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11 de septiembre: un año después…

La primera potencia mundial, vulnerada por un puñado de extremistas. Keystone

Estados Unidos recuerda la afrenta, llora a sus muertos y reafina su maquinaria de guerra.

Suiza, desde su curul en la ONU, deslinda neutralidad y terrorismo mientras algunas de sus empresas sacan cuentas en números rojos.

«Los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos provocaron un impacto que el ya debilitado grupo no logró soportar», declaraba el suizo Mario Corti, a la cabeza de Swissair, 3 semanas después de la tragedia.

El entonces presidente del Grupo Swissair emitía un diagnóstico que se convertiría en epitafio. El SR145 de Swissair, del pasado 2 de abril entre São Paulo y Zúrich, fue un vuelo sin mañana. Al relevo, la historia de un rescate bajo el nombre swiss.

Pero la estocada final a la flamante línea aérea no fue la única reverberación en Suiza del inmenso ‘crash’ que se produjo en el mero corazón de las finanzas (el World Trade Center) y la seguridad (el Pentágono) de Estados Unidos.

Aquel 11 de septiembre del 2001, un puñado de extremistas vulneraba a la nación más poderosa del mundo ante la mirada atónita de millones de telespectadores.

El miedo a salir

Entre el estupor y el miedo, millares de paseantes estadounidenses, y de diversas latitudes, optaron por evitar el transporte aéreo de tan reciente como fatídica memoria.

Suiza sufrió los estragos: en los meses posteriores al ataque, los hoteles helvéticos resintieron la ausencia de un 35% de sus habituales visitantes de la divisa verde, y aunque el paso del tiempo mejoró la situación, hasta junio pasado aún se echaba de menos a una cuarta parte de entre ellos.

Empero, las trepidaciones más violentas de la explosión en el Tío Sam se resintieron en otra área: «Los atentados contra el World Trade Center y el Pentágono son la catástrofe más costosa para los aseguradores», reconoce la empresa helvética Swiss Re, segunda reaseguradora del mundo.

La firma cifra entre 30 y 58 mil millones de dólares los perjuicios. Por primera vez en 130 años, la empresa registró pérdidas al cierre del ejercicio 2001.

Zurich Financial Services también concluyó el año con números rojos. La empresa, entre cuyas tareas se inscriben también los reaseguramientos, acaba de anunciar la supresión de 4,500 empleos para «restaurar la rentabilidad del grupo».

Otros quebrantos

Sin embargo, los costos económicos del atentado en tierra ajena no se limitan a las áreas de seguros, del turismo o del transporte aéreo.

Berna ha invertido fuertes sumas en la instrumentación de dispositivos de seguridad en diversas instalaciones: centrales aéreas, aviones, embajadas. Y de diferentes tipos, incluida la adquisición de medicamentos por cerca de 12 millones de francos, ante el temor de un eventual ataque biológico.

De amor y de dudas

La onda expansiva de la deflagración del 11 de septiembre se desplazó por diversos horizontes y no se limitó al aspecto económico. La consternación y la incredulidad dieron paso a la crítica y a la condena, pero también a otra suerte de lecturas.

Y es que el 11 de septiembre no implica sólo el horror de Nueva York, de Washington o de Pensylvania.

Decir 11 de septiembre es también decir golpe de Estado. Es hablar de 1973, de Chile y del pinochetazo contra Salvador Allende. Tampoco en materia de horrores las tres ciudades estadounidenses tienen la exclusiva. La lista es larga: Afganistán, Irak, Somalia, Granada, Panamá, Haití…

No obstante, con sus más de 3.000 muertos y las imágenes de sus ciudades malheridas, Estados Unidos atrajo una corriente solidaria de diversos países del mundo, incluida la Confederación Helvética.

En su discurso de ingreso a las Naciones Unidas, el presidente suizo estableció claramente que la neutralidad nada tenía qué ver con el terrorismo.

Pero esa simpatía generalizada se muda en recelo y desconfianza a medida que George Bush enfila sus baterías hacia otra guerra. Un 85% de la población helvética se pronunció en contra de la ofensiva que el mandatario estadounidense se empeña en instrumentar contra Sadam Hussein.

El no de los suizos es parte del sentir universal. Sirva esa oposición compartida de dique a nuevos horrores.

Marcela Aguila Rubín

Las cifras oficiales dan cuenta de 3044 víctimas de los ataques en EE UU
19 piratas aéreos se apoderaron de los 4 aviones siniestrados
Entre las personas que perdieron la vida, había ciudadanos de 35 países, incluidas dos suizas
En Suiza, se efectuaron actos de conmemoración no oficiales

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