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El papa Francisco da la bienvenida a un grupo de refugiados sirios tras aterrizar en el aeropuerto romano de Ciampino el 16 de abril de 2016, procedentes de la isla griega de Lesbos

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"Francisco nos ha devuelto la vida", es nuestro "salvador", "estaremos a la altura de esta oportunidad", así agradecían los doce refugiados sirios el gesto del papa al acogerlos en El Vaticano tras su visita a la isla griega de Lesbos.

Las tres familias, musulmanas y en situación regular, que vinieron con Francisco en el avión de Lesbos, pasaron su primera noche en Italia, hospedados por la Comunidad católica de San Egidio, en el barrio romano del Trastevere.

En un gesto desafiante del pontífice hacia Europa, Francisco había reconocido ante la prensa que "es una gota en el mar, pero después de esta gota, el mar no será más el mismo", citando a la madre Teresa, durante el vuelo de regreso de Lesbos.

Francisco, nieto de emigrantes italianos, contó que la idea se la sugirió hace una semana un colaborador y que le dijo "enseguida que sí".

"Había también dos familias cristianas, pero los papeles no estaban listos (...) Para mí, todos los refugiados son hijos de Dios", insistió.

Tras su llegada a Roma, los refugiados sirios agradecieron al papa "la suerte que (les) ha sido dada, con su gesto de esperanza que (los) ha conmovido", informó el diario La Stampa. Si al principio pensaban en ir hasta Alemania o el norte de Europa, ahora se sienten totalmente agradecidos con el papa: "Somos los invitados del papa, nos ha salvado y nos ha devuelto la vida".

"Vimos morir a amigos y parientes bajo los escombros, huimos porque en Siria no teníamos ninguna esperanza", explica Hasan, ingeniero originario de Damasco, acompañado por su mujer, Nour, y su hijo de dos años. "En Lesbos, comprendimos que estábamos bloqueados en un lugar de donde no podríamos irnos, en una trampa, una cárcel", se lamenta, hasta el día de la visita del papa, "nuestro salvador".

"Esperamos que la opinión pública (en Europa) comprenda nuestras razones y que el gesto del papa tendrá sus consecuencias en la política respecto a los refugiados", declaró por su parte Nour al diario Repubblica.

- Gracias por el "don" del papa -

Wafa, junto a su marido, Osama, y sus hijos Masa y Omar, de ocho y seis años, describe los "continuos bombardeos" de estos últimos meses. "Desde entonces, (mi hijo Omar) habla muy poco, ninguna palabra sale de su boca, está encerrado en un silencio impenetrable", cuenta entristecida esta madre. En Lesbos, "los días era largos", pero "Francisco nos ha devuelto la vida", asegura.

Ramy, un profesor de 51 años, explica que huyó de Deir Ezor, una provincia controlada en parte por el grupo yihadista Estado Islámico (EI), con su esposa, Suhila, y sus tres hijos, Rashid y Abdelmajid, de 18 y 16 años, y la pequeña Al Quds, de siete años. Tras la destrucción de su casa, decidieron huir, recuerda. "Estamos agradecidos con el papa, estaremos a la altura de esta oportunidad que nos ha sido dada y del don que nos ha hecho", declara a La Stampa. No sabe sin embargo si su vida tiene que recomenzar en Europa o quizás un día podrán "volver a una Siria sin guerra ni violencia".

Con estas nuevas familias, El Vaticano, que tiene unos 1.000 habitantes, alberga a unos 20 refugiados. Si los 300 millones de europeos hicieran lo mismo, serían acogidos unos 6 millones de refugiados.

A finales del año pasado, el papa invitó a todas las parroquias de Europa a albergar a una familia de refugiados, una petición a la que muchos no respondieron debido a la creciente desconfianza hacia los musulmanes.

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