ¿Habría que temer, en tales circunstancias, la iniciativa ‘No Billag’, que será sometida a votación el 4 de marzo?

A.B.: Esa iniciativa no me parece una protesta contra las instituciones. Es más bien la consecuencia de las perturbaciones que afectan al sector de los medios desde hace una década.

Por un lado, el surgimiento de Internet y las redes sociales, que ha revolucionado la forma en que se produce y difunde la información. Por otro, la aparición de periódicos gratuitos que ha dado la ilusión, especialmente a la generación más jóvenes, de que la información podría producirse sin costo.

Aun así, ‘No Billag’ es una iniciativa radical porque exige la supresión pura y simple del canon para financiar el servicio público de radiodifusión en un país donde es necesario garantizar la información en cuatro idiomas nacionales. El canon es el precio a pagar por la diversidad mediática en Suiza.

swissinfo.ch: Es probable que los suizos vuelvan a votar el año próximo sobre una iniciativa de la UDC que exige que la Constitución tenga prioridad sobre el derecho internacional. ¿Este proyecto le preocupa?

A.B.: Esa iniciativa podría aislar al país. Por mi parte, estoy convencido de que la historia, la identidad y el éxito de Suiza están estrechamente ligados a su apertura. Nuestro país ha sido desde siempre un lugar de pasaje, de intercambios y encuentros. En Ginebra, por ejemplo, más del 30% de la población no tiene el pasaporte suizo, y esto desde el siglo XV. Un tercio de nuestros trabajos también dependen de intercambios económicos con otros países.

swissinfo.ch: Suiza siempre ha sido considerada el país abanderado de la libertad, la dignidad humana y el Estado de derecho. ¿Podrá continuar defendiendo estos valores en un mundo donde los intereses económicos tienden a ganar cada vez más importancia?

A.B.: Siempre hemos estado muy comprometidos con esos valores y continuaremos haciéndolo. El desarrollo de instituciones internacionales en nuestro país, particularmente en Ginebra, es muy importante en ese sentido. Siempre hemos estado presentes para ayudar, proponer mediaciones o buenos oficios. Ese rol evoluciona, por supuesto, de acuerdo con el mundo que nos rodea, pero sigue siendo muy importante para Suiza.

Alain Berset
(Daniel Rihs / 13 Photo)

swissinfo.ch: Suiza es sede de muchas multinacionales y se ha convertido en el centro del comercio de materias primas en los últimos años. Una iniciativa sobre multinacionales responsables quiere obligar a las empresas suizas a respetar los derechos humanos y el medioambiente en todas partes, pero el Gobierno rechaza esa iniciativa. ¿No es una mala señal enviada al resto del mundo?

A.B.: El Gobierno reconoce la importancia de ese debate y ha tenido en cuenta las preocupaciones de los impulsores de la iniciativa. Aunque comparte su objetivo, estima que la iniciativa presentada no es la herramienta adecuada para dar respuesta. Este es uno de los puntos positivos de la democracia directa: permite poner un problema sobre la mesa, debatirlo y concientizar a la gente sobre el tema.

swissinfo.ch: Después de la Primavera Árabe, Suiza ha bloqueado casi mil millones de francos de dictadores y sus allegados derrocados en Egipto, Libia y Túnez. Pero siete años después, ni un solo franco ha hecho el camino de regreso. ¿Cómo explica tal lentitud a las poblaciones espoleadas por sus dirigentes?

A.B.: Suiza desearía ir mucho más rápido. Pero debe hacerlo con respeto de los procedimientos legales y con la garantía de que ese dinero llegue al lugar correcto. Pero no siempre es fácil saber a quién y en qué condiciones se puede devolver ese dinero. Porque incluso si están bloqueados en Suiza, esos fondos no cambian de propietario hasta que no se prueba su origen ilegal.

swissinfo.ch: Como presidente de la Confederación Suiza, tendrá que conducir el espinoso expediente europeo este año. La búsqueda de una solución con la UE pasa por la negociación de un acuerdo marco institucional que supervise las relaciones bilaterales. ¿Se concluirá un acuerdo semejante en 2018, como lo desea el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker?

A.B.: Hoy no es posible decirlo. Primero fue necesario encontrar una solución interna para implementar la iniciativa contra la inmigración masiva, aceptada por la mayoría ciudadana y los cantones el 9 de febrero de 2014.

El año 2017 fue interesante porque permitió reanudar los intercambios con Bruselas en una serie de campos. Pero desde la visita de Jean-Claude Juncker a Berna en noviembre, que nos había dejado un sentimiento positivo, ha habido varios desarrollos sorprendentes y negativos.

Suiza se encontró primero en la lista gris de paraísos fiscales de la UE. Luego, la limitación a un año en el derecho de acceso de la bolsa suiza a los mercados financieros europeos. Estamos dispuestos a continuar los intercambios, pero la secuencia del mes de diciembre no es favorable y no facilita las cosas. Desde ahora debemos entablar intercambios estrechos para ver sobre qué base de confianza y colaboración podemos continuar.


Traducido del francés por Marcela Águila Rubín

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