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El presidente argentino Mauricio Macri (D) ofrece un discurso durante un Foro de Inversiones y Negocios en Buenos Aires, el 15 de septiembre de 2016

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El clásico sudamericano de fútbol entre Argentina y Brasil saltó esta semana a la economía, al lanzarse ambos a captar inversiones, aunque economistas y empresarios lo ven como sana competencia e incluso con beneficios comunes.

En Buenos Aires, el presidente Mauricio Macri tiró la casa por la ventana para organizar un foro al estilo Davos con más de 1.600 hombres de negocios de todo el mundo. El objetivo fue seducirlos con su modelo pro-mercado. "Inviertan, que les damos garantías", fue la frase más escuchada.

En Brasilia, el nuevo gobierno del presidente Michel Temer, tras la destitución de Dilma Rousseff, lanzó un plan de concesiones y privatizaciones en transporte, minería, electricidad, puertos y aeropuertos, entre otros sectores.

A Macri y a Temer más que el amor, los une el espanto, como diría el notable escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986). Los dos necesitan sacar a sus países del pozo en que están hundidos con recesión, caída del consumo y déficit fiscal.

En el mundillo del Foro de Inversiones del monumental Centro Cultural Kirchner (CCK) aún no habían tomado nota del anuncio de Temer. Pero el economista de la consultora Abeceb.com, especializada en la relación argentino- brasileña, Dante Sica, le dijo a la AFP que se van "a disputar los mismos fondos".

"Claramente hay algún aspecto de sana competencia por capturar fondos. Pero también hay complementariedad en la región", reflexiona Sica.

- Mucho ruido -

Mientras en el CCK, líderes de colosos como Coca Cola o Siemens, se deshacían en elogios a la política aperturista de Macri, en Brasilia se tentaba a inversores con el plan "Crecer".

"Vemos con buenos ojos las medidas (de Temer). Van a ser beneficiosas para toda la región. Brasil es nuestro principal socio comercial y tenemos inversiones allí", comenta a la AFP Luis Cagliari, director de la constructora Royal Sudamérica, en uno de los amplios pasillos del CCK.

Los argentinos les dijeron a popes de las multinacionales que esperan inversiones por más de 30.000 millones de dólares.

Pero el 'Mini Davos' argentino fue mucho ruido y pocas nueces. La Pan American Silver prometió 1.000 millones de dólares para explotar un yacimiento de plata en el sur. La alemana Siemens imagina desembolsar 5.000 millones de euros hasta 2020. Y no hubo muchos números más. La frase más escuchada fue "hay que esperar y ver".

La economía está en la congeladora y el consumo cayó en promedio 14%, según patronales del comercio. Los salarios ascienden por la escalera, hasta un 35%, y la inflación anual sube por el ascensor al 43% anual, según el Banco Central.

La economía se enfrió tras devaluar Macri el 30% en diciembre. Hay tensión sindical. Las centrales obreras conservan un poder poco común en el mundo de hoy y preparan para octubre una huelga general. No es buena noticia para los inversores.

- El mundo mira -

Pero hay empresarios que celebran con vino espumante los relanzamientos en Argentina y Brasil, tras pasar a la historia más de una década con gobiernos de centroizquierda. Dijo a la AFP Julián Rooney, empresario de la Cámara de Comercio argentino-británica: "Me toma de sorpresa con ese comentario (plan Temer). Pero es evidente que toda la región está empeñada en buscar inversiones".

"Las inversiones son la fuente de generación de desarrollo. No son las políticas populistas como las de Venezuela las que atraen inversiones sino las que aseguran reglas de juego", analiza Rooney.

Otro empresario que aún no había escuchado del plan Temer fue Tomas Hess, del gigante Exxon Movil. "No estoy en el tema (del anuncio brasileño), pero si puedo decirle que el Foro (argentino) es muy importante para atraer inversiones, es un esfuerzo muy importante", afirma a la AFP.

A Sica le parece que hay un buen clima de inversiones: "El mundo tiene una liquidez excedente y está mirando mucho a América Latina. Argentina y Brasil siguen siendo focos principales de atención".

Por ahora, lo único seguro es que la economía brasileña volverá a desplomarse este año, tal vez otro 3,8% como en 2015 y la de Argentina un 1,5%. Se terminó la era de crecimiento "a tasas chinas".

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